En la actualidad la gran mayoría de series de éxito en televisión tratan de crímenes sin resolver. Solo varían ligeramente sus protagonistas: CSI Las Vegas y sus secuelas (policías), Navy : investigación criminal (marines), Bones (una antropólga), Castle (un escritor), El mentalista (un ex timador) o incluso House (un médico, cuyo fin es encontrar enfermedades asesinas). El caso es que cuando aparece un misterio alrededor de un asesinato real la fama del caso se dispara. Hay algo que atrae a la audiencia.

Este es el caso de Amanda Knox, la joven estadounidense acusada de un asesinato en medio de un trío sexual que se fue de las manos de forma, más o menos premeditada. Los elementos que ha llevado a este caso a ser más conocido que otros son varios y muy curiosos: su protagonista es la acusada no la víctima, Amanda y no la tercera parte del trío sexual (Raffaele Sollecito, también acusado del asesinato) es el foco de los fotógrafos y por último las dudas tanto sobre el proceso y la fiabilidad de sus pruebas como sobre la maldad de la joven estadounidense siguen alimentando todo tipo de sospechas. Es un misterio que cada lector de periódicos, espectador de televisión o internauta quiere resolver por sí mismo.

Un caso que despierta el interés de la audiencia

En la madrugada del 1 al 2 de noviembre de 2007, Amanda, Raffaelle, Rudy Guede (un costamarfileño) y Meredith Kercher (una joven estudiante inglesa de 21 años) se encontraban en un piso de la localidad italiana de Perugia. Hubo una fiesta, alcohol, drogas y juegos sexuales en los que trataron de incluir los tres primeros a Meredith, que se negó. La zona gris del caso empieza esa madrugada, en la que Meredith finalmente fue hallada muerta con las 43 cuchilladas que mostraban una violencia encarnizada. Su compañera de piso, su novio y Guede se convirtieron automáticamente en sospechosos.

En 2009 se celebra un juicio en el que Guede es condenado a 30 años por violación y asesinato. Amanda, como autora de la cuchillada mortal, a 26 y su novio Raffaelle, que sujetó a la víctima, a 25. Posteriormente, la pena de Guede fue reducida a 16 años. Amanda acusó al músico congolés Patrick Lumumba como el autor de los hechos, pero tras una investigación de la policía italiana quedó libre. “Siento piedad por Amanda, pero las suyas son lágrimas de cocodrilo”, declaró Lumumba. Después apeló la sentencia y un grupo de expertos forenses independiente analizó las muestras de ADN del arma blanca. Los análisis científicos determinaron que las pruebas no eran concluyentes. Ese es el hilo de esperanza al que se agarra la defensa legal de Amanda para solicitar su absolución tras cuatro años de prisión.

Medio millar de periodistas también esperan la sentencia

La expectación mediática ha congregado a cerca de 500 periodistas ingleses, norteamericanos e italianos (principalmente, pero también españoles de El País o El Mundo) que cubren la noticia sobre la sentencia definitiva. ¿Responde tal interés a un énfasis de los medios por un asunto escabroso o es la sociedad la que demanda tales informaciones? Una pregunta difícil de responder con datos objetivos.

La joven presunta asesina de Seattle asegura que “las acusaciones que sufro son completamente injustas. Estoy pagando con mi vida, un crimen que no he cometido. Soy la misma persona de hace cuatro años. Perdí a una amiga de la manera más brutal e inexplicable. Mi fe absoluta en la policía ha sido traicionada. He tenido que enfrentarme a una injusticia y a unas acusaciones sin fundamento. Quiero regresar a mi casa, a mi vida. No he matado. No he violado. No estuve allí", aseguró entre sollozos. Su exnovio también se considera inocente: “soy un don nadie, pero ahora ellos quieren que un don nadie pase el resto de su vida en la cárcel".

Desde el tribunal que lleva a cabo el juicio, su presidente, Claudio Pratillo Hellmann, pidió a la sociedad, a través de los medios de comunicación presentes, "respeto tanto por la bella joven que fue brutalmente asesinada como por los dos jóvenes imputados. Se deben evitar las hinchadas a favor de uno u otro". El tribunal se retiró después a deliberar. Pero la sed de justicia y el morbo que ha generado la sentencia son, a tenor del interés prestado en esta caso y a pesar de que los ciudadanos que muy probablemente nunca lleguen a conocer los detalles del brutal crimen, incontenibles.