La realidad argentina, debido a políticas desacertadas, sumado esto a la crisis internacional, ha transitado hacia una situación social crítica, donde la pobreza, el desamparo y la ausencia de valores se encuentran en aumento.

Parece ser que la economía globalizada, invita a transitar hacia el primer mundo, y como tal, Argentina intenta no quedar afuera, a pesar de que su situación lejos esté de ese primer mundo.

Cuando la realidad molesta, se maquillan las palabras

La situación social, si bien no varía, la forma de caratularla si, se maquillan las palabras, de villas y asentamientos se pasa a sectores críticos, sectores vulnerables, contextos críticos, cuestión que marca en cierta forma disfrazar la realidad existente, como negarla.

Ha de marcarse que, desde el Estado y gran parte de la sociedad, se intenta desconocer una realidad que significa o representa dolor para muchos e indiferencia para otros.

El tránsito de esta crisis está signada por una situación de violencia difuminada, es “un todos contra todos”, como que, por un lado se colocan los derechos humanos en primera línea y esos mismos derechos son vulnerados día tras día,ya sea con la palabra o el silencio, lo cierto es que se avasallan.

Existen variables importantes dentro de este contexto, una de ellas es la inseguridad.

Se habla de inseguridad, cuestión que es real, el ciudadano común teme cuando sale a la calle, sea de día o de noche, como que lo envuelve la paranoia, temor que sobrevuela a todas las familias en mayor o menor medida.

Seguridad, derechos y Estado

El Estado permanece semi-ausente, como que desde el habla manifiesta que se está trabajando para brindar mayor seguridad, pero parece no ser consciente o no lograr visualizar que la cuestión no es poner mayor policía, sino comenzar a reestructurar situaciones de fondo, que se encuentran en directa relación con la pobreza no solo material sino moral, en la que calladamente han quedado capturados prácticamente todos los ciudadanos.

Por lo general, la responsabilidad de los problemas de inseguridad es atribuida a los sectores populares, como que el avance de la delincuencia es inherente a ellos.

Debe precisarse que, lo nombrado como sectores populares son los sectores excluidos (que de hecho son pueblo, pero que por multicausales han quedado relegados), los sectores populares se definen desde el pueblo, lo popular no es lo excluido, lo popular es la cultura del pueblo, el trabajo digno, los valores familiares y sociales.

Los sectores excluidos son los que han quedado fuera de lo que constituye una calidad de vida digna, los mismos día a día crecen aunque se diga que no, la realidad muestra que aumentan.

Las políticas sociales no dan cuenta de un real trabajo para insertar a esos sectores, no aparecen modelos o proyectos que instrumenten acciones para que se logre una inserción laboral real, sólo aparece el asistencialismo, cuestión que lejos de revalorizar al humano lo sume aún más en el desamparo, que de hecho es violento y el costo que deviene es alto, dado que se le quita la posible realización de su proyecto, como que se los nihiliza.

Otra variable, es el avance en el consumo y tráfico de drogas, armas, trata de personas, en donde el Estado aparentemente no posee políticas serias, dado que estos hechos crecen día a día.

La aparente corrupción es otra variable que incide en la situación de la crisis, se habla de corrupción, la misma atraviesa a todos los sectores, en menor o mayor medida, y lejos de ponerla a discusión, se la omite, como que “todos saben pero es así, y no va a cambiar”, como que en el imaginario la suerte es esa y debe ser aceptada.

En este escenario, Argentina necesita urgentemente un cambio social, político y sobre todo en lo valorativo, en donde el plus de corrupción sea desarticulado, instrumentándose políticas de estado tendientes a dar solución a los sectores excluidos, no el asistencalismo que de hecho solo es una sutura momentánea.