En Lebu, localidad de la provincia de Arauco, Región del Biobío, se desarrolla un bello trabajo manual que vale la pena conocer, no solamente por su atractivo, sino porque, lamentablemente, parece en retirada pues cada vez son menos los artesanos que lo desarrollan. Se trata de pequeñas alfombras tejidas a telar, cuyo colorido proviene del teñido hecho con una técnica denominada reserva de urdimbre, gracias a la que obtienen tonos contrastados.

Chol-Chol y sus tejedoras con herencia mapuche

Manejando con maestría el telar y las técnicas de tejido que preserva el pueblo mapuche, las tejedoras de Chol-Chol son algunas de las artesanas más destacadas de la Región de la Araucanía. Sus trabajos tienen el encanto de lo rústico: comienzan su labor lavando la lana con agua caliente para continuar aplicando agua fría en el enjuague. Tras secar en una superficie plana, ya sea al aire libre o cerca de un fogón, escarmenan el material y lo hilan con un huso, máquina artesanal que en la zona llaman rueca.

Forman hebras de diferentes grosores y, con ellas, madejas que luego lavan con jabón para asegurarse de que queden bien limpias. Si requieren color para sus labores, las tejedoras obtienen la tintura después de hervir el agua donde sumergen tallos, raíces u hojas.

El telar que emplean se ubica inclinado, pudiendo usarse apoyado en una pared mientras cada tejedora permanece sentada. Hebra a hebra, se forman bellos diseños en los que se cuentan formas geométricas, plantas usadas con fines medicinales y una cruz simétrica que simboliza el mundo desde la cosmovisión de la cultura mapuche. También es posible observar cadenas (símbolo de unión entre comunidades), una especie de garfio (representación de una serpiente antigua), formas de pequeñas tinajas o jarrones, estrellas y símbolos del cielo, entre otros.

Textiles en Chiloé

La tradición del tejido en el archipiélago de Chiloé data de tiempos precolombinos y así lo evidencian crónicas españolas del siglo XVI, documentos donde hay referencia a la vestimenta del pueblo originario de la zona: prendas de tejido tosco y abrigador.

Hoy en día, el trabajo textil es una labor artesanal que realizan, esencialmente, las mujeres del archipiélago. Usan lana de oveja y un telar local que se acciona mientras el tejedor está arrodillado en el suelo. Así, las tejedoras chilotas confeccionan tapices y tapetes decorados con formas de rosas, animales y figuras geométricas, entre otros diseños.

También tejen mantas y frazadas de tres cañas, todo lo cual se ofrece a la venta en las ferias artesanales de la Isla Grande de Chiloé. En estos puntos, también se ofrecen tejidos de lana natural confeccionados a palillo: chombas (chalecos cerrados), guantes, bufandas, gorros e, incluso, muñecos.

A su vez, en en las localidades chilotas de Dalcahue, Curaco de Vélez, Achao y Puqueldón, se teje con la técnica de brocado; ésta se usa para confeccionar frazadas tejidas con diseño damero y colores blanco y negro.

Para dar color a sus obras con productos vegetales, las tejedoras usan la misma técnica señalada anteriormente y también elementos minerales y artificiales. Es así como, en la actualidad, además de tonos naturales, las tejedoras suelen incluir colores más vivos.

Alfombras en Puyuhuapi

En tierras patagónicas, las hábiles artesanas de Puyuhuapi elaboran alfombras de lana pura de oveja, traspasando su saber generación tras generación. Es una tradición nacida a partir de influencia de colonos alemanes y presente en la zona desde la década de 1940.

La fibra ocupada se anuda a mano para luego ser tejida en un telar manual rústico y vertical acondicionado para fabricar las alfombras. Éstas se almidonan con cola soluble al agua y, para que tengan color, se emplean sustancias químicas capaces de entregar un color que no se destiñe cuando el producto se expone a la luz y a los lavados.