En relación a la obra de Anton Szandor Lavey y la comparativa con otros autores, cabe citar, también, entre sus posibles fuentes de inspiración, a una notable personalidad y a una peculiar obra. La notable personalidad no es otra que la de Friedich Nietzsche, y la peculiar obra es “El Anticristo”, auténtico manifiesto anticristiano del celebre filósofo alemán.

Las proclamas de Lavey y las de Friedich Nietzsche

Situándonos en el principio de “La Biblia Satánica” de Lavey y sus desafíos, podemos contrastarla con el comienzo de otro desafío a la divinidad cristiana, en este caso por mano de Nietzsche: su prólogo de "El Anticristo", prólogo que titula "Inversión de todos los valores":

“Este libro está hecho para muy pocos lectores. Puede que no viva aún ninguno de ellos. Esos podrán ser los que comprendan mi Zaratustra; ¿acaso tengo yo derecho a confundirme con aquellos a quienes hoy se presta atención? Lo que a mí me pertenece es el pasado mañana. Algunos hombres nacen póstumos.

Las condiciones requeridas para comprender y para comprenderme luego con necesidad, las conozco demasiado bien. (…) Tener nuevos oídos para una nueva música: nuevos ojos para las cosas más lejanas; nueva conciencia para verdades hasta ahora mudas, y la voluntad de la economía en grande estilo; conservar las propias fuerzas y el propio entusiasmo... hay que respetarse a sí mismo, amarse a sí mismo; absoluta libertad para consigo mismo...

Ahora bien; sólo los forjados así son mis lectores, mis lectores predestinados…”

Ese es Nietzsche, como autor, y desde un punto de vista filosófico e intelectual, es bastante más serio, desde luego, que Anton Szandor Lavey.

Lavey y Nietzsche

Más que un Nietzsche hay varios "Nietzsches": depende de la obra que tratemos, depende del tema que trate, depende del período de su vida que se trate... Con Nietzsche pasa un poco lo que sigue "Dime lo que necesitas, y yo te procuraré una cita adecuada de Nietzsche" (Kurt Tucholsky).

Quede claro que Nietzsche no es satanista, en la obra citada no le presta la menor atención a la figura de Satán. A Nietzsche le importa un bledo Satán, Nietzsche se declara pura y simplemente anticristiano, pero, a diferencia de Lavey, no lo hace para oponerse -y, por tanto, reconocer- al Dios de los cristianos, lo hace porque niega los valores del cristianismo y los considera corruptores del espíritu humano. Ese es Nietzsche.

Las “Nueve declaraciones satánicas”

Siguiendo con las comparaciones –que dicen que son odiosas, pero que en este caso se dirían invevitables- entre Lavey y Nierzsche, comparemos ahora las “Nueve declaraciones satánicas”, también al inicio de la obra de Lavey, con una especie de declaración entre programática y de principios que, Friedich Nietzsche, presenta al final de “El Anticristo”. Primero veamos que dice Lavey:

  1. Satán representa complacencia, ¡en lugar de abstinencia!
  2. Satán representa la existencia vital, ¡ en lugar de sueños espirituales!
  3. Satán representa la sabiduría perfecta, ¡en lugar del auto engaño hipócrita!
  4. Satán representa amabilidad hacia quienes la merecen, ¡en lugar del amor malgastado en ingratos!
  5. Satán representa la venganza, ¡en lugar de ofrecer la otra mejilla!
  6. Satán representa consideración hacia el responsable, ¡en lugar de vampiros psíquicos!
  7. Satán representa al hombre como otro animal, algunas veces mejor, la mayoría de las veces peor que aquellos que caminan en cuarto patas, el cual, por causa de su "divino desarrollo intelectual"¡ se ha convertido en el animal más vicioso de todos!
  8. Satán representa todos los llamados "pecados", ¡mientras lleven a la gratificación física, mental o emocional!
  9. Satán ha sido el mejor amigo que la Iglesia siempre ha tenido, ¡ya que la ha mantenido en el negocio todos estos años!

La diatriba de “El Anticristo”

Las “Nueve declaraciones satánicas” de Lavey recuerdan, como un eco, algún aspecto de la obra de Friedich Nietzsche, y de su diatriba final en "El Anticristo":

"Yo quiero escribir sobre todas las paredes esta eterna acusación contra el cristianismo, allí donde haya paredes; yo poseo una escritura que hace ver aun a los ciegos... Yo llamo al cristianismo la única gran maldición, la única gran corrupción interior, el único gran instinto de venganza, para el cual ningún medio es bastante venenoso, oculto, subterráneo, pequeño; yo la llamo la única inmortal vergüenza de la humanidad.

¡Y se computa el tiempo partiendo del dies nefastus con que comenzó esta fatalidad, desde el primer día del cristianismo! ¿Y por qué no mejor desde su último día? ¿Desde hoy? ¡Transmutación de todos los valores!..."

"Guerra A Muerte Contra El Vicio: El Vicio Es El Cristianismo"

  • Artículo primero: Viciosa es toda especie de contra naturaleza. La especie más viciosa de hombre es el sacerdote: el enseña la contra naturaleza. Contra el sacerdote no se tienen razones se tiene presidio.
  • Artículo segundo: Toda participación en un servicio divino es un atentado contra la moralidad pública. Se será más duro contra los protestantes que contra los católicos, más duro contra los protestantes liberales que contra los protestantes ortodoxos. Lo que hay de criminal en el ser cristiano crece en la medida en que uno se aproxima a la ciencia. El criminal de los criminales es, por consiguiente, el filósofo.
  • Artículo tercero: El lugar maldito en que el cristianismo ha encovado sus huevos de basilisco será arrasado, y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En él se criarán serpientes venenosas.
  • Artículo cuarto: La predicación de la castidad es una incitación pública a la contra naturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, toda impurificación de la misma con el concepto de “impuro” es el auténtico pecado contra el espíritu santo de la vida.
  • Artículo quinto: Comer en la misma mesa con un sacerdote le hace quedar a uno expulsado: con ello uno se excomulga así mismo de la sociedad honesta. El sacerdote es nuestro chandala, - se le proscribirá, se lo hará morir de hambre, se lo echará a toda especie de desierto.
  • Artículo sexto: A la historia “sagrada” se la llamará con el nombre que merece, historia maldita; las palabras “Dios”, “redentor”, “santo”, se las empleará como insultos como divisas para los criminales.
  • Artículo séptimo: El resto se sigue de aquí.

Haz lo que quieras

Lavey utiliza una idea que habría de ser el “lema” o “leit motiv” de su Iglesia, se trata del “haz lo que quieras” ("do what thou wilt"), ese lema pretende ser, en manos de Lavey, la reivindicación de lo humano frente a lo divino, con lo cual vuelve a reiterar su reconocimiento de lo divino.

Ese “haz lo que quieras" de Lavey tiene un doble significado, por una parte el de rebelión –ignorar y despreciar los comportamientos prescritos por la divinidad-. Por otra parte tiene un significado egótico, dado que indica o presume que cada individuo si puede y quiere hacer algo, pues… lo hace, prescindiendo de valoraciones de índole moral, especialmente en relación a las consecuencias que de sus acciones puedan derivarse para otros.

Al margen de ese contenido, el grado de originalidad que tiene el lema estricto de “haz lo que quieras” en manos de Lavey es relativo, antes que él cabe recordar a Aleister Crowley y a Françoise Rabelais, y a una palabra: thelema.