En la historia del arte que se estudia en los colegios tenemos estilos, pintores que marcan épocas, escuelas, escultores clásicos, las vanguardias…muy pronto, en los libros de texto deberán mencionarse a una fundación y a una feria como personajes importantes a estudiar. Estamos hablando de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid y su fundación ARCO.
Historia del arte
Ella misma, ARCO, es historia. En estos días de febrero cumple treinta años. Tres décadas acercando al arte que aguarda ser adquirido en las galerías, en los circuitos comerciales de un mercado que hace tiempo estuvo sólo al alcance de unos pocos. El mérito de esta feria ha sido demostrar que hay obras de arte para todos los bolsillos, y cómo no, para todos los gustos.
Aún así, galerías que cuentan con trabajos de consagrados artistas (Miró, Picasso, Dalí) buscan siempre coleccionistas particulares o entidades privadas y públicas en esta feria anual, para lograr dar salida a esos tesoros más difíciles de vender.
Fue un 10 de febrero de 1982 cuando la feria abrió sus puertas por primera vez, lo hacía en el Palacio de Congresos del Paseo de la Castellana de Madrid. Hasta 1986 la directora técnica del evento fue la galerista Juana de Aizpuru, dueña de la galería de arte contemporáneo del mismo nombre en Sevilla.
Primeros lustros
Los años iniciales fueron más exitosos, de resultados y de público, de lo que los mismos organizadores habían esperado; se apostó de forma segura por los clásicos españoles y acudieron solamente 28 galerías extranjeras, pero tuvo tal repercusión social y cultural que empezaron a tomar partido en la iniciativa personalidades políticas relevantes de la época, como el que pronto sería vicepresidente del gobierno, Alfonso Guerra.
En 1984, debido a la cada vez mayor presencia de galerías internacionales, la feria de arte pasa a las instalaciones que en el palacio de cristal de la Casa de Campo tenía el IFEMA. Se doblaron los metros cuadrados de exposición, de los 5.000 se pasó a los 10.000 metros cuadrados, permitiendo llegar a los casi 200 galeristas, con un porcentaje ya al cincuenta por ciento entre las galerías nacionales y las extranjeras.
La familia real y el arte
Es también en 1984 cuando, por primera vez, acude a la inauguración uno de los miembros de la casa real. La reina Doña Sofía, conocida amante e impulsora del arte y de la música clásica, presidió la ceremonia de apertura e hizo de ello una tradición de apoyo de la familia real al arte contemporáneo, a través de su presencia, ya sea de los reyes o los príncipes, cada año.
Avanzando en los años ochenta se apostó por dar espacio a los nuevos artistas, a los llamados artistas emergentes. Esa apuesta por los nuevos valores fue todo un acierto, ya que consolidó el interés internacional que iba adquiriendo la feria y creó uno de sus estandartes, la promoción, con su espacio específico dentro de la exposición general, de los talentos nuevos y desconocidos.
La mejor edición, 1989
Todos los especialistas coinciden en señalar la edición de 1989 como la mejor de todas las celebradas hasta ahora. Y lo es porque se darían dos circunstancias claves para la vida de la feria, para la misma esencia de su existir: obtener los mejores resultados económicos y organizativos de su historia por un lado y por otro, la consolidación de ARCO como feria internacional, única culpable del crecimiento del mercado del arte en España.
La afluencia de público ajeno a ese mundo específico de las galerías, cada año mayor, le ha convertido, también, en un acontecimiento cultural de primer orden, que el aficionado al arte o el espectador de cultura no quieren perderse.
Optimismo y calidad frente a la crisis
Veinte años después de esas triunfantes jornadas de 1989, cuando el mundo se sentía económicamente fuerte, las economías crecían y reinaba el optimismo por el futuro, la trigésima edición se celebra en un mundo en crisis, con las economías tambaleándose y con un porvenir incierto. Los organizadores, sin embargo, han apostado por la calidad y por buscar a los coleccionistas “puros”; sabedores de que las administraciones y empresas han recortado presupuestos y no pueden ser compradores como en otras ediciones.
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