No siempre la moda es bonita, es sólo cambiante y, en ocasiones, fea, molesta y hasta peligrosa, desde el uso de los pantalones deshilachados o rotos, pasando por la colocación de esos taladros llamados "piercing", hasta la agresiva mutilación del propio cuerpo, creando rostros y senos todos iguales, carentes de los rasgos que configuraban su propia personalidad y que, por añadidura, en muchas ocasiones la sabia naturaleza no aceptando el cambio los degrada de forma ostensible.

Desafortunadamente, también el matrimonio ha caido en el peligroso vaivén de la moda y llevado, desde hace unos años, a planteamientos de total radicalismo, enmascarándolos con la cursilada de "se acabó el amor", "incompatibilidad de caracteres" o frases parecidas, cuando en realidad, casi siempre, todo es tan sencillo como aprender a escuchar, cosa que cada vez se hace menos y a la vista están los resultados.

El matrimonio debe ser indestructible

Una obra tan bien pensada, diseñada y construida debe conservarse de por vida. Se debe luchar hasta las últimas consecuencias por el matrimonio, no permitiendo que el orgullo, el desánimo o los rencores lo paralicen. Es muy conveniente llevar grabada la idea, en todo momento, de que la unión de tan sólo dos personas fue voluntaria, y al tiempo, cariñosa y comprometida; por eso, su esfuerzo, su tesón a la par podrán vencer cuantas adversidades les encare el destino; y las piedras encontradas en el sendero, a lo largo de la vida, serán hábilmente sorteadas por los dos, en íntima armonía. De esta manera, se podrá presumir de contar los años de matrimonio con idéntica ilusión que los niños ponen en querer completar su álbum de cromos, aunque salgan repetidos.

Los comentarios, las andanzas o las mentiras de los detractores del matrimonio sólo deben servirnos para lamentar su triste situación o reconsiderar la valía de nuestra postura y, con un simple "allá tú", calladamente, les habremos ganado su malintencionada partida.

No, al amor propio en el matrimonio

Cuando en el discurrir de la convivencia entre marido y mujer surja un posible enfado, el mejor antídoto es el silencio, pero respetuoso, no hiriente y, en palabras de Honorato de Balzac, fecundo y muy detallista escritor francés, en su obra "Fisiología del matrimonio", sin hacer uso de "el arte pérfido de las reticencias, las malicias del callarse, la maldad de las hipótesis, la falsa ingenuidad de una pregunta", es decir, utilizando sin reserva alguna las blandas respuestas que son las que alejan la ira, en rotunda oposición a las palabras ásperas y al tono elevado que sólo sirven para aumentar el furor.

¿Vale la pena dar rienda suelta a una discusión. la mayoría de las veces baladí, por la soberbia de ser el último en la contienda? No, en absoluto. Arrinconemos el amor propio, no empañemos el espejo donde se han reflejado, y seguirán haciéndolo, tantas y tan diversas situaciones agradables, aquellos enternecedores recuerdos y, a veces, otros delicados momentos de quebrada salud que fueron repartidos, a medias, para aminorar la tristeza común.

El diálogo en el matrimonio

Expresar nuestros sentimientos, las inquietudes de las que somos partícipes, las simples vivencias del acontecer diario ... todo, cualquier cosa es válida para iniciar y mantener un diálogo en el matrimonio; da igual el momento; son marido y mujer y se quieren ... únicamente eso basta.

Mas, si por esos desdichados momentos que, a veces, se cruzan de forma inesperada en la vida, porque en ocasiones "cuando se tiene la llave de la felicidad algo o alguien se encarga de cambiar la cerradura", apareciera un conato de discusión, la lógica y acertada manera de actuar será la de interrumpir la disputa lo antes posible, aunque sea momentáneamente, el tiempo necesario para recuperar un poco la tranquilidad que ya empezaba a perderse y, aunque en apariencia cueste, sellar con un beso, como el mejor armisticio, la escena creada. No es cobardía, ni sometimiento, ni siquiera el menor atisbo de reconocida culpabilidad , es sólo y nada menos que la más bella demostración de cariño que ennoblece tanto al que decide hacerlo como al que lo acepta y será, sin la menor duda, uno de los recuerdos inolvidables en el invisible archivo de su historia matrimonial .

El matrimonio es unión recíproca

El conocido escritor Javier Marías, en su bonito libro que lleva por título "Corazón tan blanco", nos dice: "Sólo nos sentimos respaldados de veras cuando hay alguien detrás, alguien que acaso no vemos y que nos cubre la espalda con su pecho que está a punto de rozarnos y acaba siempre rozándonos; y en medio de la noche, al despertar sobresaltado por una pesadilla o ser incapaces de conciliar el sueño, al padecer una fiebre o creernos solos y abandonados a oscuras, no tenemos más que darnos la vuelta y ver entonces, de frente, el rostro del que nos protege, que se dejará besar".

Solamente resta añadir ... ¡Qué delicioso, oportuno y gratificante beso!