
- El mentón y el cuello forman un ángulo de 90° - El blog de María León
"La primera impresión es la que cuenta" era el slogan de un desodorante masculino a mediados de los 80 en la Argentina. Fue un rotundo éxito publicitario por varios factores, pero sobre todo por la sentencia que transmite: la imagen que dimos la primera vez es determinante para la idea que los demás se formarán de nosotros en el futuro.
Y hay ocasiones importantes como, por ejemplo, una entrevista laboral, en las que no habrá una segunda impresión para revertir la primera. A continuación, una serie de recomendaciones sobre cómo utilizar el cuerpo para comunicar el mensaje no verbal que realmente queremos transmitir.
La actitud corporal
Está determinada por la postura -tanto al pararse, como al caminar o al sentarse- y por la forma de moverse -ademanes, gestos, desplazamientos-. Si tenemos una actitud corporal positiva, no sólo será nuestra "tarjeta de presentación", sino que nos infundirá confianza a nosotros mismos, sintiendo seguridad y elevando la autoestima. Los colores y tipo de ropa que utilizamos también influyen en el mensaje corporal.
La postura correcta
Al estar de pie, el secreto está en repartir el peso del cuerpo entre el dedo gordo y el chiquito, formando un triángulo de apoyo con el centro del talón. Sostener muy suavemente abdominales y glúteos para lograr una postura erguida. Las piernas deben lucir relajadas, para ello no se debe sobreestirar las rodillas, pues da un aspecto desaliñado y tenso.
Al sentarse, apoyar la cintura en el respaldo, dejar que los hombros caigan naturalmente a los lados y que la espalda se ensanche lo más posible. Evitar recostarse sobre la cintura, pues encorva la columna. Dentro de lo posible, las rodillas deben estar un poco más arriba de la altura de la ingle. Para ello, lo mejor es cruzarse de piernas. Si se quiere dar un efecto óptico de piernas más largas, la clave es cruzarlas hacia un costado.
Lo ideal es hacer todo ésto frente a un espejo, para así poder corregir todo lo que sea necesario y practicarlo hasta incorporarlo como un hábito.
La forma de caminar y moverse
Para manifestar seguridad, hay que cuidarse de no balancearse de un lado al otro, pues transmite inestabilidad. Tampoco adelantar el tronco, pues da la sensación de ansiedad o de confrontar el espacio del otro. Es muy útil imaginarse un eje vertical que atraviesa el cuerpo, desde la cabeza hasta la planta del pie.
Para caminar correctamente, se debe mantener la cabeza derecha. Esto es cuando el mentón forma un ángulo de 90° con el cuello. Hay que evitar proyectar el mentón en punta hacia adelante, pues da una apariencia desafiante y altanera, lo cual genera rechazo en los demás.
Para pisar bien, el pie debe apoyar primero el talón, luego el metatarso y por último los dedos. La pierna se mueve desde la articulación coxo-femoral, o sea, desde las caderas, no desde las rodillas.
Los pies deben caminar paralelos, no se deben cruzar caminando sobre una línea imaginaria, como comúnmente se cree. Según cuenta una experta en imagen personal, eso se puso de moda a partir de que una renombrada top model de los 90 comenzó a caminar así en las pasarelas internacionales como un truco para disimular que tenía las piernas chuecas.
La mirada
Este recurso tiene dos factores a tener en cuenta: la duración y la zona de la cara a la que se dirige. Se debe procurar el sostener la mirada para transmitir verdadero interés en la conversación, pero sin abrir exageradamente los ojos, lo cual genera incomodidad en el otro.
Para generar franqueza de expresión, establecer una comunicación directa y auténtica, hay que mirar a los ojos al interlocutor. Si mira otras partes de su rostro mientras habla, parecerá que lo está examinando.
Por último, evite bajar la mirada -pues es decodificado como temor, vergüenza o pesimismo- y procure no revolear los ojos, pues transmite la impresión de que se está inventando lo que se dice, que está dudando de algo, que no le interesa de lo que se está hablando o incluso que se siente incómodo o fastidiado por su interlocutor.
