El terrorismo puede identificarse en cualquier sociedad y época. Y el uso del terror para la imposición de determinadas ideas no es patrimonio exclusivo de elementos al margen de las estructuras convencionales de la sociedad. El terrorismo de Estado responde a una de las modalidades de imposición de un orden político, social o económico mediante la aplicación sistemática del terror. Si bien es cierto que el terrorismo ha sido abordado en mayor profundidad, el terrorismo de Estado es un fenómeno en cierto modo desconocido.

Problemas en la identificación: propaganda e ideologías

Uno de los principales inconvenientes a la hora de elaborar una definición adecuada se encuentra en las propias características de esta forma de terrorismo. Teniendo en cuenta que el agente impulsor son determinados Gobiernos, se entiende la dificultad para esclarecer de forma precisa quiénes son los autores de esta violencia. Las estructuras estatales implicadas en el ejercicio del terror dispondrán de todos los medios necesarios para ocultar su verdadera autoría.

De hecho, hay que anotar que uno de los principales objetivos del terrorismo es la propaganda implícita al propio acto violento. Esta es una contradicción para el terrorismo de Estado, que debe mantener en todo caso un cierto grado de anonimato en sus acciones. Por otra parte, si en la definición del terrorismo se entremezclan numerosos argumentos de tipo ideológico que dificultan su comprensión, esto es aún mayor en el caso de la violencia ejercida por las autoridades, que pueden encontrar argumentos para defender sus acciones.

Una definición académica

Elías Padilla Ballesteros, en su artículo La memoria y el olvido, ofrece diversas definiciones conceptuales de lo que se entiende como terrorismo de Estado. Por ejemplo, el sociólogo William Schulz distingue tres niveles de violencia estatal:

  • La opresión, derivada de la violencia intrínseca basada en las estructuras socioeconómicas.
  • Represión “ordinaria”, basada en la acciones represivas del Estado de acuerdo con su legislación.
  • El terror ejercida violando los preceptos de las leyes nacionales e internacionales.
Por lo tanto, se puede deducir que el terrorismo de Estado es el uso de una violencia selectiva o indiscriminada por parte del Gobierno, mediante métodos contrapuestos a las propias leyes nacionales o internacionales, con el fin de eliminar aquellos elementos o grupos considerados opuestos o peligrosos para el régimen impuesto.

Las causas que originan el terrorismo de Estado

William Schulz hace también una reflexión sobre el terrorismo de Estado. Sin embargo, este sociólogo como otros investigadores, analizan estas causas desde una visión sesgada, ya que suelen asimilar este tipo de terrorismo con dictaduras totalitarias. No hay que dejar de tener en cuenta, que el terrorismo estatal puede ser llevado a cabo por democracias plenamente establecidas y consolidadas.

Una de las principales causas puede encontrarse en la supuesta amenaza que determinados grupos o individuos aislados pueden suponer para el orden establecido representado en un determinado Gobierno que ostenta el poder. Por ejemplo, frente a una amenaza terrorista, cualquier Estado se puede ver tentado para articular sus propios grupos antiterroristas ilegales. En regímenes totalitarios, se puede intentar eliminar cualquier tipo de oposición mediante violencia ilegal a los ojos del propio derecho nacional o internacional.

Los métodos del terrorismo de Estado

Volviendo a William Schulz, citado por Padilla Ballesteros, los Gobiernos pueden actuar de manera violenta mediante dos maneras:

  • Directamente, a través de agencias del propio Estado.
  • Indirectamente, mediante otras entidades ajenas al propio Estado, como otros Estados, grupos o, incluso, individuos aislados.
También se puede distinguir entre la acción puntual y las indiscriminadas. Las primeras responden a la misma metodología empleada por otros grupos terroristas, como atentados, asesinatos selectivos o secuestros puntuales. Las acciones indiscriminadas obedecen a detenciones masivas, desapariciones, torturas, etc., dirigidas contra colectivos opositores en general.

Algunos ejemplos: GAL y dictaduras en Argentina y Chile

El terrorismo de Estado es un fenómeno extendido en el tiempo y en la geografía. Al principio de los años 80 del siglo XX, en España comenzó su actuación los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL.) en una particular e ilegal lucha contra la banda terrorista ETA. Aunque las sombras todavía se ciernen sobre este episodio de la reciente historia española, se ha demostrado que altas instancias del Ministerio de Interior español participaron en la articulación de estos grupos.

El caso de las dictaduras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX es más representativo de este tipo de terrorismo, auspiciado, en este caso, por el Gobierno de los Estados Unidos. Bajo la doctrina de la Seguridad Nacional, en Chile y Argentina fue práctica común la desaparición, asesinato y tortura de todo aquel elemento contrario a las ideas defendidas por los respectivos Gobiernos dictatoriales.

Si bien todo acto terrorista es condenable, el auspiciado por las autoridades de cualquier Estado lo es especialmente. Son precisamente las estructuras de esos poderes las que facilitan la extensión del terror contra la población civil, impidiendo una respuesta adecuada y de acuerdo a los principios democráticos y de respeto a los derechos humanos.