La relación entre los antiguos egipcios y el reino animal fue estrecha e intensa. No solo los propios faraones eran comparados con animales que se consideraban poseedores de ciertas características, como el león, símbolo de fortaleza y majestuosidad; si no que sus deidades eran representadas como seres humanos con cabeza o algunos rasgos de animales, como Horus, dios del sol de la mañana, representado con cabeza de halcón, por lo que esta ave era considerada su encarnación viva.

Mascotas del Antiguo Egipto

Los perros y los gatos se presentaban ya, aparte de como cazadores de presas y ratones, como animales de compañía. Se han encontrado momificaciones de estos dos tipos de mascotas enterrados junto a sus dueños.

Los egipcios fueron los primeros criadores de perros. Esta actividad se centraba especialmente en cuatro razas: el Lebrel de Dalmacia, de origen nubio, un tipo de dingo, un moloso y un tipo de perro de guardia. Los cánidos se relacionaban con los difuntos, posiblemente por su costumbre de vagar por los cementerios por las noches. En la ciudad de Abydos se rendía culto a una deidad llamada Khentementin, representado por un perro.

Los gatos eran animales sagrados, tanto que en las luchas con los persas, los egipcios se rendían si sus adversarios los llevaban en sus escudos. En el antiguo Egipto el gato no poseía nombre, si no que se nombraba mediante su onomatopeya Miw. Estaba prohibido su asesinato y sacarlos del país.

Si caían enfermos se les daban los mismos cuidados que a los niños, y tras su muerte los dueños se vestían de luto. Era normal momificarlos y enterrarlos, o junto a sus dueños o en un cementerio de gatos.

El más grande se encontraba en la ciudad de Bubastis, cuyo significado es “Mansión de Bastet”. La diosa gata Bastet, divinidad principal durante la XXII dinastía era la protectora de la familia y del hogar, patrona del placer, la feminidad, la alegría, la música y la danza.

Animales domesticados en el Antiguo Egipto

La carne formaba parte de la alimentación egipcia. A parte de los rebaños de cabras, corderos o las piaras de cerdos, se criaban en cautividad animales salvajes como antílopes, gacelas, ciervos, cabras montesas, oryx, búfalos, íbices, garzas reales o incluso hienas.

En diferentes juegos se utilizaban monos, perros y gatos. Para el transporte se valían de los burros, asnos y bueyes. Los mejores cazadores eran los perros, también llevados en ocasiones a la guerra junto con los caballos.

Mientras algunas especies de aves, como las codornices, se encontraban en estado salvaje y eran atrapadas con redes y trampas, otras se desenvolvían en el entorno doméstico, como patos, ocas, gansos, palomas y tórtolas, a los que más tarde se añadirían los gallos, se duda si en la Época Persa o en la Ptolemaica.

La pesca se practicaba mediante redes y arpones. Sin embargo, no hay indicios de que los egipcios llegaran a conservar o a criar peces en cautividad.

Otras especies en el Antiguo Egipto

Por su naturaleza salvaje y peligrosa, los egipcios temían a un gran número de animales. Por su proximidad, cabe destacar a los hipopótamos y los cocodrilos, sin olvidar a los grandes felinos: leones, panteras, chacales... Y, sin duda, a las traicioneras serpientes, como boas, pitones, víboras o cobras. Sin olvidar, por supuesto, a las plagas de insectos.

Lobos, linces, guepardos, mangostas, mandriles, venados, liebres, ratones, murciélagos, camaleones, culebras, erizos, avestruces, buitres, halcones, milanos, lechuzas, ánades, golondrinas, gorriones, alimoches, avefrías, musarañas, lagartijas, ranas o tortugas, complementan el amplio espectro de la fauna presente en el antiguo Egipto .