En la época de Artemidoro, el siglo II, en ciudades de Grecia y Asia se interpretaban los sueños a la salida de los templos y allí captaban a los fieles que pagaban por monedas la versión de los más sabios o los más charlatanes, ya que era un oficio que se prestaba -como hoy - al engaño y la ingenuidad de muchas personas.

Además de esto, existían templos como el de Asclepios donde se hacía purificar a los enfermos (asearse) en fuentes de agua limpia y descansar hasta que tuviera sueños y luego se los interpretaba para verificar la curación. Los dioses a veces daban la salud con indicaciones terapéuticas naturales y a veces, la tumba. Y según Artemidoro, eran bastante certeros. Cabe agregar que este intérprete de sueños era muy dedicado en su oficio y se oponía a la simple charlatanería.

Otros estados psíquicos

Es de recordar que las pitonisas de Delfos y otros centros místicos recurrían a los estados alterados para predecir el futuro o las acciones terrenas de muchos ciudadanos, es decir, que dichos estados psíquicos emparentados con el sueño anunciaban un recurso que pasaba por el misterio de la psiquis el cual todavía no se ha resuelto hoy día, a pesar de los avances de la ciencia y la tecnología.

Mujeres en su mayoría, vivían alojadas en cuevas y la ciencia descubrió que aspiraban un gas que se filtraba de la tierra en ocasiones, lo cual les provocaba videncias, pero no es raro que masticaran hojas de laurel u otras hierbas alucinógenas, según comenta Robert Graves en su libro "Los mitos griegos".

Teoría y práctica de un oficio ancestral

La técnica de Artemidoro era leer cuanto se había publicado sobre la interpretación de los sueños y nadie sabe a qué libros tuvo acceso en su época, aunque menciona varios, ya que existían diversos autores muy antiguos y de varios lugares de la tierra a los que tuvo acceso y que hoy no existen por el paso de los milenios.

Además, con una actitud científica, anotaba los sueños y los resultados, es decir, hacía su propia estadística para conocer los símbolos e imágenes que se le transmitía. Se jactaba de haber leído todo lo existente y de conocer en forma completa todo lo referido a la interpretación de los sueños.

Su obra (Onirocrítica o Interpretación de los sueños), que ha llegado hasta nuestra época, ha sido importante, aunque ha generado los manuales de sueños que todavía circulan y se multiplican de una manera más comercial que precisa, ya que los símbolos oníricos tienen un carácter individual a pesar de su posible universalidad.

El mundo divino y la sexualidad

De esta manera, puede comprenderse que los sueños eran una parte importante de la persona de aquella época, siendo una conexión con el mundo divino en el cual creía y que le servía de apoyo para las actividades mundanas, a veces duras y difíciles.

Freud mencionó en su libro “La interpretación de los sueños” a Artemidoro de Daldis, pero no demasiado, aunque el griego había tomado temas como el sexual en los ensueños, cosa que el vienés coloca en la base del psicoanálisis de los sueños. Se le denomina “precientífico”, aunque era concienzudo en su raro oficio de intérprete, pues tomaba notas, sacaba conclusiones y usaba un método de observación y práctica determinados por su experiencia.

Sueños comunes y sueños de visión

En cuanto a sus preferencias, catalogaba solamente los sueños de visión, ya que los comunes no eran mensajes divinos y por lo tanto, estaban alejados del porvenir o de los designios del destino. Puede verse así, que había en esta elección una inversión con respecto a lo actual, donde hoy los sueños comunes son los que hacen la vida de nuestra realidad y ese giro a través del tiempo se debe a la invención del concepto “hombre” por parte de la lenta acumulación de la filosofía y la tecnología que desembocan en el siglo XX.

Sin embargo, los sueños de carácter místico abundan entre los corrientes y tienen una carga muy potente, ya que la sensibilidad de las personas se ha acrecentado y se manifiesta continuamente en profecías oscuras o dictámenes a veces mal interpretados. Otras veces son sentencias poderosas que alteran y excitan a las personas creyentes negativamente o con una esperanza ilusoria.