La mejor película de Ridley Scott (con permiso de “Blade Runner”) sigue, tres décadas después de su estreno, envejeciendo de forma maravillosa y su status de obra de culto no hace más que incrementarse. Esto se debe a una reunión irrepetible de los mejores talentos en sus respectivas disciplinas.

El guión original

El guionista Dan O’Bannon, con la ayuda inestimable de Ronald Schussett, gestó “Alien” tras su participación en la parodia “Dark Star” (1972) de John Carpenter. O’Bannon quiso volver al espacio en su siguiente proyecto, pero esta vez desde una perspectiva cercana al género del terror. Para ello, situó a siete personajes de lo más normal (son simples transportistas, y no intrépidos navegantes espaciales) en un espacio reducido y claustrofóbico, y los enfrentó a sus miedos más primarios, encarnados por una bestia irracional, aunque inteligente, guiada únicamente por un instinto de aniquilación.

O’Bannon consiguió que su Alien personificara todos los horrores tradicionales de la audiencia: el miedo a la oscuridad (el espacio), a lo desconocido, al aislamiento, a la agresión sexual e incluso al embarazo, ya que la bestia se gesta en el interior de uno de los tripulantes.

Buscando la financiación del proyecto, logró que la Fox apadrinara su película, con la condición de permitir un nuevo borrador del guión por parte de los productores Walter Hill y David Giler, que introducirían acertadamente subtramas como la del tripulante Ash, obsesionado con proteger al alienígena (a mitad de metraje se sabrán las causas).

Colaboración de los mejores artistas

Con el proyecto ya en marcha, O’Bannon quiso la colaboración de un variopinto grupo de artistas que ayudaran a crear una estética única para su película. Para empezar, contactó con Alejandro Jodorowsky, que en aquellos años estaba inmerso en su (finalmente frustrada) versión de “Dune”, que acabaría rodando David Lynch, y se agenció a los irrepetibles artistas que participaban en ella. Moebius diseñó, entre otras cosas, los trajes espaciales de Alien y conceptualizó la parte infográfica del film. El artista suizo H.R. Giger era perfecto para plasmar al alienígena y su entorno, introduciendo todo tipo de siniestros elementos propios de su iconografía, en la que eróticas y sugerentes formas crecen orgánicamente formando volúmenes biomecánicos, sospechosamente similares a penes y vaginas. El especialista en FX, Carlo Rambaldi, daría vida a la criatura como una personificación sublime del mal.

Para contrastar, Ron Cobb, estéticamente antagónico a Giger, se encargó hasta del detalle más nimio del diseño interior de la nave Nostromo. Cobb introdujo los símbolos industriales y los códigos que señalizan todas las partes de la nave, dotando a la ambientación de ese gran realismo que se percibe viendo la película. De hecho, el set del Nostromo no era un decorado. Era absolutamente real y el equipo se contagió de un ambiente claustrofóbico, viviendo semanas en esa especie de submarino.

El ilustrador visionario Christopher Foss se encargaría del exterior gótico del Nostromo.

Ridley Scott se implica

Se barajaron todo tipo de directores para llevar a cabo la película. Desde el propio productor y co-guionista Walter Hill, que finalmente renunciaría por desconocer el género, hasta Robert Aldrich. Pero el elegido fue finalmente el británico Ridley Scott, que ya había deslumbrado a todo el mundo en Cannes con “Los duelistas”, opera prima en la que ya hace alarde de su buen hacer tras las cámaras.

Con Scott implicado, pronto se intuyó que Alien sería una obra única, alejada de todo lo hecho anteriormente en el género de terror espacial, tradicionalmente marginado en la serie B. Procedente de la publicidad, y más centrado en lo visual que en la interpretación, el cineasta supo como narrar eficazmente el excepcional guión de O’Bannon, con una estructura señalada en dos partes, integrando al espectador dentro de la trama en la primera, para dejarlo boquiabierto en la segunda.

Scott demostró su valía narrando con nervio la historia, dosificando emociones y golpes de efecto, y sacando partido a todas las escenas, que dependían de él para no caer en el más bochornoso de los ridículos. Consciente de la fuerza del argumento, adecuó a cada secuencia la intensidad justa para conseguir aterrorizar al espectador como si fuera un tripulante más del Nostromo.

Un espectacular reparto

Para seleccionar a los tripulantes, Scott prefirió prescindir de estrellas consolidadas, pero quiso contar con los mejores actores del momento.

Otro de los aciertos de “Alien” hay que agradecérselo al responsable de la Fox, Alan Ladd Jr. (legitimado por ser uno de los pocos que inicialmente creyó en “Star Wars”), que planteó a Scott la idea de que Ripley, el protagonista, fuera una mujer. Scott accedió encantado a esta idea, que en la época era de lo más novedosa, y escogió a una entonces desconocida Sigourney Weaver para interpretar el papel.

El resto de tripulantes del Nostromo debía ser un compendio que representara las distintas emociones de la audiencia, y la voluntad de realismo quedará patente al desarrollar la descripción de los personajes en función de los conflictos que tienen entre sí. El responsable de la nave, Dallas (Tom Skerritt) sólo está interesado en mantener la calma de sus cada vez más enervados empleados, los operarios interpretados por los geniales Yaphett Kotto y Harry Dean Staton, se preocupan casi exclusivamente de problemas sindicales, el oficial científico Ash (Ian Holm) será el elemento inquietante del que todos sospechan, y con razón. Lambert (Verónica Cartwright) será la encargada de personificar todos los miedos del espectador. Finalmente, Kane (el siempre excelente John Hurt) interpretará a la primera víctima del alienígena en una de las escenas más impactantes de la película, en la que Ridley Scott, con un olfato envidiable, mantuvo en secreto para el resto de los actores el hecho de que un alien saldría del pecho del actor.

El realismo de las caras de miedo y asco en los actores hablan por sí solas.

Cine convertido en leyenda

El suspense y claustrofobia que impregna todo el metraje son redondeados por una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine, perpetrada por Jerry Goldsmith (“El planeta de los simios”, “Gremlins”, "Rambo", "Desafío Total"...). Con ella y un espectacular sonido, la película consigue mantener al espectador en vilo hasta el final.

La imaginativa campaña publicitaria contribuyó al enorme éxito del film, que estuvo meses en cartelera y generó un franquicia repleta de secuelas, subsecuelas y plagios que no llegan a la altura de la original. Weaver siguió encarnando a Ripley en la citada franquicia, aunque cuidó lo suficiente su carrera para interpretar convincentemente otro tipo de papeles y convertirse en una estrella. O’Bannon volvería al fantástico escribiendo, entre otras, “Desafío Total” (1990) y dirigiendo la encantadora comedia punk “El regerso de los muertos vivientes” (1985).

Con respecto a Ridley Scott, su siguiente película, “Blade Runner” (1982), se convertiría en otra leyenda y piedra angular de la ciencia ficción, pero nunca más conseguiría esa excelencia . Su carrera cayó en picado cinematográficamente, alternando películas interesantes con verdaderos bodrios infumables. Esto a la espera de su siguiente proyecto, una precuela de “Alien”, planeada para su estreno en 2012.