En el artículo titulado "Children’s Art of the Holocaust" ("Past and Present", 1998), Nicholas Stargardt -docente de Historia Moderna en la Universidad de Oxford- analiza el arte infantil desarrollado en orfanatos de Theresienstadt durante clases de dibujo impartidas por Friedl Dicker-Brandeis.

El propósito del artículo es determinar si el arte producido por niños durante el Holocausto puede ser empleado como fuente histórica. Con este fin, el autor aborda distintas problemáticas respecto al arte infantil y su interpretación histórica, y analiza un grupo de 600 ilustraciones, de las 4.000 recuperadas durante la liberación del campo de concentración Nazi, ubicado en territorio de la actual República Checa.

Fuentes y problemáticas

El primer problema al trabajar con las ilustraciones proviene de su estado conmemorativo como "Arte del Holocausto". Otra problemática se presenta al interpretar este arte infantil históricamente, ya que se carece de precedentes metodológicos claros.

Stargardt halla características que hacen único al material de Theresienstadt, incluyendo factores como recursos, actividades, rutinas, modelos, valores, relaciones, atmósfera cultural e intelectual, y se focaliza a su vez en dos de los temas más importantes de la vida en el gueto, el alimento y la colectividad.

La comida constituye el factor principal en la adaptación física y en la supervivencia, tanto para los niños como para los adultos, por lo que aparece como objeto primordial de fascinación en las ilustraciones.

Por otra parte, éstas ponen énfasis en la colectividad y el grupo, y presentan a los orfanatos como una experiencia positiva, sin dejar de mostrar el contraste con el hogar y la vida familiar a la que los niños pertenecían con anterioridad a la deportación.

Tendencias en la historiografía infantil

Uno de los problemas más complejos en el análisis de las ilustraciones, se presenta al relacionar la experiencia física y la respuesta emocional en los niños de Theresienstadt, con la aparente ausencia de emociones fuertes y la incapacidad de reflejar la violencia cotidiana de la vida en el gueto, considerando el contexto en el que hicieron sus dibujos y lo que estos niños sufrieron al ser deportados.

El análisis de las ilustraciones y de su significado en dicho contexto implica pensar en los niños como sujetos históricos, aunque esto contradiga en gran medida los principios de la historiografía de la infancia, la cual ha tendido a concentrarse en los cambios de actitud hacia los niños, tanto por escritores de libros de consulta, como por padres, expertos médicos y por el Estado.

Las relaciones de género

De la observación de las ilustraciones desde una perspectiva de género, Stargardt considera irrelevante buscar el motivo de la ausencia de emociones fuertes ya sea en el trauma o en las estrategias de enseñanza en las clases de arte.

No puede concluirse que existiera una relación entre la división por sexo en las barracas y el surgimiento de un compromiso de género con el mundo adulto, ya que si bien los niños y las niñas se inclinaron a representar diferentes temas (los primeros hacia la violencia, la muerte, las máquinas, mientras que ellas dibujaron principalmente escenas hogareñas y agradables vinculadas con el pasado), ambos géneros lucharon por igual para integrar la vida anterior al gueto con la que vivían luego de la deportación.

Lo que sucedería con ellos sería una búsqueda de consuelo, de comodidad en los temas elegidos, marcando a su vez la diferencia entre la seguridad percibida en el hogar y la inseguridad del mundo del gueto, apenas vislumbrando aquellos objetos de temor y amenaza, y revelando niveles de ansiedad y confusión que no tuvieron la intención de traslucir.

El traslado de las experiencias infantiles al lenguaje adulto

Deben tenerse en cuenta ciertas consideraciones sobre la recolección de testimonios de la subjetividad infantil, ya sean memorias autobiográficas o la transmisión oral de hechos recientes.

El objetivo de trasladar la experiencia de los niños al lenguaje de los adultos ha sido alcanzado, aunque también se erija una barrera vinculada tanto con la tendencia de la memoria a imponer sus propias estructuras narrativas, que pueden diferir con las del momento en cuestión, como con problemas históricos propios del período.

En este caso, los historiadores pueden tomar mucha información del psicoanálisis y de un enfoque conjunto entre las dos disciplinas para la comprensión de las experiencias, siendo estas de una calidad especial en parte por el desconocimiento de sus creadores acerca de su futuro, ya que a partir de los ejemplos se evidencian significados diferentes para ellos de los que para nosotros constituyen poderosos símbolos del Holocausto.

Las características presentes en Theresienstadt en cuanto a la comunicación, actividades culturales, relaciones con el mundo exterior, etc. Tuvieron un papel importante en la singularidad de estas experiencias.

Consideraciones

La consideración del material producido por estos niños como fuente histórica implica un análisis desprendido de aquello que les deparó el destino; ellos desconocían tanto lo que les tocaría en suerte como las condiciones que se presentaban en otros guetos y campos de concentración.

Esto demanda una visión de los sujetos históricos distinta de la suscitada por otros casos, ya que muchos de ellos no sobrevivieron y sus dibujos constituyen su único testimonio, lo que implica pensar en la subjetividad en un sentido sincrónico y colectivo, en vez de en los términos diacrónicos de la biografía individual, como sucede con momentos congelados de una historia social vivida en un momento y lugar muy particulares.

No se puede saber si las ilustraciones contienen la historia que los actores quisieron decir sobre ellos mismos en ese entonces.

Lo que las vuelve tan reveladoras es el carácter involuntario de lo que comunican, y lo que saca al historiador de la búsqueda de una narrativa individual e integrada a través del tiempo, dejándolo con la narrativa colectiva de un grupo particular de niños durante su primer deportación, con situaciones especiales en cuanto a la ruptura con el mundo en que vivían y las nuevas relaciones y entorno.

Así, estos niños sólo pudieron apropiarse de su presente parcialmente, idealizando su hogar y reordenando las relaciones sociales y los valores en sus ilustraciones, en un proceso que no fue automático y del que no podemos calcular el conflicto emocional vivido, sino ver como algunos de esos conflictos fueron expresados artísticamente por ellos.