Las investigaciones de los asesinatos conocidos como “crímenes del Kebab” están aportando incómodos datos para el gobierno alemán. Hay evidencias de la presencia en al menos seis escenas del crimen de un agente del Servicio Secreto germano. De confirmarse la complicidad de este funcionario de la seguridad alemana en los crímenes cometidos por un grupo neonazi, estaríamos ante la enésima apertura de una vieja herida que no termina de cicatrizar: la cuestión nazi en el seno de la sociedad alemana actual y democrática.

Indignados y avergonzados

La reacción habitual de los alemanes es de estupor y de indignación. El asunto nazi es tan delicado que en la constitución alemana se prohíbe cualquier apología del nazismo, así como el uso de sus símbolos. En lo primero no se consigue evitar la presencia de partidos ultraderechistas que en cierta manera consiguen hacer apología nazi, pues el Tribunal Constitucional alemán no ha podido completar su ilegalización por problemas formales en el proceso abierto desde el 2000. En lo segundo sí, los manifestantes neonazis en sus marchas deben recurrir a la imaginación para remplazar la esvástica por otros símbolos que suelen ser de raíz ultranacionalista.

Sin embargo, esa indignación es más vergüenza que determinación de abordar un problema que lastra la imagen del país como potencia democrática. La canciller Merkel habló, tras conocerse la noticia de que los asesinatos de inmigrantes fue obra del descubierto por casualidad grupo neonazi “Clandestinidad Nacionalsocialista”, en términos contundentes pero fuera de su papel de gobernante. Ha sido a través del congreso de su partido que hizo una proposición de replantear al parlamento la prohibición del Partido Nacional Democrático (NPD), que aglutina a los principales focos neonazis.

Terrorismo de ultraderecha

El ministro del Interior Hans-Peter Friedrich, no ha tenido más remedio, ante el cariz que tomaba la investigación de lo que la policía calificó en un principio de simples ajustes de cuentas entre las mafias turcas, de exigir explicaciones a los servicios de lucha antiterrorista del estado de Turingia, lander donde actuaron y vivieron los asesinos neonazis. El hecho de depurar responsabilidades en los cuerpos de Interior dedicados al terrorismo, quiere dejar claro que se considera acto terrorista todo crimen de ideología nazi.

La prensa alemana recoge con preocupación la constancia de que los servicios de seguridad del Estado ni tan siquiera sospechasen de la ahora ratificada relación entre la serie de asesinatos, diez a lo largo de más de una década, cometidos por toda Alemania, y el entorno de la ultraderecha nazi. Por eso el ministro Friedrich ha ordenado la reapertura y revisión de todos los casos de asesinato con elementos racistas o con ambigüedades en su investigación desde el año 1998.

Xenofobia, odio racial, “los crímenes del Kebab”

El título de las investigaciones policiales correspondía a los casos de asesinatos de comerciantes turcos, dueños de un restaurante Kebab, de ahí el apelativo con el que se conocía a estos crímenes. La ceguera de los agentes y la ahora probable complicidad de los servicios secretos, convirtió unos horribles delitos de odio racial en ajustes de cuentas entre la mafia turca que controla los comercios de emigrantes. Nadie vio, por increíble que parezca, indicios de xenofobia.

Un vídeo siniestro encontrado en la vivienda donde dos miembros del comando se suicidaron muestra imágenes de las víctimas poco después de ser asesinadas con un tiro en la cara. Explican también, con burdos dibujos animados, como planificaron y realizaron los crímenes. Una burla cruel oculta a la sociedad alemana durante años y que ahora vuelve a tener pesadillas neonazis. Una sociedad preocupada como todas las europeas por los avatares económicos, pero condenada a reabrir una vieja herida cada vez que surge un caso de criminalidad neonazi.