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Aprender a divorciarse por el bien de los hijos

Divorciarse nunca es fácil, sin embargo, es necesario tomar medidas

Conflicto - drivenleaders.com
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En países con un alto índice de divorcios, como EE.UU., por ejemplo, se está estableciendo la práctica de clases y cursos para aprender a divorciarse.

Un divorcio es un drama, pero no tiene por qué ser una pelea de venganzas, recriminaciones, gritos y tensiones, que lo único que logran es empeorar la situación.

Los que más sufren esta trama de telenovela son los hijos, que ven como sus padres les quitan estabilidad y la tranquilidad que necesitan para sortear los problemas que tendrán en el futuro, para los cuales un ambiente de paz es fundamental para crear condiciones emocionales para generar herramientas adecuadas para vivir de manera equilibrada.

Historias increíbles

  • El esposo de Mabel (el nombre es ficticio) decidió no seguir con ella debido a los años de abusos y maltratos de parte de ella. Su violencia psicológica incluía humillaciones, manipulaciones, continuas reyertas, maltrato usando la religión, chantajes emocionales, etc. Finalmente se aburrió y se fue. Años después se unió a otra persona con la cual tuvo hijos. Cuando hubo oportunidad, porque no existía ley de divorcio en su país, quiso divorciarse y solicitó el trámite. Ella juró que nunca daría el divorcio. En todos estos años ha mentido descaradamente a su hija adoptiva diciéndole que su padre no quiso comunicarse con ella, escondió las cartas que él envió, y no le dijo que regularmente su padre envió dinero para su alimentación. El asunto sigue y la hija, ya adulta, continúa creyendo que su padre nunca se ha interesado en ella, lo que es falso. En tanto ella, entorpece las demandas persistiendo en una venganza absurda.

  • Juan Carlos (el nombre es ficticio) aceptó que su esposa se fuera. Ella estaba cansada de su violencia. Él aparentemente entendió, sin embargo, al poco tiempo cambió de actitud. La buscó y con engaños sacó a sus hijos a pasear. Con la ayuda de otra persona y falsificando documentos y la firma de su ex-esposa, sacó al menor de sus hijos del país y partió lejos. Sabía que de esa forma le provocaría el mayor daño a la madre. Aunque hay demandas por apropiación indebida, secuestro y falsificación de documentos, aun después de años, ella no ve a su hijo.
Estos casos reales tienen un común denominador: Los adultos no han pensando en sus hijos. Han preferido las reyertas, los conflictos, y las venganzas personales, antes que el diálogo, la conversación civilizada y por sobre todo buscar lo mejor para sus hijos. Cuesta entender que personas que se prodigaron cariño, luego actúen de una manera tan caprichosa.

El legado inesperado

Judith Wallerstein comenzó en 1970 una investigación inédita que ya se extiende por más de 35 años. Su indagación que tiene un fuerte énfasis cualitativo consiste en el seguimiento de 131 hijos de divorciados. Sucesivamente a lo largo de los años ha ido publicando sus conclusiones.

Lo que arrojan sus investigaciones es que los efectos del divorcio en los hijos son a largo plazo y que lo que más daña a la larga, son las disputas, actitudes poco caritativas y las venganzas que traman los progenitores.

En aquellos divorcios donde prima la cordura y los adultos se ponen de acuerdo, la situación es diferente. Los hijos, si bien reciben el golpe traumático de ver a sus padres distanciarse, no sufren los mismos efectos.

En su último informe titulado El legado inesperado del divorcio y escrito junto a Julia Lewis y Sandra Blakeslee, la especialista muestra una novedad en relación a los libros anteriores. Compara la situación de los hijos de divorciados con otros niños que se criaron en las mismas comunidades, pero cuyas familias se conservaron intactas.

Hasta el estudio de Wallerstein se creía que cuando el divorcio se producía cuando los niños eran pequeños el efecto era menor y poco a poco lo asimilaban y eventualmente lo superaban. El estudio echa por tierra ese estereotipo, confirma que los mayores efectos se viven cuando los hijos son adultos y deben enfrentar sus propios dilemas respecto al amor y la pareja. En ese momento surgen los conflictos latentes desde niños. Aunque no deja de tener detractores su investigación aporta datos importantes para comprender el fenómeno.

Si los padres aprenden a manejar la situación con el menor conflicto, los efectos se minimizan. El divorcio es un desastre en la vida de un niño, pero el que los padres no se pongan de acuerdo, es peor.

Las clases de paternidad común

A menudo los adultos suelen pensar más en sí mismos antes que en sus hijos, que son víctimas inocentes de decisiones que no han tomado.

Frente a esta realidad, en países como EE.UU. donde se calcula que al menos un 40% de los matrimonios termina en divorcio, han surgido las clases de “co-parenting“ o “paternidad en común“, que pretenden mostrarle a los padres formas más adecuadas de actuar frente al divorcio, para afectar lo menos posible a sus hijos.

Son cursos donde se aprende manejar la relación con la ex-pareja, con el fin de reducir al máximo posible los conflictos y el estrés emocional que la situación produce.

La directora del Centro de Mediación en Charlottesville, Virginia, Patrice Kyger, sostiene que en el último tiempo ha aumentado el número de personas que pide ayuda, ella afirma que "hace diez años, los padres y madres divorciados estaban menos dispuestos a considerar que podrían aprender a cambiar su propio comportamiento para llevarse mejor con su ex pareja y que esto podría beneficiar a los hijos".

Conclusión

Un divorcio es una situación difícil, pero no tiene por qué ser el fin de la vida. Aún hay mucho que hacer en la reconstrucción de las existencias de los afectados. Falta sabiduría y una mejor actitud en varones y mujeres que se divorcian, que deberían aprender a buscar la forma de solucionar sus conflictos sin involucrar a sus hijos.

Dr. Miguel Ángel Núñez, Copyright: Mery Alin Núñez Thomann

Miguel Ángel Núñez - Oriundo de Iquique, la bella ciudad del norte de Chile. Me crié mirando el mar y deseando cruzarlo. Por eso soy un viajero ...

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