En el Antiguo Testamento el agua tiene toda la carga de sentido bivalente de las demás religiones: es signo de vida (negar el agua a alguien es maltratarla) y del mal (el mar, las aguas torrenciales). Fernando Millán, antiguo profesor de Sacramentos en la Pontificia de Comillas, indica una serie de narraciones que serán empleadas por la literatura cristiana como arquetipos bautismales, especialmente por los autores alejandrinos, más dados a la alegoría.

El agua en los dos relatos de Creación del Génesis

En el relato sacerdotal (Gn 1,1-2,4a), el agua es incluso previa a la Creación (“El Espíritu del Señor aleteaba sobre las aguas”), aguas de las que todo nace. Este relato da la impresión de que Dios saca las cosas de las aguas.

El relato yahvista (Gn 2, 4b-25), anterior al sacerdotal, describe un jardín y pone en el centro la fuente del río de la vida, formado por los cuatro ríos que rodean el Edén.

El mito del Diluvio es común a otras culturas antiguas

El relato de un castigo divino en forma de lluvia torrencial que acaba con la humanidad no es exclusivo de la Biblia.

En el Gilgamesh, de Babilonia, la causa del diluvio está en los celos entre los dioses; pero los mismos dioses se asustan del diluvio y aúllan como perros.

En Homero y Hesíodo, leemos que Zeus encarga a Prometeo y Epimeteo que creen los seres vivos. Epimeteo toma las virtudes y valores para los animales; a Prometeo no le queda nada para crear al hombre, de modo que robó una chispa de fuego a Zeus, quien se encolerizó. Para castigar al hombre, Zeus crea a la mujer, Pandora, con todos los dones, pero con el defecto de la curiosidad; ella abrió la caja de las tempestades y comenzó la degeneración del ser humano. Entonces, Zeus provocó un diluvio para que el ser humano pereciera. Una pareja, Eucarión y Pirra, crearon una barca, de modo que se salvan y generan nueva vida.

El Diluvio y el Paso del Mar Rojo tienen un esquema común

El esquema que encontramos del Diluvio en el Antiguo Testamento es el siguiente:

  • En las aguas perece lo antiguo (humanidad empecatada).
  • De las aguas nace lo nuevo.
  • Utiliza la teología del “resto”, representada en el Arca, algo que ya estaba en otros mitos.
  • El “resto” renueva la Alianza con Yahvé.
El paso del Mar Rojo (Ex 14-15) sigue el esquema básico que hemos visto en el Diluvio:

  • En las aguas se sumerge lo antiguo: un “no pueblo”.
  • De las aguas surge un pueblo libre.
  • Se renueva la Alianza.

Resonancias del esquema del Diluvio en el Antiguo Testamento

Este esquema tiene dos resonancias en el Antiguo Testamento.

La primera la encontramos en el libro de Josué, en los capítulos 3 y 4, cuando el pueblo atraviesa el Jordán. El primero que baja al Jordán es el Arca de la Alianza, portada por los sacerdotes: es la presencia de Dios que va con su pueblo abriendo el camino y descendiendo al misterio de las aguas. Lo interesante de este relato es que el neófito cristiano, tras el bautismo, tomaba leche y miel, indicando que ya había llegado a la Tierra Prometida.

La segunda resonancia la encontramos en el Segundo Libro de los Reyes, en el capítulo 2; Elías entrega el manto a Eliseo, pero antes sacudió las aguas del Jordán con su manto empapado.

Arquetipos bautismales en la predicación profética

Tal vez el más conocido sea el “río de la vida” (Is 41, 17-20). Para quienes están en el desierto, el “río de la vida” no es una metáfora, sino una realidad. Para Isaías, el río lleva salvación. Ezequiel, en el capítulo 47, dice que del costado del Templo brota un riachuelo; va creciendo y por donde pasa se transforma en vida, crecen árboles a los que llegan pájaros (Juan emplea esta metáfora en la cruz: del costado de Cristo brota sangre y agua).

Yahvé se presenta a sí mismo como río o agua. En Jeremías encontramos que “Me abandonaron a mí, que soy la fuente de agua viva, y se fueron detrás de las aguas estancadas” (Jer 2, 13). Cabe aclarar que el profeta identifica las aguas estancadas con los Baales (los ídolos de otros pueblos). También en el Salmo 42 podemos ver “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”, de manera que Dios se identifica como agua.

El agua es el símbolo de la purificación interior, del corazón del hombre. Se trata del “lavado interior” al que se refieren los profetas (Ez 36, 25; Sal 50), frente a las purificaciones rituales externas de los judíos.

Detrás de estos arquetipos del Bautismo está la carga simbólica del agua

El agua es un protosímbolo, o también radical simbólico, en tanto que es común a todas las religiones, en todas las culturas y a lo largo de toda la Historia; en todas tiene esa doble vertiente de dar y quitar la vida, de donde quizás salga su especial carga simbólica, que fue recogida en el Antiguo Testamento por los hagiógrafos y vista, posteriormente, por los autores cristianos en relación con el Bautismo.