Los anfibios representan el gran cambio evolutivo que supuso la adaptación a la vida terrestre de los animales vertebrados. Los paleontólogos están de acuerdo en el origen de los anfibios hay que buscarlo en los peces. No obstante, el debate sigue abierto en cuanto a las tres posibles especies de las que evolucionaron; los peces pulmonados o dipnoos, los celacantos o actinistíos o los extintos ripidistios, siendo estos últimos donde hay mayor consenso en cuanto al posible origen de los anfibios. El anfibio más antiguo del que se tiene constancia es el Ichthyostega, que vivió durante el Devónico, en lo que hoy es Groenlandia, hace unos 370 millones de años.

A diferencia del resto de los vertebrados, los anfibios se caracterizan por la transformación que experimentan durante su desarrollo. Este cambio recibe el nombre de metamorfosis. En la actualidad se estima que existen unas 4.300 especies de anfibios clasificados en 3 grandes grupos.

Clasificación de los anfibios

La clase Amphibia se divide en tres órdenes: apoda, caudata y anura.

El orden apoda o Gymnophiona se compone de una única familia; los cecílidos. Son anfibios sin miembros, en forma de anguila. Algunos de sus miembros poseen membranas mesodermales.

El orden caudata posee una cola bien desarrollada. Su apariencia se asemeja a una lagartija y sus patas, aunque bien desarrolladas son cortas con relación a su cuerpo. Existen unas 550 especies. Un ejemplo representativo es la salamandra.

Los anuros, representados por las ranas y los sapos, carecen de cola y presentan un cuerpo ensanchado. Conforman el grupo más numeroso de anfibios, con más de 5.000 especies repartidas en 48 familias.

Sistema digestivo y excretor de los anfibios

El sistema digestivo de los anfibios es bastante similar en los tres grupos, y con características mucho más cercanas al resto de los invertebrados que a los peces. La aparición de la lengua es un factor determinante en el reino de los anfibios, sobre todo en algunos grupos para los que es esencial en la captura de sus presas, a pesar de que algunas especies de anuros carecen de ella. Los dientes están presentes en algunas especies, pueden ser reemplazados varias veces a lo largo de su vida (rasgo que comparten con los peces y reptiles), son indiferenciados y no tienen otra función que la de sujetar a sus presas.

El esófago de los anfibios es ancho y corto. Este desemboca al estómago, que puede ser en forma de saco o, simplemente, un tubo. En algunas especies existen válvulas para evitar el retroceso del alimento. El intestino es un tubo recto que termina en la cloaca, donde van a parar las secreciones de los órganos reproductores y la orina. El hígado y el páncreas secretan sus productos hacia el duodeno, donde se lleva a cabo la digestión de un modo muy parecido a los vertebrados superiores.

Los anfibios son animales ureotélicos; es decir, excretan urea. La piel también juega un importante papel respecto a la excreción, ya que en la respiración se pierde agua junto a dióxido de carbono.

Sistema respiratorio de los anfibios

El aparato respiratorio de los anfibios es, tal vez, uno de los aspectos más peculiares. No poseen un solo sistema de respiración, sino varios, y estos pueden ir modificándose a lo largo de su vida. Las larvas presentan un tipo de respiración branquial similar a los peces, aunque a diferencia de estos, son externas. La respiración cutánea es otro aspecto fundamental en la vida de los anfibios. Superada la metamorfosis aparece la respiración pulmonar, coexistiendo con la respiración cutánea y bucofaríngea.

La respiración cutánea es posible gracias a la humedad que siempre mantienen los anfibios, circunstancia que permite el intercambio gaseoso entre los capilares sanguíneos y el medio exterior.

Los pulmones presentan distintos grados de desarrollo según las especies. La fisiología y morfología de los anuros se asemeja bastante a los vertebrados superiores. No obstante, y en general, el modelo difiere considerablemente; ya que los vertebrados superiores utilizan la musculatura de la caja torácica, mientras que los anfibios, al carecer de ella, captan el aire por los movimientos de la base de la boca. De este modo, cuando esta desciende, entra el aire por los orificios nasales. Con la boca cerrada y con otro movimiento activo de la boca el aire es empujado hacia los pulmones.

Sistema circulatorio de los anfibios

El sistema circulatorio de los anfibios se distingue por el doble circuito, a diferencia del circuito lineal característico de los peces. La sangre de los anfibios es un tipo de plasma incoloro en el que se distinguen tres tipos de células; eritrocitos, leucocitos y plaquetas. Los eritrocitos (glóbulos rojos) son los encargados de suministrar el oxígeno a los tejidos y expulsar el dióxido de carbono. Los leucocitos (glóbulos blancos) se encargan de eliminar las células muertas y bacterias, así como de la producción de anticuerpos. Las plaquetas, por su parte, tienen como función el mantenimiento y reparación de los vasos sanguíneos.

El corazón de los anfibios presenta una notable variabilidad. Modificado a partir de los peces, el corazón presenta tres cámaras; dos de entrada y una de salida. Las diferencias morfológicas están relacionadas con la importancia que pueda tener la respiración cutánea o pulmonar. En la descripción de las cámaras del corazón nos encontramos en primer lugar con las aurículas; sacos con paredes delgadas y separadas por un septum interarial. El seno venoso, que se abre en la aurícula derecha, es el encargado de recibir la sangre sistémica que, posteriormente bombea a los pulmones vía arterial. En el proceso inverso, cuando la sangre proviene de los pulmones, esta llega a aurícula izquierda, desde donde es bombeada al organismo a través del cono arterioso.

Si el artículo te ha parecido interesante ayuda a su difusión con un clik en "me gusta".

Podéis seguir mis artículos en Twitter.