Si bien se trata de un ambicioso movimiento que abarcó desde el diseño automotriz hasta proyectos arquitectónicos de índole monumental como el Empire State, el Art-Deco fue, es y será, como su nombre lo indica, un estilo decorativo; que llevó el esplendor y la elegancia a todo el hogar. Desde la taza de té del desayuno, hasta la alfombra del pasillo.

Surgió en 1925 en la Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes en París, y se extendió hasta la II Guerra Mundial. Volvió en los años 60, se revisó en los 80 debido a un interés en el cine negro de los 40, y en este nuevo milenio se está revisitando gracias a una búsqueda de la elegancia de otros años.

Características distintivas

El Art-Deco tiene sus raíces en movimientos tan disímiles como el Cubismo, el Futurismo italiano y el Constructivismo ruso, entre otras corrientes. De ellos toma la fuerza de sus trazos, el equilibrio en la composición, la geometría como dogma y el interés por la modernidad. Esto se traduce en formas de líneas netas pero dinámicas, uso de zigzag, escalonados y trapecios, y en la mayoría de los casos un acento puesto en la simetría.

Otros factores que influyeron en sus formas son la aerodinámica, que aportó la velocidad y la potencia de autos, trenes y aviones; y la arqueología, que gracias al impulso de excavaciones en la década del 20 despertó un gran interés por culturas exóticas (antiguo Egipto, Oriente, África, culturas precolombinas). El Art-Deco simboliza la pasión del hombre moderno por la evolución, el bienestar y el futuro.

Materiales fundamentales

Este estilo, pensado para interiores innovadores y frescos, hace uso de materiales novedosos que detentan la mano del hombre. A saber:

  • Metales plateados, cromados o niquelados.
  • Maderas enchapadas (principalmente en raíz) o con incrustaciones de diversos componentes.
  • Lacas y lustres muy brillantes.
  • Espejos, vidrios y cristales coloreados.
Todos ellos elementos nobles pero que, lejos de mostrarse tal cual son, hacen gala de la intervención del ser humano. También cueros y pieles exóticas (cebra, tiburón) y mármoles atípicos (verde, negro), siempre curados y pulidos para un aspecto lujoso e impecable.

Motivos predominantes

Como se mencionó, el Art-Deco fue espejo de un interés por lo exótico. Gracias a los nuevos transportes, la gente podía viajar con más facilidad y conocer otros mundos, y eso se reflejó en el diseño de interiores. Líneas de aire aborigen, rostros y figuras no occidentales, flores y plantas extrañas, animales atípicos (pingüinos, elefantes, ciervos y gacelas, pavos reales, cisnes y aves en general).

También son recurrentes las siluetas de atletas y bailarinas, demostrando un interés por la dinámica y la fuerza. Otro motivo clásico es el sol, con sus rayos abanicados y omnipotentes. Todo esto transformado en figuras angulosas y estables, de gran porte y distinción, y con un marcado aire de seriedad (a diferencia del carácter alegre del Art-Nouveau, por ejemplo).

Colores característicos

La paleta cromática de la decoración Art-Deco sigue la línea elegante propuesta por sus formas, con el uso de escasos colores combinados con discreción. Así, predominan por sobre todas las cosas el blanco y negro, incorporando en algunos casos tonos de gris. El color plata de metales como el acero inoxidable y el cromo es distintivo; y el dorado, aunque menos, también aparece en bronces y grandes superficies doradas a la hoja.

Es curiosa la incorporación de algunos tonos llamativos y exóticos, sobre todo en lo referido a vajilla y artículos decorativos. Así pueden aparecer detalles en verde manzana, azul estridente o naranja y amarillo rabioso en juegos de té o floreros, siempre combinados con un fondo blanco o negro. Estas licencias no son más que muestras de la ya mencionada fascinación por el exotismo.

Todas las características descriptas crean un pantallazo general del estilo Deco, que llevó sus líneas geométricas y llenas de actitud hasta lugares impensados. Sofás de líneas netas con la elegancia del nogal y el cuero de potro; lámparas y apliques de cromo y cristales opacos; consolas de madera oscura más brillantes que el mismo cristal; jarrones de vidrio soplado o tallado en tonos fumé; vajilla de porcelana con firmes motivos en plata. Eso y mucho más hizo el Art-Deco, responsable de los ambientes más sofisticados que se han visto en mucho tiempo.

Gracias al cielo hay muestras de ello por todos lados. En Argentina, el Museo Nacional de Arte Decorativo tiene un salón que encarna este movimiento. Está ubicado donde se encontraba la habitación del hijo adolescente de la familia Errázuriz Alvear, antiguos dueños del palacio donde se ubica el museo. El muchacho, con clara visión modernista, le confió al pintor catalán Josep María Sert la decoración de su cuarto; que hoy está abierto al público.

La fiebre vintage hizo resurgir nuevamente al Art-Deco. Ya agotado el revival del Pop, se está mirando hacia sitios más adultos y sofisticados, por lo que no es raro ver departamentos urbanos con alfombras de cuero negro, mesas ratonas cromadas o algún mueble de diseño como los de Eileen Gray. La misma Madonna se ha declarado seguidora del estilo, y tiene en su haber varios cuadros firmados por Tamara de Lempicka, quizás la pintora más representativa del movimiento.

Así que, si aún no lo hicieron, empiecen a hurguetear en los anticuarios y mercados de pulgas de su ciudad, para rescatar esas piezas únicas y devolverles el esplendor que nunca se les debería haber quitado.