Dice una leyenda urbana que los afiladores temblaron ante el rumor de que Apple estudiaba entrar en su negocio. Bromas aparte, lo cierto es que los sucesivos intentos de la compañía de la manzana por reinventar aplicaciones tecnológicas se han saldado con éxitos tan rotundos que han revolucionado el mercado, han creado nuevas necesidades y han abierto vías de negocio cuyo potencial hasta ese momento nadie sospechaba.

Su última apuesta ha sorprendido a propios y extraños porque, además de no basarse en un gadget como sus últimas propuestas, retoma una idea, la de la computación en la nube, que desde hace años vienen desarrollando algunos de sus competidores y también empresas especializadas con gran éxito. En el primer grupo se encuentran actores tan relevantes como Microsoft con su propuesta Windows Azure, el IBM Smart Cloud, Oracle Cloud Computing o Google a través de App Engine. En el segundo destacan Dropbox o SugarSync.

Qué es trabajar en la nube

El cloud computing consiste en una tecnología que ofrece servicios a través de Internet. Los usuarios de este servicio tienen acceso, de forma gratuita o de pago, al software que necesitan así como a los datos que han almacenado en su servidor virtual.

La idea es que en lugar de que las empresas tengan servidores propios usen servidores centralizados a los cuales se conectan vía Internet, y cuyo acceso lo facilitan terceras empresas.

Su principal ventaja consiste en el ahorro de costes que implica no tener que pagar licencias individuales por el software que se emplea en cada puesto de trabajo, las facilidades que ofrece el sistema para almacenar los datos sin que el usuario tenga que preocuparse por el soporte físico y, sobre todo, la posibilidad de llevar la oficina a cualquier sitio: basta una conexión a Internet para acceder a las tripas de mi compañía.

Actualmente hay tres tipos de servicios que se prestan en la nube. Según sus siglas en inglés se trata de SaaS (software como servicio), en el que un proveedor ofrece un software concreto para usarlo on-line; IaaS (infraestructura como servicio), que se concreta básicamente en almacenamiento online, y PaaS (plataforma como servicio), versión en la que el proveedor facilita una plataforma para el desarrollo de aplicaciones.

Apple ofrece en su nube infraestructura, software y contenido

El controvertido boss de Apple, Steve Jobs, lo dejó claro en la presentación del servicio la semana pasada: “Vamos a degradar el PC o el Mac a solo un aparato más. El centro de tu vida digital estará en la nube”.

Para ello, ha planeado añadir a los servicios en nube clásicos un componente al que pocos de sus competidores pueden hacer frente: los contenidos. Con iCloud, nombre comercial del servicio (que estará disponible en otoño), los usuarios van a disponer de 5 GB de espacio para las copias de respaldo de sus dispositivos, documentos o libros, y de un espacio de sincronización con el que acceder, desde cualquier lugar y dispositivo, a sus archivos personales de manera gratuita. Así, por ejemplo, en el ordenador se reflejarán cambios realizados desde el iPad sin tener que conectar ambos.

Pero sobre todo, permitirá a los usuarios de iTunes, la tienda en línea de Apple, acceder a un nuevo concepto de suscripción que dará otro sentido al concepto de copia privada y, según algunos expertos, implicará la defunción de la música en soporte físico. La razón es clara: todo el material comprado en iTunes se podrá almacenar de forma gratuita en el sistema.

Apple, acostumbrada a romper moldes

Aunque aún está por ver el éxito de la iniciativa, lo cierto es que cualquier movimiento de Apple en los últimos años levanta una expectación más que justificada. Su historia reciente da motivos de sobra para, como mínimo, tener en cuenta todas sus iniciativas.

Cabe recordar que Apple presentó, en el año 2001, el iPod, un reproductor de MP3 que luchaba contra miles de dispositivos similares de otras compañías, más baratos, en principio más fácil de usar y más conocidos. Pero triunfó y hoy supera los 150 millones de unidades vendidas.

En 2007 la compañía de Jobs se atrevió con otro sector también aparentemente copado por competidores más avezados: el de la telefonía móvil. El iPhone también triunfó y consiguió el difícil logro de que el producto pasara a definir toda una categoría. Desde que apareció, todos sus rivales quieren, como mínimo, parecerse a él.

El iPad, presentado en 2010, era el último ejemplo de una creatividad desbordada aplicada a la tecnología. El concepto tablet ya existía, pero nadie había conseguido que el producto se convirtiera en objeto de deseo para todo tipo de público, no solo para los iniciados. El resultado es que hoy una decena de productos tratan de hacerse con hueco en ese mercado hasta ahora oculto desvelado por Apple.