El año pasado, en el marco de la 43ª edición del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, celebrado en Sitges se exhibió una película llamada A serbian film, ópera prima del director serbio (y valga la redundancia) Srjdan Pasojevic centrada en la historia de un actor porno venido a menos que, para sacar adelante a su familia acepta un trabajo del que no conoce los pormenores, viéndose envuelto inmediatamente en una espiral de violencia y sexo mayoritariamente no consentido.

El director del Festival es acusado de exhibición de pornografía infantil

No obstante, una vez terminado el Festival, saltó la gran noticia: La Fiscalía de Barcelona había decidido denunciar de oficio al director del mismo, el periodista y crítico cinematográfico Ángel Sala, por exhibición de pornografía infantil, ya que en la película citada se pueden ver escenas durísimas de sexo con menores e incluso una secuencia terrible en la que un recién nacido aún ensangrentado es penetrado por un adulto.

Pero, ¿es la exhibición de dichas imágenes, terribles pero ficticias, un delito equiparable al cometido por las redes pedófilas? Críticos cinematográficos, cinéfilos de todo el mundo, fans del cine fantástico y otros grupos están bastante convencidos de que la respuesta a esa pregunta es no y, aunque la demanda de la Fiscalía ha sido admitida a trámite por el Juzgado de Instrucción número 8 de Vilanova i la Geltrú, muchos consideran que se trata de un caso de censura y de un atentado a la libertad de expresión.

Realidad, ficción y la diferencia entre ambas

La denuncia presentada por la Fiscalía se basa en la existencia de un artículo del Código Penal que permite gravar con penas de entre tres meses y un año de cárcel a aquellos que distribuyan imágenes pornográficas en las que se utilicen voces de menores, pero la mayoría de los que se muestran contrarios al proceso dicen que, aplicando este tipo de leyes al pie de la letra, se podría imputar a muchas películas y otras creaciones en las que hay escenas sexuales que implican o fingen implicar a menores.

De hecho, las obras que tratan las relaciones sexuales con menores son muchas y muy variadas. Las encontramos en abundancia en el mundo de la literatura, en obras como Lolita, de Nabokov, o El Amante, de Marguerite Duras, y en el cine, donde el sexo con menores dista mucho de ser un tema tabú. Y si el problema no es la temática sino la dureza de las imágenes, quizás cabría recurrir a aquel "es sólo una película" con el que Wes Craven se defendía en la época en que estrenó La tercera casa de la izquierda.

La necesidad de distinguir realidad de ficción y de no aplicar las mismas penas a una y otra predomina entre los críticos del proceso judicial.

Grupos de apoyo a Ángel Sala

En Facebook se ha abierto un grupo en contra de la denuncia a Sala, en Twitter ha empezado una conversación sobre el tema y muchas páginas web dedicadas al séptimo arte se han posicionado al respecto, calificando la decisión de la Fiscalía y del Juzgado de vergonzosa.

Además, el respaldo al director del Festival de Sitges es general entre los miembros de la industria cinematográfica española, especialmente entre los directivos de otros festivales, que han firmado un manifiesto en el que, además de su apoyo al acusado, se preguntan por qué el imputado ha sido Sala y no los creadores de la película.

En definitiva, es muy posible que A Serbian Film no sea una obra maestra. De hecho, la mayoría de críticas apuntan a que se trata de una película que aunque empieza bien, va perdiendo ritmo y sentido a medida que avanza. Pero lo cierto es que se trata de una obra de ficción y la insistencia de la Justicia española en evitar que se distribuya le está dando publicidad extra a la vez que solivianta a los exhibidores y a los espectadores.