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Anne Robert Jacques Turgot nació en París el 10 de mayo de 1727, bajo el reinado de Luis XV. Moría en la misma ciudad 56 años más tarde, a causa de la gota, que era el mal familiar. Él sabía que moriría joven por esa causa, y quizá fuera eso lo que le imprimió ere carácter trabajador e impaciente: sabía que no contaría con mucho tiempo para sus grandes planes.
Su familia pertenecía a la vieja nobleza. Como los dos hermanos mayores habían sido destinados a la Administración y al Ejército, a él le enviarían, como era la costumbre, a la Iglesia. Estudió teología en la Sorbona, donde descolló con su preclara inteligencia. Pero la Iglesia no era para él, y abandonó esa carrera antes de empezarla, lanzándose al servicio al Estado.
Comienza su carrera política
En enero de 1752 fue nombrado Consejero sustituto del Procrurador General del Parlamento de París, institución en la que haría carrera hasta 1761, cuando se convirtió en el procurador general de Limoges. Para entonces ya se había introducido en un círculo de intelectuales, liderado por Quesnay y que se hacían llamar a sí mismos “economistes”. La historiografía les llamó fisiócratas.
Era tímido, lo que aunado con su fuerza interior daba a algunos la impresión, más falsa que verdadera, de ser arrogante. Se movió en los salones que ofrecían las aristócratas para acoger a los intelectuales, una clase que nacía en el XVIII. Montesquieu, D’Alembert, Galiani, David Hume, Adam Smith, etc. Turgot trató con los principales intelectuales de la época. Tradujo a Tácito y a Hume, a Séneca y Josiah Tucker. Amaba las ciencias, la historia, la filosofía y la naciente ciencia económica.
Intendente de Limoges
Limoges era una zona pobre de Francia, y a ella fue destinado Turgot, en 1761, como intendente. Nuestro hombre creía que una de las causas del atraso de Limoges, si no la principal, era la excesiva imposición, sobre todo por dos figuras: la taille y la corvea. “Es más que probable que la excesiva carga que se les asignó haya sido, más que cualquier otra cosa, la causa de sus presentes miserias”, escribió Turgot en una de sus numerosas cartas pidiéndole al controlador general que aliviase la carga fiscal sobre esta parte de Francia.
La recaudación de la Tailledependía de las necesidades de la Corona, que eran crecientes, y del ojo del recaudador. Turgot hizo un censo para repartir su carga y hacerla más moderada para cada uno. Quizá por ello Tocqueville le considere el padre de la centralización administrativa, un “hombre de sistema” que antepone sus concepciones a la realidad.
La corvea era un impuesto en especie: los campesinos dedicaban horas de su trabajo a construir y mantener infraestructuras de las que en nada se beneficiaban ellos. Turgot la suprimió y contrató a empresas que llevaron a cabo esas tareas. Con ello, la situación de los campesinos mejoró, y el estado de las infraestructuras, también.
Controlador General
En 1774 fue llamado a la más altas responsabilidades que ocupó en su vida: primero como secretario de Estado de Marina del Rey y, al poco tiempo, como controlador general, en un puesto que Tocqueville describía como la conjunción de “ministro de Finanzas, ministro de Interior, ministro de Obras Públicas y ministro de Comercio”. No tenía más apoyos en la Corte que el del propio Rey, Luis XVI. Y contaba con todas las antipatías del Parlamento.
En ese puesto llevó a cabo sus principales reformas: liberalizó el comercio de granos, impuso economías en la Corte, donde le llamaban “monstruo”. Suprimió la Corvea, las empresas privilegiadas del Estado (jurandes), varias regulaciones y rebajó los impuestos. Logró enemistarse con todos. María Antonieta se la tenía jurada, y Luis XVI era incapaz de sobreponerse a las exigencias de su mujer. Le despidió el 12 de marzo de 1776.
Despido y retiro
En su primera carta a Luis XVI, Turgot ya previó lo que ocurriría: “Percibo ya todo el peligro a que me expongo. Preveo que me encontraré solo luchando contra abusos de toda condición; contra el poder de aquellos que se benefician de esos abusos; contra la multitud de gente prejuiciosa que se opone a cualquier reforma. Tendré que luchar incluso contra la bondad natural y la generosidad de Su Majestad y contra las personas que más aprecia. Seré temido, odiado incluso por toda la Corte, por todos aquellos que piden favores. Su Majestad recordará que es por la fe en su promesa de apoyarme por lo que hago mía una carga que va más allá de mis fuerzas”.
Así fue, y así se acabó con su carrera política.
Turgot se retiró en París y se dedicó a la lectura y la escritura, aunque no volvió a escribir sobre economía. Murió, a causa de la gota, el 18 de marzo de 1781. No vio, por tanto, la Revolución Francesa que llevó al cadalso a Luis XVI y a María Antonieta. Pero durante la Revolución se retomaron sus políticas, que habían sido revertidas tras su destitución. Quizá, de haberlas mantenido, se habría evitado la sangrienta revuelta.
