A lo largo de su vida ha explorado casi todos los formatos en los que es posible plasmar el arte. Pionero en el desarrollo de blogs de contenido cultural, ha configurado una personalidad poliédrica que se sostiene en un inagotable caudal de conocimiento e inquietudes. En esta segunda parte de la entrevista iniciada la semana pasada, las reflexiones sobre sus hijos –también escritores-, sobre el trabajo diario en el Heraldo de Aragón y en Aragón TV y sobre su compromiso con la cultura permiten sondear un universo fértil y diverso en el que lo trascendental se manifiesta en los pequeños detalles. La música, la amistad, las lecturas íntimas, el deporte… y los seres queridos que se fueron, como José Antonio Labordeta o más recientemente Félix Romeo.

Desde hace cinco años dirige el programa cultural Borradores en Aragón TV. Se trata casi de una excepción dentro del panorama televisivo español. ¿Qué lecciones ha aprendido de su experiencia televisiva?

La televisión ha sido una experiencia maravillosa. Llevamos casi 280 programas y por Borradores han pasado celebridades, gente conocida, gente menos conocida y muchos debutantes. He aprendido mucho de todos: desde el escalofrío y el temblor del primerizo hasta la humanidad y a veces la suficiencia del consagrado. Y he aprendido sobre todo que hay que trabajar y trabajar, hacerlo lo mejor que se pueda, ser honesto al máximo, creer en la televisión pública y en la cultura, porque nunca sabes quién te ve. Y he tenido un equipo extraordinario: ellas, sobre todo son chicas, me decían que cada programa era como un máster para ellas, y también lo es para mí desde el punto televisivo. He hecho y hago Borradores, como quien quiere contagiar algo, como quien hace proselitismo. Y no tengo ninguna vocación elitista.

Muchos destacan en usted su conocimiento enciclopédico de las materias más diversas: literatura, cine, fotografía, pintura, boxeo, fútbol, ciclismo…

Es pasión por la vida, por las cosas, por el arte, la creación, pero en realidad sé muchas menos cosas de lo que quisiera. Y eso me hace sentir muy inseguro. Lo que me distingue es la curiosidad: a veces me extravío y me pierdo porque siempre hallo, ante cualquier incitación, una encrucijada... de la que no me es fácil volver o sencillamente salir.

¿Existe tanta calidad entre los escritores aragoneses como se suele pregonar desde Aragón, o en ocasiones es un exceso de autoestima colectiva y corporativista?

No sé si existe tanta calidad, existe calidad. Voces distintas, algunos libros interesantes, mundos que se van fraguando poco a poco. La prueba de que no es narcisismo corporativo es que más de veinte escritores aragoneses están publicando en diversos sellos nacionales y algunos con mucho éxito: Ignacio Martínez de Pisón, Tomeo, Soledad Puértolas, Conget, Javier Sebastián, Manuel Vilas, Ramón Acín, Ismael Grasa, Daniel Gascón, Ana Alcolea, Daniel Nesquens, Begoña Oro, Fernando Lalana, Ferrer Lerín, Fernando Sanmartín, Julio José Ordovás, Agustín Sánchez Vidal, Cristina Grande, Magdalena Lasala, Ángeles de Irisarri, David Lozano, José Luis Corral... La lista podría ser un poco más larga todavía.

Es escritor y padre de escritores, Daniel Gascón y Aloma Simpé. ¿Dígame cuál es la fórmula para que nuestros hijos salgan escritores o al menos buenos lectores?

No existe fórmula. Daniel fue siempre muy lector: parecía que ya desde niño iba a ser escritor. Publicó su primer texto, El barco fantasma, a los ocho años. Es un escritor muy formado que mezcla la reflexión, el pensamiento crítico, con la ficción. Con Aloma se produjo la sorpresa: nunca pensé que fuese a ser escritora; empezó a alimentar un blog y muchos amigos, antes que yo incluso, vieron que tenía una voz muy personal y próxima. Así nació su libro París tres, el relato de una estudiante en París. Ninguno de los dos se parece a mí en nada.

¿De dónde saca tanto tiempo para leer, trabajar en la sección de cultura de Heraldo de Aragón, dirigir el programa Borradores en Aragón TV, actualizar diariamente su blog, escribir nuevas novelas, relatos y colaboraciones en infinidad de revistas, estudios y libros? Su actividad es verdaderamente frenética y da la impresión de que no habla de ningún libro que no haya leído previamente.

Del tiempo no sé nada. Duermo muy poco. Incluso en la cama me desvelo y leo de noche. Tengo mala conciencia por no llegar a todos los libros y eso me tiene un poco en tensión y en alerta. Y desde luego intento llegar a todos los libros de los que hablo. Me parecería una falta de respeto hablar de algo de lo que no sabes nada. En cualquier caso, si hay algún secreto es que todo me interesa. Y a veces ese interés me esclaviza. Soy un mal marido y un mal padre.

¿Cuánto libros lee cada mes?

No lo sé con certeza. Soy muy lector de poesía, y eso te permite leer algunos más. Soy lector de literatura infantil, y hay veces que lees dos o tres por lo menos. Leo biografía y novela, y hay muchos libros que son lecturas profesionales. Leo siempre con bolígrafo y papel, eso sí.

¿El último autor que le ha impresionado?

Me ha impresionado el libro La flecha en el aire de Ismael Grasa: lo conozco, somos amigos, pero cuánta sabiduría, cuánta sensatez hay en ese libro. Y me gustó mucho un escritor como Mathias Enard. Me impresionan escritores todos los días: soy muy impresionable. Pero quizá el escritor que más me haya deslumbrado últimamente haya sido el periodista Manuel Jabois.

¿Sería capaz de decirme un libro que no terminó de leer?

Algunos. O quizá muchos. Por ejemplo, las novelas largas de Kafka. Me gusta La metamorfosis y sus cuentos, pero no El castillo o El proceso. Y algunas ficciones de Beckett.

¿Se atreve a aventurarme el nombre de un futuro gran escritor?

Ya es un gran escritor, pero será un maestro del futuro: Andrés Neuman.

Le tengo que preguntar, obligatoriamente, por Félix Romeo, fallecido el pasado mes de octubre.

Félix Romeo ha sido un gran amigo, como un hermano, como mi sexto hijo, alguien de la familia. Mi propia historia como periodista y como escritor está vinculada a él. Era una máquina del conocimiento y de la sensibilidad. Tenía un infinito sentido de la amistad. Sabía de todo. Él sí que sabía de todo. Era un pensador, un polemista, un sabio, un curioso, un lector voraz. Parece que viviese varias vidas mientras los demás solo vivíamos una. Y nos ha dejado una obra literaria breve, pero muy personal y sólida. Era la primera persona que hacia las dos de la madrugada me mandaba un correo o un sms para decirme que había estado al pie del cañón en Borradores. Sinceramente, no he conocido a nadie tan volcado con sinceridad hacia la obra de los demás: le interesaban todos los autores del mundo. Le interesaba la vida, el amor, el sexo, la comida, los viajes, el arte. Te arropaba siempre.