Mucho se ha dicho desde el viernes de las consecuencias del devastador terremoto y el terrible tsunami de Japón. A los miles de muertos y desaparecidos, a la destrucción de casas, negocios, hospitales, escuelas, carreteras, aeropuertos, coches, barcos y un largo etcétera, ahora hay que añadir una seria amenaza nuclear. A esta hora, la central atómica de Fukushima está aún fuera de control: una explosión se sucede tras otra, únicamente quedan en la planta 200 personas, se ha evacuado la población en una radio de 20 Kms y las partículas radioactivas (aunque con debilidad) están llegando al interior del país. Las autoridades europeas (no así las japonesas) hablan de Apocalipsis y en los foros se teme que el fin del mundo haya llegado. Afortunadamente para la humanidad, pocas predicciones tan negativas aciertan a cumplirse.

Los sueños de Akira Kurosawa

Dreams, según la versión inglesa o Konna Yume Wo Wita, su título original en japonés (abreviado, Yume), rodada en 1990 representa el cenit de la carrera del director japonés Akira Kurosawa. En sí es (la crítica es unánime) una auténtica obra maestra. Está dividida en ocho fragmentos o sueños de temática aparentemente independiente. Toda la obra está narrada utilizando un lenguaje simbólico muy potente, tal como el director llevó a cabo en otra de sus películas: Ran, la palabra japonesa para nombrar el caos. 

Kurosawa manifestó, en diversas ocasiones a lo largo de su vida, sus reservas y temores por el aumento de la energía nuclear. Fiel defensor de la naturaleza y superviviente de la Segunda Guerra Mundial, veía con recelo el imparable aumento de centrales nucleares por todos los rincones de su país. Temía que, algún día, como está sucediendo ahora, alguna de ellas, por accidente o por imprudencia, pudiera estar fuera de control.

El Monte Fuji en rojo

El sexto fragmento de la película se abre con la narración del estallido de una central nuclear situada tras el Monte Fuji, un lugar sagrado para el pueblo nipón. La planta se incendia lanzando al aire fuego, lava y nubes tóxicas cargadas con peligrosas partículas atómicas. Mientras tanto, la muchedumbre huye despavorida presa del pavor y del terror. Aquí hay una diferencia entre la película y la situación actual: las noticias que van llegando desde tierras japonesas, describen al pueblo nipón como tremendamente comedido, recatado, sin muestras de pánico ni manifestaciones externas de dolor, extremadamente educado, exquisito en el trato y haciendo gala de un civismo extraordinario ante la calamidad.

Aún así, el fragmento de "El Monte Fuji en rojo" puede convertirse en una predicción de lo que actualmente está sucediendo en Fukushima. La escena siguiente comienza con una visión muy parecida a la que ha dejado el tsunami: en un paisaje desértico, desolado y sin personas, se amontonan (desperdigados, en desorden y rotos) enseres de todo tipo. El protagonista, un hombre de mediana edad, una mujer y dos pequeños son los únicos cinco supervivientes de la tragedia. La nube tóxica que se ha generado como consecuencia de la explosión de la central los va acorralando en un acantilado, el cual termina abruptamente en el mar. 

Allí, según las palabras del hombre de mediana edad, trajeado y con gafas, es donde están todos. El protagonista, a la desesperada, en una lucha desigual y con la única ayuda de una chaqueta, intenta apartar la nube tóxica. La mujer, los pequeños (que son el futuro) y el protagonista, aunque aterrados, siguen peleando contra la contaminación, mientras el hombre de mediana edad, que se presenta como uno de los responsables del desastre y ante el remordimiento, se decanta por el suicidio arrojándose desde el precipicio hacia el mar.

Después de la explosión nuclear

El fragmento termina con esta escena para dar paso al siguiente, al titulado "El ogro que llora", donde se desgrana las consecuencias de ese Apocalipsis atómico. En el penúltimo sueño de la película la pesadilla aumenta: el mundo conocido ha desaparecido, apenas hay plantas y las que hay se han modificado, los animales han cambiado, los hombres casi se han borrado de la faz de la tierra y los que han logrado sobrevivir se han convertido en monstruos que subsisten practicando el canibalismo. Kurosawa describe un paisaje infernal originado por explosiones incontroladas y por los efectos de las partículas atómicas.

"El Monte Fuji en rojo" puede convertirse, ante el descontrol de Fukushima, en un sueño premonitorio que Akira Kurosawa, contrario a la energía atómica por los peligros que conlleva, plasmó en una de sus películas más emblemáticas. Ahora mismo la humanidad al completo está pendiente de la previsión meteorológica para el norte de Japón. Parece que va a producirse una nevada. Si es así, la nieve ayudaría a enfriar los reactores de Fukushima alejando la profecía apocalíptica que se narra en dos de los fragmentos finales de Los sueños de Akira Kurosawa. Las esperanzas están puestas en la naturaleza.