La anemia hemolítica, lejos de englobar una entidad única, está constituida por diferentes tipos específicos que deben ser descritos de un modo individual. La destrucción de glóbulos rojos provocados por la anemia, que se conoce como hemólisis, muchas veces no puede ser compensada por la producción de los mismos por parte de la médula ósea.

La anemia hemolítica afecta por igual a ambos sexos y puede presentarse a cualquier edad.

Anemia autoinmune

la anemia hemolitica autoinmune es una enfermedad adquirida donde se forman anticuerpos contra los propios glóbulos rojos. En la mitad de los casos se trata de una enfermedad idiopática, es decir, se desconoce la causa. Igualmente se ignora cuáles pueden ser los factores de riesgo. La anemia autoinmune se inicia con rapidez y puede llegar a ser grave. Los síntomas abarcan orina turbia, fatiga, palidez, ictericia, ritmo cardiaco acelerado o dificultades respiratorias. El tratamiento se inicia con prednisona o, en caso de no haber respuesta, la extirpación del bazo. Si no hay reacción, la terapia para inhibir el sistema inmunitario incluye azitromicina, ciclofosfamida y rituximab.

Anemia falciforme

En el caso de la anemia falciforme el cuerpo produce glóbulos rojos con un contorno anormal. Duran menos que las células normales y tienden a atascarse en los vasos sanguíneos provocando un bloqueo en el flujo. Esta circunstancia puede llegar a lesionar los órganos, además de producir dolor. Se trata de un problema genético que afecta en mayor medida a las personas de raza negra.

Anemia perniciosa

La anemia perniciosa se produce cuando los intestinos no son capaces de absorber adecuadamente la vitamina B12, situación que conduce a la anemia por deficiencia de esta vitamina. Aunque puede ser hereditaria (muy rara vez) las causas más habituales responden a una afección autoinmune o a un debilitamniento del revestimiento del estómago. El sector de la población más afectado son los escandinavos o de Europa del norte en general. Los síntomas incluyen, diarrea, estreñimiento, fatiga, palidez, inapetencia o dificultades respiratorias y de concentración. El tratamiento va dirigido a lograr un incremento en los niveles de vitamina B12.

Anemia megaloblástica

La anemia megaloblástica es un trastorno sanguíneo donde los glóbulos rojos son más grandes de lo normal. Puede estar causada por deficiencia de ácido fólico o de vitamina B12. Con menos frecuencia se debe al alcoholismo, la leucemia o a trastornos hereditarios. Dependiendo de cuál sea la causa se manifestarán los síntomas y se indicará el tratamiento adecuado.

Causas de la anemia hemolítica

Se conocen diferentes tipos de anemia hemolítica. Su clasificación depende de cuál sea la causa que provoca la destrucción prematura de los glóbulos rojos. El trastorno puede deberse a un defecto del propio glóbulo rojo, lo que se conoce como factores intrínseco, o bien puede tratarse de un problema de carácter externo, y en este caso hablaríamos de factores extrínsecos, lo que se conoce como anemia hemolítica autoinmune.

Los factores intrínsecos suelen estar presenten desde el nacimiento, por lo que estaríamos hablando de una enfermedad hereditaria. La causa puede estar relacionada con ciertas anomalías en las proteínas que forman los glóbulos rojos normales o con diferencias en la proteína que transporta el oxígeno dentro del glóbulo rojo; la hemoglobina.

En cuanto a los factores extrínsecos, la causa hay que buscarla en ciertas infecciones (como pueden ser la mononucleosis o la parotiditis), en coágulos de sangre de los vasos sanguíneos pequeños, en respuestas erróneas del sistema inmunitario o bien en ciertos efectos secundarios indeseables provocados por algunos medicamentos.

Las anemias hemolíticas congénitas responden a diversas causas, como por ejemplo:

  • Déficit de glucosa 6PD.
  • Déficit de piruvato cinasa.
  • Hemoglobinopatías.
  • Hemoglobinopatías estructurales.
  • Talasemias.
  • Esferocitosis hereditaria.
  • Eliptocitosis congénita.
  • Estomatocitosis.
  • Acantocitosis.
  • Equinocitosis.
  • Codocitosis.
Las anemias hemolíticas adquiridas también tienen diversos orígenes, entre los que destacan:

  • AH aloinmune.
  • AH autoinmune.
  • Síndrome hemolítico urémico.
  • Púrpura trombótica trombocitopénica
  • Por parásitos (Paludismo, toxoplasma, Leishmanias, Babesia)
  • Por bacterias (Bartonella, Clostridium welchii, cólera)
  • Por agentes oxidantes.
  • Por sustancias químicas
  • Por hemodiálisis
  • Por venenos
  • Hipofosfatemias
  • Hepatopatía (Síndrome de Zieve)
  • Insuficiencia renal.

Síntomas de la anemia hemolítica

Los síntomas más habituales de la anemia hemolítica consisten en:

  • Dificultades respiratorias.
  • Alta frecuencia cardíaca.
  • Esplenomegalia.
  • Soplo del corazón.
  • Escalofríos.
  • Intolerancia a la actividad física.
  • Orina turbia.
  • Cansancio general.
  • Fiebre.
  • Mareos y confusión.
  • Palidez en la piel.
  • Ictericia.

Diagnóstico y tratamiento de la anemia hemolítica

Los primeros exámenes que debe llevar a cabo el especialista determinarán la destrucción de los glóbulos rojos. A partir de ahí se procede a otros exámenes específicos para identificar el tipo de anemia hemolítica. Entre los más empleados están:

  • Conteo de reticulocitos absoluto.
  • Conteo de glóbulos rojos, hemoglobina y hematocrito.
  • Hemoglobina libre en el suero o la orina.
  • Hemosiderina en la orina.
  • Niveles de bilirrubina indirecta en suero.
  • Niveles de haptoglobulina sérica.
  • Deshidrogenasa láctica en suero.
  • Urobilinógeno urinario y fecal.
El tratamiento más adecuado irá en relación directa con el tipo y la causa de la anemia hemolítica. Paralelamente, también se deberán contemplar otros aspectos como la edad, el estado general de salud y la historia médica. Otros elementos que pueden jugar un papel importante son lo avanzada que esté la enfermedad, así como la tolerancia a determinados medicamentos.

En algunos casos puede utilizarse el ácido fólico, el tratamiento con inmunoglobulina intravenosa, suplementos de hierro y corticosteroides. También pueden presentarse algunos casos donde sea necesario realizar transfusiones de sangre o una esplenectomía (extirpación del bazo).

Tanto las expectativas de recuperación de la enfermedad como las posibles complicaciones que pueden presentarse, también tendrán una relación directa con el tipo y la causa de la anemia hemolítica.

Por último, cabe destacar que en una anemia grave puede llegar a producirse un colapso cardiovascular. También pueden empeorar la neumopatía, la cardiopatía o la enfermedad cerebrovascular.

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