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Amueblar el primer hogar

Manual para decorar y mantener el amor

Mesa de Bolia - Gemma Raquel García
Mesa de Bolia - Gemma Raquel García
Algunos trucos para aprender a decorar juntos, sin que se escape un ápice de ilusión, por muy difícil que sea encontrar la mesa adecuada.

Los catálogos de muebles son una oda a la ingenuidad. En ellos aparecen eslóganes que incitan al optimismo: Redecora tu vida. Así de sencillo.

Esa nube de excitación se disipa en cuanto los pies pisan el nuevo domicilio. Lo que parecía un viaje creativo, se complica, sobre todo, cuando hay que decidir entre dos, se es joven, y se quiere ir de prisa.

Decorar un nuevo hogar no se limita tan sólo a comprar muebles o instalar los que ya se tienen en un nuevo espacio. Es un proceso más complejo. Puede ser frustrante, y trastocar el equilibrio de la pareja. Cuantas más expectativas y menos consciencia de las dificultades, peor será. Hay que ser realista y estar compenetrados.

Agujetas, gastos y cajas

Una mudanza cansa y azota los nervios del más tranquilo. Los músculos quedan doloridos; los amigos y parientes exhaustos; se acumulan cajas por abrir varios meses; y la cuenta bancaria se resiente con las comisiones de la inmobiliaria, los avales del alquiler o la hipoteca, y otros gastos.

No es un reto a la imaginación de dos, es un invitación a la paciencia, el buen humor, la destreza en la administración de bienes, a las nociones de bricolaje, y la percepción espacial, esa que ayuda a reconocer el tamaño y la situación real de los objetos.

A veces una habitación luminosa se convierte en la cámara del doctor Caligari por atiborrarla de muebles de madera oscura, el espejo del cuarto de baño no deja sitio a la lamparita, o la radio de la cocina no cabe en el alfeizar de la ventana tal y como se había planeado.

Antes de comprar mirar

Conviene mirar, y comparar, antes de comprar. Es una regla básica de la decoración. Nadie la ha inventado. Su propiedad intelectual es el sentido común, un don muy frecuente entre las abuelas.

Ellas aconsejan vivir en el hogar, hacerse al nuevo espacio, y grabar en la memoria, con el uso diario, el ambiente, las medidas y las diferentes calidades de la luz a las diferentes horas del día.

Hay que procurar mudarse con lo justo y necesario. No embarcarse en una compra faraónica. En los años sesenta, era habitual que el matrimonio recién casado llegara a su nuevo nidito de amor, y en cuestión de días, lo amueblara, lo pintara y lo tuviera todo listo para recibir a familiares, visitas y hasta vástagos.

Eso es el pasado. Hoy nadie exige a una joven pareja que las cortinas estén instaladas desde el primer día, y que estas hagan juego con la ropa de cama.

Prensa especializada

Hay que ser prácticos, y en los tiempos que corren, austeros. La prensa especializada puede ayudarnos mucho, si evitamos acomplejarnos. No todos los jóvenes pueden permitirse una alfombra de angora tejida a mano, una cómoda de anticuario, o un exprimidor de frutas de Philip Stark.

No importa. Ya llegará el momento de adquirir joyas de diseño industrial. Hasta entonces podemos inspirarnos en las revistas, y sacar partido a los muebles regalados por algún alma caritativa.

No hay que hacer remilgos a esos objetos de segunda mano. Una mecedora algo destartalada, pintada de blanco mate, ennoblecerá el salón; una mesita de oficina de plástico negro, revestida con papel pintado, puede venir de perlas para apoyar la tele.

Vísteme despacio que tengo prisa

Hay que apuntar las necesidades, y con mentalidad de “vísteme despacio que tengo prisa”, satisfacerlas de una en una. Eso nos ayudará a mantener la cabeza fría a la hora de comprar.

Pensemos por ejemplo en la adquisición de una mesa de comedor. Puede costar entre 500 y 1.000 euros. Es una cantidad importante. Una inversión, en la que cada uno puede tener ideas preconcebidas sobre su función.

Uno puede tener en mente recibir amistades y presumir de comedor, mientras su pareja piensa sólo en comer y no ve el uso social de ése objeto. El pragmático querrá esperar a una oferta, y el hedonista se sentirá desdichado si debe esperar a tener invitados. Se dará entre ambos un desencuentro.

Ideas preconcebidas

He sido testigo de una situación semejante. Una pareja amiga se mudó hace un año a un piso espacioso y coqueto. No era de alquiler, era su primera propiedad, y la ilusión de decorarlo a su manera era mayor que en anteriores mudanzas.

Él quería una mesa de madera antigua, como la del domicilio de sus padres. Ella quería algo más ligero, porque su cocina también hace de comedor, y no quería un espacio lleno.

Comenzaron la búsqueda. ¿Sería de madera o de cristal? ¿Ovalada o cuadriculada? ¿Oscura y noble o blanca y moderna? ¿Minimalista o estilo campiña francesa? Demasiados interrogantes seguidos sobre las medidas adecuadas, ¿Dos metros de largo o mejor extensible?, ¿Un metro de ancho o noventa centímetros?

La importancia de medir las patas

La primera mesa fue de madera y resultó ser tan oscura, que se comía el espacio. La mesa se fue. Quedaron las sillas de anticuario y la pérdida de dinero tras una venta precipitada.

La siguiente mesa era blanca e impoluta. La vieron en una tienda de diseño nórdico sobre un podio con sus sillas a juego. Midieron el ancho y el largo y pensaron que las sillas de anticuario le darían un toque especial.

La mesa estaba reducida al 50% y era una oportunidad. Ella ejerció presión (no quería volver a cenar sobre una mesa de camping). Él no podía decir que no. Esa misma tarde se la llevaron a casa. Cuando llegaron a su comedor se dieron cuenta de que la mesa medía tan sólo 71 centímetros de alto. Casi siete centímetros menos que la anterior.

Él se quedó pálido y ella se acordó del cuento de ricitos de oro. Ahora la mesa de diseño flota sobre corchos de botella para elevar la superficie un par de centímetros.

Gemma Raquel Garcia, Carolina Abad - OjoPop.net

Gemma Raquel García - Licenciada en filosofía por la UCM y la Universidad de Hamburgo y posgraduada en periodismo por la Universidad CEU-San Pablo, su ...

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