Es normal sentirse tentado a comprar las cosas que se desean al momento de adquirir una tarjeta de crédito, pues de todas maneras la idea de la misma es comprar las cosas y tener facilidad para pagarlas en cuotas mensuales.

La tarjeta de crédito está pensada para personas que no tienen la capacidad económica de adquirir las cosas más caras de golpe y requieren una forma módica de pagar sus deudas.

Sin embargo tener una tarjeta de crédito no es algo que puedan asimilar todos, pues hay personas que no saben controlarse y luego no pueden pagar y otras personas que definitivamente son muy tramposas y no les importa pagar.

Para el primer grupo de personas poseer una tarjeta de crédito en lugar de ser una ayuda, será un peligro, pues las deudas pueden llegar a ser muy elevadas y la capacidad para pagar muy por debajo de estas; lo que podría representar un serio problema financiero, problemas con los bancos y posibles embargos. Pero no todo está perdido, pues si se adopta un buen hábito de orden y control se puede manejar la situación para no llegar a extremos.

Saber cuál es el presupuesto

Cuando una persona trabaja y mantiene su hogar o a sí misma, debe hacer un presupuesto de sus gastos mensuales, para poder saber qué porcentaje de sus ingresos se ocupan en los gastos.

El presupuesto debe incluir todo lo que se paga de forma fija como servicios básicos, transporte, comida, entre otros para sacar una cifra exacta del valor que queda libre y así hacer un cálculo adecuado del valor tope con el cual una persona se puede endeudar.

Hacer un cálculo del valor a endeudarse

Es verdad que a veces es necesario endeudarse porque surgen inconvenientes, pero no está de más saber hasta qué límite se puede adquirir una deuda y pagarla sin problemas.

Nunca es bueno sobrepasarse de dos veces los ingresos líquidos en una deuda, pues dependiendo del valor disponible de ingreso neto, se diferirán las cuotas para una cantidad de tiempo determinada, siempre que la cuota sea menor al valor disponible mínimo en un 30%.

Tratar de imponerse a los deseos

A veces da por comprar cosas que a la larga no se van a utilizar y resultan costosas. Cuando se sienta el deseo de comprar algo no muy útil, es bueno ponerse a meditar cuál es la necesidad de aquella cosa y en qué va a beneficiar y también sería bueno pensar que hay otras cosas menos costosas y más útiles que se pueden estar necesitando en aquel momento; pues la inversión será mucho mejor en estas cosas.

De seguro los ímpetus calmarán cuando se haya pensado mejor en lo que se adquiere, sin haberle hecho caso al primer impulso.

Ser puntual con los pagos

A veces la impuntualidad y el descuido suelen ser fatales, pues los intereses comienzan a correr y se acumulan las cuotas de los meses anteriores y los problemas comienzan a surgir, porque los bancos empiezan a presionar y la persona se hallará en una situación muy complicada.

Siempre es bueno pagar a tiempo, si es posible con un par de días de anticipación y procurar no hacer el pago mínimo, sino un poco más cuando se pueda.

La deuda disminuirá considerablemente y al momento de necesitar nuevamente usar la tarjeta, estará disponible y sin preocupaciones.

Si se siguen estas prácticas, se creará un buen hábito de conciencia económica, no se tendrán problemas financieros y tanto los bancos como personas darán crédito sin pensarlo, pues la persona habrá quedado bien y la confianza irá en aumento.