El amor y el sexo no tienen precisamente, que ser un equipo. Aunque el encuentro carnal entre personas que se aman, desempeña una función decisiva en las relaciones amorosas, el sexo no es amor, ni el amor es solo sexo.

¿Cómo vemos el amor?

El amor, es una acción inherente, o sea, se da en el mundo interior de la persona, aunque casi siempre tiene manifestaciones externas. La relación amorosa es el vínculo donde cada persona conserva su identidad. Según Ortega y Gasset, “amar una cosa es estar empeñado en que exista; es estar continuamente dándole vida. Amar es vivificación perenne, creación y conservación intencional de lo amado. No hay nada tan fecundo en nuestra vida íntima como el sentimiento amoroso; tanto, que viene a ser el símbolo de la fecundidad”.

Amar es una decisión madura y voluntaria, no una pasión, o una obligación. El que ama debe:

  • Respetar la libertad de la persona amada, criterios, decisiones.
  • Ayudar al crecimiento personal del ser amado. Descubrirle valores propios a su objeto de amor.
  • Ser incondicional. Acudir al llamado del ser querido en el momento y en la condición que sea.
  • Conocer y aceptar tal cual a la persona amada. No idealizar, sino verla y reconocerla como es, o sea, con virtudes, defectos, debilidades, inconsistencias y necesidades.
En el amor es muy importante saber a dónde se va, qué expectativas tenemos de determinada relación pues al no saber dónde vamos, no encontraremos el camino que nos lleve allí. Al amar, no debemos inquietarnos por no alcanzar de inmediato los objetivos planteados, sino que se debe ser paciente y dedicado, estar en función del objetivo trazado, dedicarle todo el tiempo que sea necesario.

En el aspecto de las expectativas que se tienen en una relación, se debe ser objetivo y razonable. No ver el mundo solo a través de nuestra óptica personal o de lo que consideramos “mejor” para nuestra pareja. Hay que pensar con objetividad y tener fe en uno mismo, pues esto generará la confianza necesaria para llevar a cabo nuestros actos. Esto solo se logra con una buena comunicación en la pareja. Sabiendo que piensa y esperan cada uno del otro y de la relación que llevan.

¿Y el sexo?, ¿cómo vemos el sexo?

La respuesta sexual humana, además de ser un componente indispensable del amor erótico, es parte integrante de nuestra personalidad. Desempeña una función medular en la estabilidad emocional del individuo.

La felicidad y la salud o el equilibrio físico, psicológico, social y espiritual del ser humano no dependen totalmente de la satisfacción sexual, pero sí de la forma en que canalizamos u orientamos la energía sexual. Esta orientación de la libido tiene que excluir todo tipo de represión y frustración capaz de bloquear el normal desarrollo de la sexualidad humana y que dañará psicológicamente al individuo.

La sexualidad no solo constituye una necesidad biológica y psicológica del hombre, sino que también es el resultado de factores socioculturales y educacionales que influyen sobre la propia sexualidad y sobre el ser humano.

Entonces al ocupar el sexo el lugar que le corresponde en la red de nuestras relaciones vitales, la relación íntima entre dos personas debe ser tratada como una manifestación de la conducta que está estrechamente vinculada con el bienestar físico, psíquico, social y espiritual del ser humano.

¿Necesariamente juntos?

Aunque muchos de los humanos prefieren el sexo con amor esto no debe llevar a depreciar el papel de la relación solo carnal. La cuestión fundamental debe estar en lo pactado por la pareja, en esa comunicación previa que debe existir donde identificamos por los caminos que queremos llevar ese vínculo, o lazo.

Lo que no se debe perder nunca de vista es el debido respeto por la opinión del “otro” por la imagen que se ha formado el “otro” de determinado encuentro sexual. Y conciliar entonces con lo que tenemos nosotros como perspectiva para esa relación.

El ser humano es sumamente complejo, porque articula un ser biológico y un ser espiritual. Nunca es fácil lograr equilibrio y armonía entre los componentes biológicos, psicológicos, sociales y espirituales; y la actividad sexual también entra a formar parte de este entramado. La actividad sexual por tanto para su realización requiere la intervención del conocimiento y la voluntad, o sea, siempre que sea el acto libre y responsable, tiene todo el valor del mundo, sea solo como relación puramente carnal, o como la que implica un sentimiento tan sublime como el amor.