En el año 2011, la Argentina ha conseguido reducir el porcentaje de desempleo de un 21.50% que marcaba en el año 2003 a un 7.9% en el segundo trimestre del año.

Pero esto incluye no sólo a los trabajadores formales, quienes se encuentran en el marco de la ley sino que además incluye a aquellos trabajadores que se encuentran por fuera de las regulaciones vigentes.

Empleo regular y empleo irregular

El empleo regular es aquel que se encuentra bajo las leyes laborales vigentes. Un trabajador en situación de regularidad ("en blanco", como se le dice vulgarmente) posee una serie de beneficios por sobre aquel que no está en su situación ("en negro").

Los beneficios van desde un contrato que los ampara legalmente frente a cualquier atropello de sus empleadores hasta obras sociales, los servicios de salud que ofrecen los sindicatos a sus afiliados, y que son prácticamente gratuitos.

El trabajador en blanco tiene además el aguinaldo (el mayor sueldo del año dividido en dos partes: una mitad en junio y la otra en diciembre), premios por desempeño, posibilidades de carrera, bonificaciones por embarazo, casamiento, etc.

El trabajador en negro, en cambio, sólo tiene su trabajo y su sueldo, el cual suele ser inferior al de aquel que se encuentra regularizado.

El empleo en negro no contempla ninguno de los beneficios del empleo en blanco, y en algunos casos (sobre todo en trabajos relacionados con la agricultura), ha llegado a niveles de esclavitud.

El Estado como empleador

En Argentina existe un mito que es en parte cierto. Se dice que en cuanto uno consigue un empleo estatal, jamás será despedido y se retirará con ese puesto.

Es en parte cierto porque es difícil perder esos empleos. La parte no real es que acceder a esa posibilidad depende de una serie de factores que hacen más complicada la situación.

En primer lugar el Estado utiliza una variante de empleo denominada "tercerizada". Esta variante consiste en que el Estado contrata mano de obra a través de un intermediario. El Estado argentino suele utilizar convenios de asistencia (tal su denominación) con las universidades nacionales.

Quienes ingresen a trabajar bajo este medio (desde la década del 90 hasta hoy, prácticamente todos los que trabajan en el Estado) deben firmar un contrato temporal (que por lo general es de seis meses) y están obligados a facturar por sus servicios. Esto quiere decir que el Estado no registra ningún tipo de relación con sus empleados más que una relación comercial, en la que los contratados le cobran un "servicio".

Para poder hacer esto, los empleados deben tributar fiscalmente sus ingresos, abonando los impuestos por su cuenta. Podemos deducir que el Estado gasta menos de lo que declara, ya que ese impuesto regresa a las arcas estatales.

Sin embargo, algunas dependencias y ministerios utilizan convenios que no hacen firmar contrato alguno a las personas convocadas para realizar el trabajo. Esto genera una situación extraña ya que el empleado, si bien puede retirar su salario a través de una cuenta bancaria como aquellos empleados en blanco, no tiene ningún tipo de comprobante que pueda servirle en caso de tener inconvenientes laborales.

La promesa de "prosperidad"

A pesar de toda esta situación, los trabajadores aceptan esta metodología de contratación bajo la promesa tácita de que, pasados esos seis meses de irregularidad, pasarán a formar parte del plantel efectivo del organismo en el cual se desempeñan.

No obstante, en algunas dependencias como la Anses, hay algunos empleados que elevaron quejas a los medios de comunicación debido a que se encontraban en esta situación desde hacía años. De hecho, ese organismo es denunciado como el mayor empleador irregular estatal.

El empleo en negro en Argentina

El empleo irregular, si bien se dice combatirlo, no sólo es utilizado por el Estado. El sector privado es otro gran pilar de esta forma de contratación.

Según un informe del diario Clarín, publicado en junio de este año y basado en datos del Indec, el empleo en negro afecta a más del 47.5% de los trabajadores argentinos (aproximadamente 4.7 millones), quienes además cobran un 65% menos que aquellos que se encuentran en blanco.

Una de las causas que genera un incremento en este tipo de trabajos es el empleo temporal. Este tipo de empleo genera puestos de trabajo por un tiempo específico (por ejemplo, las fiestas navideñas) y cuando ese tiempo se termina, el empleo desaparece, incrementando el nivel de desempleo.

El Estado no está exento de esta modalidad ya que cuando hay alguna celebración que le compete, contrata cierta cantidad de personas para que organicen y lleven el desarrollo del evento hasta que este finaliza. En estas ocasiones también terceriza el trabajo, contratando empresas reclutadoras que luego ubican a los desempleados en otros puestos y así van rotando.

Extrañamente, quienes deben encargarse de combatir el empleo irregular y asegurar el trabajo dentro del marco de las leyes es el mismo que lo utiliza y fomenta. A pesar de empapelar las calles con afiches que exigen a los empleadores a registrar a sus trabajadores, el Estado es el primero que utiliza los medios irregulares de contratación para engrosar sus filas.

"Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago", parece ser el eslogan estatal en lo que a trabajo se refiere.