Los aneurismas en el cerebro se producen cuando hay un área debilitada en la pared de un vaso sanguíneo. Pueden ser pequeños, de apenas unos pocos milímetros, o superar los 2 centímetros, como en el caso de los aneurismas sacciformes gigantes, que son más habituales en las personas adultas. Generalmente no presentan sintomatología alguna hasta que adquieren cierto tamaño; entonces empiezan a sangrar o se rompen.

Los aneurismas pueden estar presentes desde el nacimiento –congénitos– o pueden desarrollarse a lo largo de la vida, en ocasiones debido a otras afecciones colaterales, como puede ser un traumatismo, la aterosclerosis o una infección. Los aneurismas pueden ser hereditarios, sobre todo el tipo de aneurisma sacciforme múltiple.

Etiología del aneurisma cerebral

Un alto porcentaje de los aneurismas cerebrales son congénitos, debidos a ciertas anormalidades en las paredes de los vasos sanguíneos. Son habituales en las personas con enfermedades genéticas, como los trastornos del tejido conjuntivo u otros trastornos circulatorios.

Las lesiones craneanas, la hipertensión, infecciones, tumores, aterosclerosis y otras enfermedades del sistema vascular, así como el tabaquismo y el abuso de drogas son factores, todos ellos, susceptibles de generar un aneurisma cerebral. En el caso de las drogas, la cocaína, consumida con asiduidad, tiene el poder de inflamar los vasos sanguíneos y aumentar considerablemente el peligro de desarrollar un aneurisma cerebral. También existe un debate abierto entre algunos investigadores sobre la posibilidad de que los anticonceptivos orales incrementen el riesgo de desarrollar aneurismas, de igual modo que hay otras corrientes que sostienen justo lo contrario.

Las infecciones producidas en las paredes arteriales, conocidos como aneurismas micóticos, son otros de los factores de riesgo. También el cáncer, sobre todo los tumores en la cabeza o cuello, está relacionado con la aparición de un aneurisma.

Tipos de aneurisma cerebral

Los aneurismas cerebrales pueden clasificarse por tipos o tamaños. Por lo que respecta a los tipos se distinguen tres: el aneurisma sacular, que consiste en una especie de saco que está unido a la arteria o vaso sanguíneo. Este tipo de aneurisma aparece con mayor frecuencia en personas adultas y su localización más habitual se halla en la base del cerebro. Un segundo tipo es el aneurisma lateral, que aparece como un abombamiento en la pared de un vaso sanguíneo. El tercer tipo, conocido como aneurisma fusiforme, se distingue por el ensanchamiento de la totalidad de la pared del vaso sanguíneo.

En cuanto a la clasificación por el tamaño se consideran aneurismas pequeños aquellos que no exceden de los 11 milímetros de diámetro. Los aneurismas grandes oscilan entre los 11 y los 25 milímetros, mientras que aquellos que superan los 25 milímetros se conocen como aneurismas gigantes.

Sintomatología del aneurisma cerebral

Los síntomas asociados al aneurisma cerebral no suelen presentarse hasta que este es muy grande o estalla. Al crecer pueden llegar a comprimir nervios y tejidos, provocando en este caso síntomas como la visión doble u otras alteraciones de la visión, como sensibilidad a la luz, el párpado caído, pupila dilatada, dolor encima o detrás del ojo o adormecimiento en un lado de la cara o el cuerpo. Cuando se produce la ruptura, los síntomas van desde una cefalea intensa y súbita, la pérdida de conocimiento, náuseas o vómitos. En algunos casos menos frecuentes la persona puede padecer convulsiones o entrar en coma. En cualquiera de estos supuestos es necesario acudir de inmediato al médico, fundamentalmente en el caso de la cefalea, que no se parece en intensidad y gravedad a otro tipo de cefaleas.

Tratamiento del aneurisma cerebral

El tratamiento de un aneurisma cerebral está supeditado a una multiplicidad de factores, bien inherentes a las características del paciente, como puede ser la edad, la salud, los antecedentes familiares y el riesgo asumible del tratamiento, o bien relacionados con las características del propio aneurisma. Partiendo de la base de que no todos los aneurismas llegan a estallar y de que cada caso es único, puede decirse que las consideraciones, en este sentido, se aplican en función del tamaño, el tipo, la ubicación y el riesgo de que llegue a romperse.

La opción quirúrgica para tratar los aneurismas cerebrales ha demostrado su eficacia, aunque no está exenta de riesgo, razón por la que conviene valorar los supuestos citados anteriormente. El procedimiento consiste en detener el suministro sanguíneo, cerrando el cuello que comunica con el aneurisma con un clip de titanio.

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