Hoy se conoce la ventaja de la lactancia materna como reductora de los riesgos de alergias diversas, entre ellas las de tipo alimentario, pero a pesar de ser amamantados con leche materna algunos bebés pueden notar ciertas molestias que pueden identificarse como típicas de estas patologías.

Desencadenantes habituales de alergias

Los antecedentes familiares de alergias son motivo suficiente para amamantar de forma exclusiva a un bebé, pero aun así es posible desarrollar los síntomas aun tomando medidas excepcionales. Las intolerancias más habituales son a la lactosa y a las proteínas de alimentos.

En estos casos los síntomas pueden ser más leves de lo que sucedería si el bebé recibiera leche de fórmula. Puede que el bebé desarrolle demasiados episodios de cólicos, o que su piel sea excesivamente atópica, se muestre demasiado inquieto en las tomas y nuestra lactancia sea más complicada de lo esperado. Si el bebe recibe fórmula puede incluso vomitar y tener diarrea.

Cólicos del lactante amamantado

Una gran parte de los bebés ha sufrido alguna vez en su vida un episodio de cólico, un dolor misterioso que se origina en las horas de la tarde sin motivo aparente, que puede identificarse fácilmente por el llanto inconsolable y el movimiento agitado de sus piernas contra el pecho. El modo más natural de tranquilizarlo es el contacto directo con su madre y lactancia materna.

Según el Doctor Newman Para que se considere que un bebé sufre de cólico es necesario que el bebé esté aumentando bien de peso y que se le vea saludable”. Partiendo de esta premisa, el bebé puede sufrir de cólico por tres principales razones:

  • El bebé toma en cada sesión los dos pechos.
  • La leche de la madre sale demasiado deprisa durante la sesión.
  • Proteínas extrañas en la leche de su madre.
Los tratamientos para el cólico son variados, desde masajes cariñosos en la tripita del bebé a masajes especializados de tipo visceral, soluciones medicamentosas de toda índole, cargar al bebé y llevarlo pegado a la mamá o la lactancia materna. Muchos cólicos suelen desaparecer en los primeros tres meses, pero algunos persisten y necesitan otra solución. Es el caso de los tres supuestos mencionados.

Exceso de lactosa

Cuando la técnica de la lactancia se realiza a base del control del tiempo de la tetada y de los dos pechos, el bebé puede recibir una cantidad excesiva de leche materna rica en lactosa, dejándose perder la leche rica en grasa por la falta de vaciado total de la mama. El bebé recibe una leche con pocas calorías al mismo tiempo que toma una gran cantidad que sobrepasa su capacidad gástrica sin sentirse saciado.

El resultado es una digestión rápida con exceso de lactosa, que no se puede procesar, con síntomas parecidos a la intolerancia, aunque no sea real. Intentar mantener al bebé en el primer pecho hasta que se suelte de forma espontánea o se duerma permitiendo su vaciado completo soluciona el problema. Con técnicas como la compresión del pecho o repetir en el mismo pecho antes de pasar al segundo se colabora en el vaciado.

Algo similar ocurre cuando la leche de la madre sale muy rápida del pecho. El bebé puede sentirse muy inquieto y revoltoso, no logra coordinar el flujo de leche para tragar y se atraganta con facilidad. Esta situación provoca mucho malestar en la madre que percibe un rechazo de su hijo, y el bebé se muestra irritable cuando sale deprisa y a veces cuando el flujo disminuye. También tiene fácil solución.

Algunas veces solo es necesario exprimir un poco de leche antes de alimentar al bebé, procurar que este no esté especialmente hambriento, adelantándose a los signos de hambre por llanto o alimentar al bebe tumbada para que la fuerza de la gravedad reduzca el flujo. No viene mal seguir ofreciendo, incluso dos o tres veces, el pecho del mismo lado. Ambas situaciones pueden empeorar si el enganche al pecho es inadecuado.

Intolerancia a alguna proteína

Numerosos estudios han confirmado que excedentes de proteínas extrañas en la dieta de la madre, pueden colarse en el riego sanguíneo y pasar a la leche ocasionando en el bebé incómodas molestias. La proteína más habitual es la de leche de vaca y se corrige con una exención de lácteos bovinos en la dieta materna, que debe confirmarse cuando el bebé mejora tras el tratamiento.

Situaciones ajenas a la madre como un solo biberón en el hospital puede despertar la sensibilidad a la proteína en el futuro, de la misma forma que el exceso de proteínas en la dieta materna durante la lactancia o el embarazo hacen más susceptibles estas intolerancias. Muchas madres no detectan sus síntomas hasta que el niño comienza con una lactancia mixta o artificial. La mejor opción es continuar amamantando.