La anfetamina es un derivado de la "Beta-fenil-isopropil amina". Se trata de una droga adictiva y neurotóxica, siendo las más utilizadas la dexedrina, la benzedrina o la metilanfetamina. Las anfetaminas son estimulantes potentes que disminuyen la sensación de fatiga, empleándose inadecuadamente en deportes, en la reducción de peso o como sustituto de la cocaína para obtener una sobreexcitación, tanto para ejecutivos, amas de casa o estudiantes que pretenden un mayor rendimiento en época de exámenes.

Las anfetaminas aparecieron en la década de 1930, en principio, para tratar afecciones como los catarros o la fiebre del heno. Posteriormente se descubrió su efecto sobre el sistema nervioso. Ya por entonces empezaron a utilizarse como adelgazantes o en los conflictos bélicos para superar el cansancio y mejorar el rendimiento en la batalla.

Empleo de las anfetaminas

Las anfetaminas se emplearon, como se ha dicho, para catarros, congestiones nasales, así como para combatir el mareo o contra la depresión. Actualmente, y bajo estricto control médico, se utiliza en el tratamiento de los muy raros casos de narcolepsia o el síndrome de fatiga crónico. En los niños también se emplea ocasionalmente para tratar depresión, obesidad patológica, daños cerebrales leves o, combinada con dextroanfetamina, para los trastornos de déficit de atención con hiperactividad, aunque en este último caso se ha observado que más del 20% de los casos no responden a este tratamiento.

Su mayor empleo, no obstante, tiene más que ver con propósitos lúdicos o recreativos, así como aspectos estimulantes relacionados con actividades físicas, como inhibidores del apetito o excitantes enfocados a diferentes objetivos.

Consecuencias y efectos de las anfetaminas

Los efectos producidos por las anfetaminas son parecidos a los de la cocaína, aunque su acción está condicionada por el propio individuo, la cantidad, el ambiente y otras circunstancias. Hay que considerar que la ingesta de alcohol potencia los efectos indeseables de las anfetaminas, por lo que supone un riesgo añadido.

En general, el efecto psicológico más inmediato es la euforia, un estado de alerta constante, locuacidad, una gran confianza en uno mismo y un estado de mayor agresividad. Su consumo de modo continuado puede dar lugar a cuadros psicóticos, delirios persecutorios, inquietud, alucinaciones, convulsiones, irritabilidad, delirios paranoides, depresión reactiva o, en el peor de los casos, la muerte.

En lo que respecta a los efectos fisiológicos destaca la taquicardia, agitación, insomnio, temblores, sequedad de la boca, inapetencia, pupilas dilatadas, sudoración, hipertensión, cefaleas, vértigos o diarrea, entre otros. Su consumo prolongado puede acarrear agotamiento severo, piel seca, colapso circulatorio, úlceras, insuficiencia cardiaca, arritmias, trastornos digestivos o desnutrición, en este caso asociada a la pérdida de apetito provocada por las anfetaminas.

Las anfetaminas generan un importante síndrome de abstinencia cuando se quiere prescindir de las mismas, presentando cuadros graves de depresión, letargo y cansancio, por lo que son habituales las recaídas.

Las anfetaminas y la pérdida de peso

El empleo de las anfetaminas para adelgazar todavía no está prohibido en algunos países, aunque en la mayoría se considera un tratamiento obsoleto y peligroso. Si bien en un primer momento, sus propiedades anoréxicas, hicieron de las anfetaminas un medicamento interesante para perder peso, con posterioridad, al descubrir su efecto adictivo y sus importantes efectos secundarios, se desestimó su utilización para este fin. En el caso de utilizarse, solo se emplea como coadyuvante, es decir, se utilizará únicamente en el inicio de la dieta para que el paciente se acostumbre a los nuevos hábitos alimenticios, siendo su uso discontinuado, solo durante unas pocas semanas y nunca subiendo la dosis prescrita. También hay que tener en cuenta que no todas las personas pueden ser candidatas a la utilización de las anfetaminas con fines dietéticos.

Dosis de anfetaminas

La dosis habitual de anfetaminas oscila entre los 10 y los 90 mg. al día, dependiendo del trastorno que deba tratarse. En niños mayores de 6 años la dosis recomendada es de 2.5 a 5 mg. por vía oral cada 12 o 24 horas, mientras que en personas adultas, la dosis será de 5 a 20 mg. también por vía oral cada 8 a 24 horas.

Se considera que una dosis letal ronda los 750 mg. aunque cabe decir que se han descrito casos con desenlaces fatales a dosis más bajas, por ejemplo con poco más de 100 mg. en individuos sin tolerancia a las anfetaminas.