Tras proclamarse campeona olímpica y dejar de competir en 2006, la carrera de Alina Kabaeva no cayó en el desamparo. Su fulgurante ascenso en la vida político-social de Rusia ha incrementado las especulaciones sensacionalistas de un latente romance con el ex-presidente Vladimir Putin.

Difíciles comienzos

Un 12 de mayo de 1983 nacía en Tashkent (Uzbekistán) una rolliza Alina. Su constitución natural siempre ha sido con tendencia a acumular kilos de más, factor que choca de lleno con el deporte que escogería y que la catapultaría a la fama: la gimnasia rítmica.

Pasó por diversas escuelas que la rechazaban sucesivamente debido a que no encajaba en el estereotipo ideal para la rítmica: piernas largas y complexión delgada. Hasta que todo cambió en 1994, cuando con 11 años se topó con la omnipotente y multimillonaria entrenadora Irina Viner.

La Viner le dio tres días para adelgazar y Kabaeva se los pasó bebiendo sólo agua. Luego vendrían las horas casi interminables de entrenamiento, unas 40 horas semanales, en el centro Viner y el afinamiento de su cuerpo (en sus inicios como gimnasta profesional medía 1,64 y pesaba unos 42 kilos). Gracias a su extrema flexibilidad innata, a su carisma, y a su estilo cercano al contorsionismo, Kabaeva comenzó a marcar una época en la rítmica mundial.

Éxito, declive y críticas

Kabaeva pronto comenzaría a despuntar sobre el resto de las gimnastas consiguiendo multitud de victorias y récords (ganó 6 europeos, 4 mundiales y multitud de campeonatos internacionales)

Ha sido una de las gimnastas más admiradas y seguidas, aunque también posee detractores. Son muchos los que opinan que técnicamente nunca fue la mejor, que su manejo de los aparatos era sucio, y que su abusiva flexibilidad se alejaba de la rítmica. También ha sido criticada por sus abultadas notas, las cuales siempre eran las mejores aunque fallara durante la rutina. Ante ello, hay una generalizada corriente de opinión que se queja de la influencia de Irina Viner dentro de este deporte llegando a ser un “monopolio mafioso” en beneficio de las rusas y, sobre todo, a favor de Kabaeva su ojito derecho.

En los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, partía como ganadora, pero una desafortunada salida del aro con el que desarrollaba su primer ejercicio la obligó a afinar los restantes ejercicios acabando en tercera posición. Tras este fracaso pensó en dejar la gimnasia, pero de nuevo su influyente entrenadora la convencería para seguir y proponerse como meta las siguientes olimpiadas.

En 2001 le llegaría la gran y única mancha de su carrera. Fue acusada junto a su compatriota, Irina Tchachina, de dar positivo en un análisis antidoping. Las medallas que ambas cosecharon en los Mundiales de Madrid pasaron a manos de otras gimnastas además de ser sancionadas. Esta sanción hizo que Kabaeva se descuidara y se alejara casi por completo de la gimnasia, pues dejó de entrenar y llegó a engordar 16 kilos. Durante su suspensión realizó varios pinitos como actriz, presentadora de televisión y modelo publicitaria.

Pero al igual que el ave fénix resurge de las cenizas, Kabaeva comenzó a coger de nuevo forma y fondo, aunque ya no tendría nada que ver con la Kabaeva de antes de 2001. Su preparación ante todo tenía como misión conseguir la conquista que le faltaba: el oro olímpico.

Así pues, en las Olimpiadas de Atenas de 2004, una Kabaeva sonriente y carismática (su sonrisa es su sello de identidad) salió a la pista con mucha fuerza. La otra rusa, Tchachina, no se lo puso fácil pero ésta tuvo un lío con la cinta y por muy poca diferencia Kabaeva conseguiría por fin su deseado metal dorado.

Retirada, parlamento ruso y Putin

Tras las Olimpiadas participó en varios campeonatos pero en 2006 finalmente echaría el cierre a su carrera como gimnasta dejando para el recuerdo las rutinas, movimientos, y posturas más creativas y aplaudidas. Poco a poco a ido consagrándose como una auténtica celebridad mediática no solo en el aspecto artístico, sino también en el político de su país. Ha participado en varias películas, y rodó un peculiar documental en Japón donde narra su trayectoria como gimnasta, además de posar en trapos menores. Ha sido modelo publicitaria para televisión y revistas, ha participado en varios reality shows rusos, conduce actualmente un programa televisivo y ha grabado varias canciones con videoclip incluido.

Desde 2005 se dedica a la política siendo miembro de la Cámara Pública de Rusia. La adjudicación de esta posición supuestamente fue ordenada por el propio Vladimir Putin, quien, en varias ocasiones, ha confesado su debilidad por la joven. En 2007 la integró en su gabinete como diputada de su partido y actualmente preside en la Duma la comisión para asuntos de la juventud bajo la presidencia de Dimitri Medvedev.

Ante estas circunstancias el diario “Moskovski Korrespondent” inauguró la polémica destapando una más que posible relación sentimental entre el ex-presidente y la exgimnasta. Ello ocasionó la dimisión de su director y el cierre del rotativo. Ante la palpable censura ningún otro medio de comunicación ruso ha vuelto a insinuar nada sobre el tema, pero los rumores han sido y son constantes: una posible boda; que si Putin lleva tiempo divorciado de su mujer; que si el hijo que ha tenido Kabaeva es del propio Putin; que si este año van a hacer pública su relación, etc.

Pase lo que pase Alina Kabaeva es merecedora de ser recordada como la gran gimnasta que fue y, quién sabe si entre sus múltiples conquistas, entre ellas el corazón de Putin, llega a convertirse en presidenta de la Gran Madre Rusia.