Telefónica tiene un precio objetivo por fundamentales de 19 euros por acción. Jazztel ofrece un potencial de revalorización del 120 por ciento en el plazo de un año. Compre esto, no toque aquello, apueste por lo de más allá. A diario se pueden encontrar por todas partes miles de recomendaciones de este tipo sobre todos y cada uno de los valores de la Bolsa. Algunas incluso contradictorias. Son valoraciones que el común de los mortales da por buenas sin más.

Sólo en algunas ocasiones se ponen en duda los precios objetivos fijados por las distintas firmas. Muchas de estas valoraciones, exorbitantes y fuera de lugar, son producto de la fantasía de analistas descuidados, poco profesionales o poco formados, más que fruto del estudio riguroso de la compañía y su entorno. Pero… ¿cómo un analista puede fijar el valor real de una compañía? ¿Qué herramientas utiliza para fijar acertadamente un precio objetivo y no quedar como un vendedor de ilusiones? En primer lugar, hay que señalar el trabajo del analista no es una ciencia exacta y como tal está expuesto a un margen de error.

Análisis técnico

En el mercado conviven dos tipos de análisis. De un lado, el análisis técnico. Esta herramienta es la más habitual entre los inversores de calle por su rapidez y manejabilidad. No es necesario tener conocimientos profundos de ninguna ciencia y la información necesaria se encuentra al alcance de la mano de cualquiera. La filosofía de este sistema descansa en el principio de que los precios se mueven por tendencias. Se trata de conocer el comportamiento pasado del valor para descubrir la dirección que seguirá en un futuro inmediato.

El buen analista es aquél que es capaz de anticipar la evolución del valor o del mercado y actuar en consecuencia con la máxima rapidez. Al igual que cada maestrillo tiene su librillo, cada analista técnico utiliza diferentes criterios que se ajustan a su propia filosofía y experiencia. Entre los habituales del mercado, el sistema más empleado es el de las medias móviles, tanto por su facilidad de manejo como por su sencillez. Su uso se ha expandido con rapidez por su comodidad que ofrece a la hora de programarse en ordenadores. Sirven, además, como base de cálculo a otros muchos sistemas. Una media móvil consiste en un conjunto de valores, ya sean precios o volúmenes, durante un período determinado. A medida que se incorpora un dato, desaparece el primero.

La longitud del período elegido determinará el plazo con el que se puede seguir el mercado. Así, una media de 20 días permite operar a corto plazo, una media de 20 a 70 sesiones facilita un seguimiento a medio plazo y una media que oscile entre 100 y 250 sesiones resulta ideal para seguir tendencias y mercados a largo. Entre los expertos técnicos existe un sinfín de indicadores que permiten vislumbrar el comportamiento futuro, cada uno con distinto fin y mayor o menor dificultad. Entre ellos destacan, el denominado indicador de momento, el estocástico, el índice de fuerza relativa (RSI) o el indicador de convergencia/divergencia de medias móviles.

El primero de estos mide la inclinación con la cual un valor asciende o desciende y se calcula tomando la diferencia entre los precios en un determinado intervalo de tiempo. El estocástico, por su parte, se basa en la ley no escrita de que cuando los precios aumentan, el precio de cierre tiende a estar próximo al máximo del día, y cuando los precios bajan, tienden a estar cerca del mínimo del día.

Análisis fundamental

Del otro lado de la balanza se encuentra el análisis fundamental. Su utilización parte de la idea de que el mercado se moverá por un criterio racional en la valoración de las empresas. El análisis fundamental busca una rentabilidad a largo plazo, mientras que el análisis técnico suele atender al corto. El análisis fundamental se emplea para valorar tanto el mercado como las compañías cotizadas con el fin de conocer su precio teórico u objetivo. Se puede definir como el estudio de toda la información financiera disponible en el mercado que afecta a los valores y al propio mercado. No sólo la evolución pasada de los precios, como en el caso del análisis técnico, sino también todos los aspectos que rodea el comportamiento global y de gestión de una sociedad.

Los expertos han de contemplar la existencia de numerosas variables ajenas al analista que afectan al resultado obtenido y obligan a modificar constantemente las estimaciones realizadas por éste, lo cual a veces llega a desorientar a los inversores.

Entre otras variables en el análisis fundamental se utilizan los múltiplos–comparación entre empresas en relación con su situación en un período determinado, con el mercado o con su propia historia– o los ratios –que no son más que números, por lo que necesitan una interpretación, no sólo del dato obtenido sino enmarcado dentro de un análisis global de la compañía–. Los ratios más utilizados son los de balance, que permiten estudiar la evolución a corto plazo de la sociedad analizada, los ratios de cuenta de resultados, por medio de los cuales se obtiene una media de la rentabilidad de la empresa y los ratios por acción y de mercado, que se utilizan para comparar acciones que cotizan a precios distintos. Dentro de estos últimos se encuentra el PER –uno de los ratios preferido por los analistas-. El PER es número de veces que la cotización de un valor contiene el beneficio por acción o lo que el lo mismo la relación precio-beneficio.