Todo el mundo conoce árboles de hoja caduca, como el chopo o el olmo, que pierden sus hojas al llegar el invierno; y árboles de hoja perenne, que las mantienen todo el año, como el pino o la encina. Las estrategias caducifolia y perennifolia son el resultado de la adaptación de los árboles a las condiciones de clima y suelo en las que se desarrollan. Incluso existen algunas especies que pueden mostrar ambos comportamientos dependiendo de dónde crezcan.

Árboles de hoja caduca o deciduos

Muchos árboles pierden sus hojas con la llegada de la estación desfavorable, que en las regiones templadas coincide con el otoño y el invierno.

Para estos árboles, la estación fría resulta muy difícil: las horas de luz solar disminuyen y, además, esta pierde fuerza. Los suelos pueden llegar a helarse, lo que dificulta mucho a las raíces la extracción de agua y nutrientes.

En estas condiciones, la productividad de las hojas disminuye y al árbol le resulta más costoso mantener las hojas que dejarlas caer. Por ello, la estrategia más rentable es perder las hojas, extrayendo de ellas antes todos los nutrientes que contiene, y entrar en una fase de reposo invernal, en la que esperará la llegada de condiciones más favorables con la primavera.

Hojas que cambian de color en otoño

Para dejar caer las hojas, el árbol les retira el suministro de savia, creando una película entre la rama y la base de la hoja que la aísla y la deja a merced del viento y la lluvia, que la harán caer. A partir de este momento los pigmentos que contiene la hoja y que le sirven para fotosintetizar cambian: la clorofila se retira y deja paso a otros pigmentos accesorios, como carotenoides, xantofilas y antocianinas, responsables de los colores amarillos, ocres e incluso rojizos que adquieren las hojas antes de desprenderse del árbol.

Árboles de hoja perenne

Los árboles perennifolios también renuevan sus hojas, pero no lo hacen de una vez, como los caducifolios, sino que lo realizan en un proceso continuo que dura varios años y en el que las hojas nuevas crecen antes de que las viejas se desprendan. El resultado es un árbol que permanece siempre verde.

En las zonas tropicales casi todas las especies autóctonas son perennifolias. No ocurre lo mismo en las regiones templadas. Las especies que no pierden las hojas en la estación desfavorable suele invertir mucho en sus hojas, recubriéndolas con resinas o ceras protectoras que las hagan más resistentes.

Ejemplos de especies perennes son muchas coníferas, como pinos, abetos, sabinas o alerces, aunque también hay otras pertenecientes a diferentes familias, como diversas especies propias del bosque mediterráneo, tales como madroño, olivo, laurel, naranjo, alcornoque o algarrobo.

La marcescencia

Algunos árboles deciduos o caducifolios retrasan la pérdida de la hoja, que suelen quedarse secas pero unidas a las ramas, sin llegar a caer al suelo. Las hojas permanecen en el árbol hasta que en la primavera las nuevas hojas las empujan y las hacen caer con su crecimiento.

En la Península Ibérica hay varias especies marcescentes, como el roble melojo (Quercus pyrenaica), el quejigo (Q. faginea), el roble pubescente (Q. humilis) y el quejigo moruno (Q. canariensis).

Aún no se ha demostrado que la marcescencia suponga ninguna ventaja evolutiva o ecológica, aunque los botánicos han lanzado diversas teorías sobre los beneficios que reporta esta estrategia. Así, hay quien considera que esta es una forma de proteger a las nuevas yemas que se desarrollarán en primavera y quienes dicen que es una protección frente al crecimiento de especies heliófilas, es decir, que necesitan abundante luz solar para prosperar. También hay opiniones que afirman puede tratarse de una forma de optimizar el reciclado de nutrientes. Al caer las hojas con el crecimiento de las nuevas, en primavera, se enriquecería el suelo al descomponerse estas, aportando nutrientes en el momento que más los necesita la planta.

Árboles semicaducos o semipersistentes

Por último, se puede señalar que existen unos pocos árboles que pueden comportarse como caducifolios o perennifolios en función de las condiciones ambientales. Es el caso de la tipuana (Tipuana tipu), una especie generalmente de hoja caduca que, al crecer en climas muy cálidos puede comportarse como si fuera de hoja semiperenne, de modo que al llegar el invierno se deshace de parte de sus hojas, sin llegar nunca a quedar la copa totalmente desnuda. Como en toda regla, siempre existen excepciones.