Manuel Delgado Villegas nació en Sevilla, 25 de enero de 1943. Su padre se dedicaba a vender arrope, un dulce típico elaborado a base de mosto y frutas, de ahí su alias. Su madre falleció en el parto cuando él nació y por este motivo él y su hermana se mudaron a Mataró a vivir con su abuela.

En su adolescencia, el Arropiero ejerció la prostitución con hombres y llegó a ser conocido en el barrio chino de Barcelona, nunca aprendió a leer ni a escribir, por este motivo sus limitaciones le llevaron a ejercer cualquier tipo de profesión. No obstante, Delgado Villegas siempre dijo ser heterosexual, de hecho tuvo innumerables parejas femeninas y un notable éxito entre las mujeres.

La novia del Arropiero

A principios de los años setenta, el Arropiero entabla amistad con Antonia Rodríguez Relinque, más conocida como "Toñi". Antonia es una joven exuberante que sin embargo padece un leve retraso mental, aunque a simple vista no lo aparenta. Toñi ejercía la prostitución con algunos camioneros de la zona, por este motivo nadie se extrañó cuando en enero de 1971 se denunció su desaparición. Delgado Villegas fue detenido simplemente para ser interrogado sobre la desaparición de su novia, pero para sorpresa de la policía confesó el crimen, él había estrangulado a Toñi mientras mantenía relaciones sexuales con ella.

El Arropiero acompañó a los Agentes al lugar donde estaba enterrada Antonia. Tras estrangularla, escondió su cuerpo tras unos matorrales y regresó en repetidas ocasiones para violar su cadáver. Según su propio testimonio, "Si practicaba el sexo con ella en vida, por qué no iba a hacerlo después de muerta, estaba tan guapa como siempre".

En una entrevista realizada a Manuel Delgado Villegas en el Hospital Psiquiátrico de Fontcalent (Alicante), treinta y dos años después del suceso, recordó a Toñi como la mujer más importante de su vida, se arrepentía de haberla matado, decía "Era guapa, morena, me desperté y estaba muerta".

Cuarenta y ocho asesinatos

Tras confesar el asesinato de su novia, el Arropiero, declaró cubriéndose de gloria, que había asesinado a cuarenta y siete personas más. Finalmente, consiguieron verificarse veintidós crímenes de los que solo se demostraron siete. La mayoría de ellos incluían la práctica de la necrofilia.

Manuel Delgado Villegas siempre fue considerado un enfermo mental y como tal nunca fue juzgado. En 1978, la Audiencia Nacional ordenó su internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario.

El síndrome del "superhombre"

El Arropiero padecía un transtorno genético denominado síndrome de XYY o síndrome del superhombre, ya que contaba con un cromosoma Y extra. Los sujetos con un cromosoma Y adicional suelen presentar unos niveles extremos de agresividad, como era el caso de Delgado Villegas.

El Arropiero se denominaba a sí mismo el "supermacho"" debido a su alteración genética y a su múltiple sexualidad. El psiquiatra forense José Antonio García Andrade, rebatió la teoría del asesino en serie diciendo, "Un necrófilo nunca puede ser un supermacho, tiende más bien a la impotencia".

En otra ocasión, durante un interrogatorio, un Agente increpó al Arropiero asegurándole que un mexicano había cometido más crímenes que él, Delgado Villegas respondió, "Denme 24 horas y les aseguro que un miserable mexicano no va a ser mejor asesino que un español".

Durante sus casi cuarenta años de internamiento, el Arropiero solo tuvo un amigo, otro asesino en serie, José Antonio García Vega, más conocido como "El Mataviejas". Delgado Villegas llegó a decirle públicamente a García Vega "Tú solo matas a pobres viejas, aprende de mí, yo mato a todo el mundo".

El Arropiero fue puesto en libertad en 1998, y falleció a los pocos meses a causa de un cáncer de pulmón provocado por un exceso de consumo de tabaco, llegando a fumar hasta diez paquetes al día.

Su historia fue llevada al cine por el director catalán Carles Balagué en 2009, a través del documental, Arropiero, el vagabundo de la muerte.