Aproximadamente el 80% de las personas afectadas por ascitis presentan también una cirrosis hepática subyacente. Dentro de las hepatopatías crónicas evolucionadas, la ascitis se presenta como una de las descompensaciones mayores que se dan con más frecuencia. Se calcula que la mitad de los pacientes con cirrosis compensada terminarán por desarrollar una ascitis en el plazo de unos 10 años, y a su vez, la mitad de los afectados no tendrán una expectativa de vida superior a los 2 años.

Alrededor de un 10% de todos los casos de ascitis tiene como causa subyacente un cáncer. Cuando esto es así recibe el nombre de ascitis maligna. La relación con el cáncer aparece en pacientes con cánceres de colon, ovario, tórax, endometrio, páncreas o en el aparato gastrointestinal. Todos estos tipos de cáncer tienen la particularidad de hacer posible que el líquido se acumule en el cuerpo.

Causas de la ascitis

Una de las causas más comunes que se asocia con la ascitis es la enfermedad hepática severa, que, a su vez, viene dada por niveles bajos de albúmina y presión alta en los vasos sanguíneos; es lo que se conoce como hipertensión portal.

Pero existen otros trastornos relacionados con la ascitis, entre los que cabe destacar:

  • Cirrosis.
  • Trombosis de la vena porta.
  • Insuficiencia cardíaca congestiva.
  • Hepatitis.
  • Pericarditis constrictiva.
  • Síndrome nefrótico.
  • Pancreatitis.
  • Enteropatía perdedora de proteínas.
  • Cáncer de colon, ovario, páncreas, hepático o endometrial.

Síntomas de la ascitis

Una de las manifestaciones más habituales de la ascitis es la distensión abdominal, que puede ir acompañada de acidez estomacal, indigestión, dificultades respiratorias y dolor en la espalda, aunque hay que decir que el dolor no suele constituir uno de los síntomas comunes, más allá de ciertas molestias de carácter impreciso. En algunos casos puede presentarse un edema; que se traduce en los tobillos hinchados debido al exceso de líquido sobre los vasos inguinales.

Diagnóstico de la ascitis

En los exámenes físicos el paciente presenta muchas veces ictericia y un claro deterioro muscular. Se observa un abdomen distendido y venas abdominales prominentes.

La matidez desplazable (percusión que puede ayudar a diferenciar si la distensión es por acumulación de gas –meteorismo– o líquido en el peritoneo –ascitis–) en los flancos puede considerarse como uno de los primeros signos de la ascitis.

La tensión abdominal puede provocar la protusión de las hernias umbilicales (ruptura de las fibras del disco invertebral).

Las radiografías simples pueden mostrar hepatoesplenomegalia, y las de tórax, derrames pleurales. Las ecografías resultan muy útiles debido a su capacidad para detectar pequeñas cantidades de líquido. La paracentesis, o punción abdominal diagnóstica, sirve para confirmar la presencia de ascitis.

Tratamiento de la ascitis

Siempre que sea posible se tratarán aquellas causas que han originado la ascitis. En general, el tratamiento incluirá diuréticos para ayudar a eliminar la acumulación de líquidos, antibióticos cuando haya en curso alguna infección, reducción de la ingesta de sal y la abstención de tomar bebidas alcohólicas.

Cuando la ascitis no responde a los procedimientos habituales se pueden implementar otros tratamientos. Entre ellos está la colocación de una sonda para extraer volúmenes importantes de líquido o la derivación portosistémica intrahepática transyugular, que ayuda a redireccionar la sangre alrededor del hígado.

Si la ascitis no responde a ningún tratamiento y acaba derivando en una enfermedad hepática terminal, entonces se hará necesario un trasplante de hígado.

Hay que decir, a modo de conclusión, que el pronóstico de esta enfermedad no es demasiado optimista, aunque siempre dependerá del estado funcional del hígado. En este sentido, y como es lógico, cuanto más avanzada esté la afección, peor será el pronóstico.

Entre las complicaciones que se observan con más frecuencia está la peritonitis bacteriana espontánea; una enfermedad en la que se produce una infección del líquido ascítico y que, en ocasiones, puede resultar mortal. Otras complicaciones que pueden darse son la insuficiencia renal, la pérdida de peso y la desnutrición asociada a las proteínas. En algunos casos también se pueden observar cierta confusión mental, cambios en los niveles de lucidez o, en el peor de los casos, un estado de coma.

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