Los vampiros no están de moda. El registro de estos seres en la mitología ya es antiquísimo y el uso o recurso de los mismos en la sociedad es recurrente. Si bien es cierta e indiscutible su presencia, también lo es el hecho de que ésta misma se ha adaptado a cada una de sus épocas. El origen, a pesar de su conversión monstruosa los ha hecho inherentes a características humanas, finalmente han pasado en la historia, de la pasión animal al amor romántico.

La historia de los revinientes. Concepción del vampiro a través de la imagen

Lorena, Francia. Siglo XVII. Poco eran rebatidas a partir de Descartes las experiencias físicas, habían desplazado el interés en la filosofía clásica, y otros tantos sucesos que habían convulsionado a Francia. Se retoman tantas historias de apariciones y brujos, que nace la necesidad de estudiar la probabilidad de hechos como estos y es en el Tratado sobre los vampiros, de Dom Agustin Calmet, en el que deja testimonio de los antecedentes y contexto con el que podemos delinear la imagen que se tenía de ellos.

“...se ven, dicen, a hombres muertos desde hace varios meses, que vuelven (…) no se pueden librar de sus peligrosas visitas y de sus infestaciones, más que exhumándolos, empalándolos, cortándoles la cabeza, arrancándoles el corazón o quemándolos. Se da a estos revinientes el nombre de upiros o vampiros (...) uno no puede casi rehusarse a la creencia (...) de que los revinientes parecen realmente salir de sus tumbas...” (Calmet. Sur les revenans et vampires, en Dissertations sur les apparitions des anges, des démons & des esprits et sur les revenans et vampires de Hongrie, de Boheme, de Moravie & de Silesie)

Durante mucho tiempo, la presencia del vampiro y su representación monstruosa no sufrió cambios significativos en el juicio colectivo, tomemos como ejemplo la película Nosferatu, que en 1922, seguía siendo ese personaje de imagen repugnante que, habíamos visto retomado del folklore en el siglo XVII, y el que Bram Stoker delineó en 1897 con los mismos elementos en Dracula; para la versión cinematográfica de 1931, la interpretación de Bela Lugosi manifestó físicamente el encanto traslúcido de un cazador que atrae a sus víctimas cada noche para alimentarse a lo largo de cientos de años, sin ser descubierto.

Sabor a Hollywood. La evolución del monstruo al condenado

Es Interview With The Vampire la película que condensa los procesos de la cultura dominante. La atención que se prestó al atractivo físico de los personajes, lleva el encanto vampírico al extremo,

por medio del erotismo, personajes míticos que ostentaban la aberración de la vida eterna en su repugnante imagen, ahora son la representación de la tentación y el castigo.

En 1997 se estrena la serie televisiva Buffy. The Vampire Slayer, en la que la caza sistemática de monstruos y vampiros en un pueblo norteamericano se complejiza con la aparición de Angel, un vampiro con alma .

Si bien el personaje aún tiene que luchar con su naturaleza asesina, el planteamiento de la restitución del alma para ser atormentado por sus actos, desplaza el entendimiento generalizado de semi cadáveres hematófagos, por una compleja transformación de seres humanos capaces todavía de entender conceptos morales.

La fascinación de la víctima por el vampiro siempre ha formado parte del mítico encantamiento del que se vale para saciar su sed eficazmente, sin importar cuan monstruosa sea su imagen, siempre ha contado con esta ventaja hipnótica, de modo que se ha propuesto como una especie de enamoramiento temporal por parte de la presa.

El crepúsculo de las bestias. El retorno a la humanización del vampiro mediante el amor

No obstante a los puntos ya antes expuestos, productos como Twilight y Vampire Diaries resaltan un punto importante de estas representaciones: la completa capacidad en un vampiro de experimentar y expresar sentimientos, conceptos claros de moralidad y la sobreposición de éstos ante sus instintos, pues en ambos casos el vampiro antepone el amor a la sangre dejando al descubierto una nueva forma de percibir a estos seres: se les ha humanizado por completo.

Aunque, bien cabe señalar que el caso únicamente se ha logrado manteniendo una relación con personajes humanos que justifiquen la bondad en los no vivos. Junto con esta modificación, puede apreciarse el gran contraste que se ha creado entre los ahora héroes vampíricos de nuestros días y el monstruoso Nosferatu, no sólo en la representación si no hasta la misma concepción, las cuales se han adaptado a la actualidad.

Es así como finalmente podremos advertir un evidente cambio en las caracterizaciones de estas nuevas series, pues se dejan de lado las extravagancias y queda en nuestra pantalla la simpleza del día a día. Se han perdido las capas e incluso los colmillos, sólo queda la sugerencia de la palidez, ya no son en apariencia cazadores fieros ni mucho menos monstruos míticos, al fin y al cabo el vampiro fue hombre en un principio.