La apostasía es, en términos generales la acción de dejar de pertenecer a una comunidad religiosa, de la índole que sea, después de haber sido parte de la misma y, por tanto, se puede dar en cualquier lugar del mundo. No obstante, en un sentido más concreto la apostasía es el nombre que se da al proceso de desvinculación de la Iglesia Católica y consiste en un trámite administrativo en el que se solicita a la jerarquía episcopal que los datos del apóstata se eliminen de cualquier registro eclesiástico.

En otras palabras, no sólo se trata de un acto de renuncia a la fe sino que además implica que la participación del sujeto en rituales propios de su fe queda anulada, quedando anulados también los efectos de los sacramentos recibidos. Por poner un ejemplo, si el sujeto ha sido bautizado, ha tomado la comunión y ha sido confirmado y luego apostata pero más tarde desea casarse por la Iglesia debe repetir todo el proceso desde cero. Si es un cura el que apostata , en cambio, no se anulan los rituales en los que ha sido oficiante.

En todo caso, todos los apóstatas coinciden en querer hacer de su alejamiento de la Iglesia Católica algo oficial, ya que el mero alejamiento de los rituales eclesiásticos no supone un cambio de status del individuo en lo que a la Iglesia se refiere, Continuas siendo miembro de la comunidad aunque no participes en sus actividades.

Motivos para apostatar

Los motivos para apostatar, obviamente, son distintos en cada caso. No obstante, el denominador común suele ser la pérdida de la fe y la adopción de creencias distintas. Muchos de los apóstats son agnósticos o ateos.

Otros factores que impulsan a los católicos a apostatar es la falta de confianza en la Iglesia como institución, en su mayor parte producida tras los escándalos sexuales y de pedofilia de las últimas décadas. Para muchos creyentes devotos, la falta de condenas explícitas por parte de la curia vaticanas ante los casos de pederastia es incomprensible, y tampoco es comprensible la ambigüedad de una institución que mantiene grandes fondos artísticos mientras en el mundo miles de personas padecen hambrunas terribles.

El proceso

Hay muchas formas de apostatar. No obstante, para que la apostasía sea enteramente legal y la Iglesia no pueda dar marcha atrás tras su aceptación, debe realizarse siguiendo un proceso muy definido, que se podría resumir en los pasos siguientes:

  1. Pedir una copia de la partida de bautizo. Hay que solicitarla a la parroquia dónde el futuro apóstata fue bautizado y normalmente preguntan la razón por la que se necesita una copia, siendo la apostasía la opción ante la que pondrán más trabas, aunque están obligados a facilitar una copia. En todo caso, siempre hay que abonar una pequeña cantidad (sobre 10 euros), excepto si la parroquia ha dejado sus archivos en el registro civil, como ocurre en poblaciones pequeñas.
  2. Conseguir una fotocopia compulsada del DNI, es decir, una fotocopia sellada en una comisaría de policia u organismo competente.
  3. Rellenar un formulario de solicitud de apostasía. En la red hay muchos disponibles, pero conviene que se trate del más actualizado, ya que así incluirá los últimos avances en derecho canónico y protección de datos.
  4. Mandar una copia de la carta al obispado al que pertenezca la parroquia en la que tuvo lugar el bautismo. Es importante que la carta sea llevada al obispado por un medio que permita verificar su recepción por parte del destinatario de la misma, como un burofax con copia certificada y acuse de recibo, un requerimiento notarial o presentándolo en persona en el registro del obispado y exigiendo una certificación de entrega.
  5. En cuanto el obispado haya recibido la declaración de apostasía hará llegar al apóstata un formulario que debe ser rellenado y firmado ante un notario civil o eclesiástico (un cura, por ejemplo), y luego remitirse otra vez al obispado. No obstante, si se requiere una mayor rapidez, se puede ir directamente al obispado, previa petición de cita, y acabar los trámites presencialmente.

La Iglesia no se puede negar

Tras todos los trámites antes citados, sólo queda esperar y, en todo caso, ir de ve en cuando al registro parroquial para comprobar si en la partida de nacimiento se ha anotado la declaración de apostasía.

Y es que, aunque la fe es algo personal, no lo que dijo Benedicto XVI, "una obligación que pasa de padres a hijos", sino un derecho fundamental que incluye de igual manera la creencia y la no creencia, tal y como lo reconocen la mayoría de los estados occidentales, es bastante frecuente encontrarse con trabas e impedimentos de todo tipo por parte de la Iglesia Católica y en esas ocasiones hay que tener claro que cualquier obstáculo que se ponga a la declaración de apostasía no es más que un intento de entorpecer un proceso al que todo ciudadano tiene derecho.

Por eso, en caso de que las jerarquías eclesiásticas se opongan a la apostasía o incluso lleguen a denegarla, siempre se puede recurrir a la Agencia Española de Protección de Datos para que ésta obligue a la Iglesia a cumplir lo establecido por la Ley Orgánica de Protección de Datos. Hasta el momento, todas las resoluciones de la Agencia han resultado favorables a los apóstatas.