La anorexia nerviosa es un trastorno de la alimentación caracterizado por la pérdida excesiva de peso debido a la decisión voluntaria del afectado. Este adelgazamiento se logra de diversas formas, bien con dietas severas o ejercicio excesivo, o bien con el uso de laxantes, diuréticos y recurriendo a vómito autoinducido. Se estima que la mitad de los pacientes con anorexia también sufren episodios bulímicos. Existen diversas causas susceptibles de convertirse en un desencadenante de la anorexia.

La anorexia tiene su máxima expresión entre mujeres jóvenes entre los 14 y los 18 años, aunque esa edad se va reduciendo actualmente. El perfil de la persona anoréxica se corresponde con alguien que siente un miedo intenso a engordar. Al contrario de la persona bulímica, que suele ser consciente de su problema y lo lleva en secreto, la anoréxica vive en la autonegación; no es consciente de su problema. Su relación con la comida se torna obsesiva, tratando de ingerir el mínimo posible de calorías. Se considera que la enfermedad, cuando dura más de 12 años, es prácticamente incurable. También el índice de mortalidad se eleva considerablemente cuantos más sean los años que el enfermo padezca de anorexia.

Síntomas de la anorexia nerviosa

La anorexia se caracteriza por una pérdida de peso significativa que provoca el propio enfermo en virtud de visión distorsionada del propio cuerpo. Las consecuencias más inmediatas se dejan ver en un espacio de tiempo relativamente corto. Los síntomas más habituales que determinan la presencia de la anorexia son el rechazo a mantener un peso adecuado a la edad y la talla del afectado, el miedo a engordar incluso cuando se está por debajo del peso mínimo recomendable, la percepción distorsionada del físico, desarreglos menstruales o ausencia de menstruación, así como otros síntomas como el estreñimiento, vómitos, dolores abdominales y otros.

Otros síntomas que pueden observarse con el objeto de detectar la enfermedad lo antes posible tienen que ver con una preocupación desmesurada por las calorías que se ingieren o dietas severas que no se corresponden con sus necesidades reales, una constante sensación de frío, hiperactividad o un comportamiento obsesivo relacionado con la propia imagen, el peso, los estudios o el deporte.

Esta situación genera en la persona anoréxica una serie de rasgos como la depresión, la irritabilidad o diversos trastornos emocionales y de la personalidad. Las consecuencias, a la larga, también se manifiestan en su forma clínica. Entre estos síntomas destacan las arritmias, disminución de las pulsaciones cardiacas, hipotensión, anemia, amenorrea, disminución de la masa ósea y de la motilidad intestinal, deshidratación, problemas dentales, uñas quebradizas o deshidratación.

Diagnostico de la anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa se diagnostica, en general, atendiendo a las consecuencias de la misma, como puede ser una pérdida de peso excesiva o a los síntomas psicológicos que caracterizan a una persona anoréxica.

En todo caso se intentará averiguar las causas de la anorexia. Para ello se procederá a una entrevista con el afectado así como con su entorno familiar más próximo. Se revisará su historial clínico y se prestará atención a los antecedentes familiares. También se procederá a una exploración física y se evaluará el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y la frecuencia respiratoria. Otras pruebas que pueden llevarse a cabo incluyen hemograma, bioquímica y otras.

Tratamiento de la anorexia nerviosa

El objetivo fundamental que se persigue con el tratamiento consiste en corregir los hábitos alimentarios así como los trastornos psicológicos. La recuperación del peso, conviene señalar, no significa que la curación ya sea un hecho. Se trata de una enfermedad psiquiatrica y debe tratarse como tal. En este sentido se contemplan tres aspectos esenciales: a ser posible, la detección precoz de la enfermedad, lo que implicará un porcentaje más elevado de éxito. Eso se traduce en que los médicos de atención primaria deben ser conocedores de esta sintomatología y seguir los protocolos establecidos. El segundo aspecto tiene que ver con la coordinación entre los servicios sanitarios implicados, esto es; psiquiatría, endocrinología y pediatría. Y el tercer aspecto consiste en el seguimiento del paciente una vez ha sido dado de alta.

Cuando se producen hospitalizaciones, estas suelen ser prolongadas, circunstancia que afecta a la persona anoréxica, ya que se ve desconectada de su entorno y puede verse afectado su desarrollo normal, como en cualquier adolescente. Siempre que sea posible deben primar los tratamientos ambulatorios, aunque no siempre podrá ser. Eso sucederá cuando la desnutrición sea muy grave, cuando las relaciones familiares estén profundamente dañadas y el aislamiento sea el mal menor o cuando las alteraciones psíquicas se hayan agravado notablemente.

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