En temas de dieta y salud la información que se entrega, algunas veces, es contrastantes y puede confundir a la población. Dada esta situación, el Fondo Mundial de Investigación del Cáncer, en el año 2007, hizo una revisión de todos los artículos publicados en el mundo, de la cual nacen una serie de recomendaciones.

El rol de los alimentos en la formación de tumores

Cada tumor se origina de una célula que acumula una serie de daños en su DNA, desencadenando una proliferación descontrolada. En el organismo se producen radicales libres, moléculas corrosivas que agreden a los constituyentes celulares, en particular al DNA. En los tejidos se forman continuamente brotes de microtumores.

Los alimentos tienen compuestos en grado de interactuar a nivel molecular con las células del organismo y han sido identificados como moderadores de los procesos tumorales. Las frutas y verduras contienen antioxidantes capaces de volver inofensivos a los radicales libres: los polifenoles, por ejemplo, tienen la estructura química ideal para neutralizar estas pequeñas “bombas”.

Los vegetales contienen elementos que intervienen directamente en el proceso tumoral: algunos compuestos retardan el crecimiento de las células malignas, otros obstaculizan el desarrollo de los vasos sanguíneos necesarios para nutrir a los tumores, y otros refuerzan las defensas inmunitarias.

Cuáles son los alimentos que se deben consumir en la dieta anticáncer

  • Pescado: protege de las enfermedades cardiovasculares y de los tumores de mamas, páncreas, colon y próstata; gracias a la presencia de ácidos grasos omega-3 que reducen el estado inflamatorio y los niveles de triglicéridos en la sangre.
  • Crucíferas: berza, brócoli, repollo, repollitos de Bruselas; todas las coles contienen dos sustancias antitumorales que se activan durante la masticación: el sulforafano, responsable del típico olor a repollo y el indol-3-carbinol. Una cocción rápida y una buena masticación son necesarias para aprovechar al máximo las propiedades antitumorales de las crucíferas.
  • Legumbres y cereales integrales: ricos en fibras, hacen más lenta la velocidad de absorción de los azúcares y mantienen limpio el intestino, primera barrera del cuerpo expuesta a las sustancias cancerígenas.

Frutas y verduras que no deben faltar en la alimentación

  • Frutas de estación: los frutos del bosque, en particular, contienen ácido elágico (bloquea el desarrollo de los vasos sanguíneos), quercetina (reduce la inflamación), antocianidinas y proantocianidinas (favorecen el mecanismo de muerte de las células).
  • Los cítricos protegen el sistema digestivo, pero un estudio de la Universidad de Memphis, ha puesto en dudas al jugo de naranja; en presencia del sol podría favorecer el melanoma por la acción de fucomarinas y psoralenos, sospechosos de ser cancerígenos cuando la piel es expuesta al sol.
  • Ajo y cebolla: sus compuestos sulfurados reducen el efecto cancerígeno de nitritos y nitratos, sustancias tóxicas presentes en los embutidos. El ajo parece ser más efectivo que la cebolla, pero debe ser finamente cortado para que libere la alicina, molécula que es transformada en compuestos sulfúricos con propiedades anticancerígenas.

Alimentos que ponen en riesgo la salud

  • Carne roja: no se deben consumir más de 500 gr. por semana. La carne roja contiene demasiado hierro-eme, ligado a la hemoglobina que es un potente oxidante y en el tubo digestivo puede formar sustancias cancerígenas. Las carnes blancas, menos ricas en hemoglobina, se pueden comer, aunque sin exagerar.
  • Grasas hidrogenadas: se encuentran en diversos productos industriales (caldos, galletas dulces), están formadas por grasas trans y grasas saturadas, disminuyen el colesterol bueno (HDL) y aumentan el malo (LDL), modifican la permeabilidad de las membranas celulares y provocan insulino-resistencia, un fenómeno que lleva a la diabetes y a los tumores.
  • Azúcares simples: todos los alimentos que hacen alzar la glucemia, aumentan el riesgo de diabetes y cáncer. Los dulcificantes artificiales son desaconsejables porque elevan el nivel de insulina.
Un tercio de los tumores más comunes podrían evitarse con una buena alimentación, actividad física y control del peso corporal.