Ana María Giunta es una de las actrices y directoras teatrales más respetadas de la Argentina, no solo por su talento artístico, del que ha dado sobradas muestras tanto en cine como en televisión y teatro, sino también por la labor solidaria que lleva a cabo de manera permanente; actividades que la llevan a una dura lucha contra la discriminación y la incomprensión.

C.H.: -¿Te sentís transgresora?

A.M.G.: -Sí, lo soy porque creo que es la única manera de ser libre. La característica de mi transgresión consiste en decir siempre lo que pienso.

C.H.: -También fuiste transgresora cuando Roberto Piazza, otro notorio transgresor, te llamó para que desfilaras con uno de sus vestidos rodeada de strippers.

A.M.G.: -Yo le propuse mi primera participación y a él le llevó un año y medio decidirse a aceptar mi desafío de que se animara a cerrar un desfile conmigo vestida de novia; y le hice esa propuesta porque no encuentro motivos por los que una mujer de más de cincuenta años y con mi talla no pueda lucir bella y usar los colores que ella prefiera. Por eso desfilé vestida de blanco y de dorado, haciendo de Venus y hasta de novia..

C.H.: -¿Nunca saliste con poca ropa?

A.M.G.: -Jamás. No me avergüenzo de mi cuerpo pero tengo buen gusto.

Los límites morales

C.H.: -Me parece que de todas maneras tenés algunos límites.

A.M.G.: -Claro que los tengo, sobre todo morales, nunca haré nada que pueda hacer daño a alguien, pero mi mentalidad no está limitada aunque mi físico sí lo está y bastante, debido a que no he podido vencer a la obesidad (piensa un segundo) todavía

C.H.: -Hablando de límites, lo asocio al subtítulo que le pusiste a la obra teatral “Extraño juguete” de Susana Torres Molina cuando la dirigiste.

A.M.G.: -Yo le puse como subtítulo “¿Cuál es tu límite?” a esa pieza que resalta el juego perverso que tenemos los humanos de castigarnos, dañarnos y jodernos mutuamente y todo el tiempo. Una de las actrices fue mi hija Gimena y los otros eran dos alumnos míos, sobre el final le incorporé algo que para mí fue como hacerme un mimo. Te lo cuento, puse un radioteatro protagonizado por José María Fugot y Ana María Soler y esos eran los nombres artísticos de mis padres.

Los hombres son compañeros de vida de las mujeres

C.H.: -¿Ser directora te enriquece como actriz?

A.M.G.: -Sin dudas, y ser actriz como directora y las dos actividades me enriquecen como persona. El actor de raza es un devorador

C.H.: -¿Qué te impulsó a ser actriz?

A.M.G.: -Creo que nací siéndolo, mi abuela materna hacía radioteatros pero mi abuelo le hizo dejar la carrera, mi mamá y mi papá también fueron actores, así que lo llevo en la sangre.

C.H.: -Tu abuelo le hizo dejar la actuación a tu abuela, ¿cómo planteaste tu carrera al elegir pareja?

A.M.G.: -Mi marido, Ricardo Racconto, es director de teatro por lo tanto conoce los tiempos y los códigos de la profesión, pero de todas maneras nunca hubiera permitido que ninguna pareja me impusiera nada, soy absolutamente feminista y creo que los hombres son nuestros compañeros en la vida, si me he rebelado a mi papá que era “milico” imaginate que es porque no permito que me indiquen nada. Y eso que mi padre era militar de los de antes, con un verdadero amor a la patria pero con una formación prusiana, sin embargo aprendí mucho de él, sobretodo a amar al prójimo.

Una actitud solidaria

C.H.: -¿Seguís con tu institución “Todos en Yunta”?

A.M.G.: -Sí, es una sociedad civil donde están los talleres integrados “Todos para la vida” en los que utilizo el arte como disparador de potencialidades y tengo alumnos de edades que van desde algunos meses hasta casi ochenta años con diferentes capacidades. Concurre gente con capacidad normal entre los que hay profesionales, comerciantes y amas de casa, pero también tengo personas con discapacidad psiquiátrica, en situación de riesgo, depresivos, tímidos, con baja autoestima, en mis talleres hay de todo porque yo no discrimino a nadie, mis brazos están abiertos a todos los seres humanos y no me importa la raza, la religión, idea política u orientación sexual.

C.H.: -¿Hace mucho que estás en esa actividad?

A.M.G.: -Muchísimo tiempo, pero trabajo en lo social desde que tenía doce años, empecé como voluntaria en Mendoza y posteriormente trabajé en villas de emergencia, en neuropsiquiátricos que en esa época se llamaban “loqueros”, en geriátricos cuando se les decía “asilos” y en correccionales a los que ahora se les puso el nombre de “comunidades terapéuticas”, puedo decirte que tengo una experiencia muy amplia. Soy maestra, profesora de declamación y arte escénico, seguí la carrera de asistente social y recién después comencé como actriz,

Ana María Giunta se despide amablemente para proseguir con su tarea de atender y proteger a todas las personas que sufren la discriminación, siempre está dispuesta a ayudar y su ánimo y fortaleza jamás decaen.