Alejandro Jodorowsky, buscador incansable, plasma su mirada del ser humano, del mundo y de la vida en la estética, en el cine, en el cómic, en el teatro, en la literatura, pero para estos efectos nos centraremos en dos de sus obras el libro Antología pánica (1996) y el ensayo La sabiduría de los cuentos (2001). En ellos explora en las dimensiones del descubrirse a sí mismo, de la libertad mental, de cambiar los hábitos que te condicionan y de las diversas etapas del ser humano. Estos son parte de sus principios.

El artista alude a la máxima griega de “conócete a ti mismo” o dicho más profundamente que cada cual conozca el universo que lleva interiormente. El propósito, descubrirse para revelar o encontrar la joya que todo individuo posee. Esto nos hace pensar en otro adagio de Sócrates que cuando caminaba con sus discípulos por senderos plagados de árboles les decía una frase en latín muy hermosa: “nihil volitum nisi praecognitum”, que significa no se puede amar lo que no se conoce, o sea, los interpelaba a examinarse internamente.

Cuando empiezas a tener conciencia del “dios interior”, propone que se debe trabajar mucho sobre sí mismo. Es decir, quitar los reflejos condicionados, mediante el destierro del pasado y el cambio del comportamiento “hay que limpiar la mente, el corazón y el sexo”, o sea, modificar los hábitos. Sin embargo, esto es una tarea que implica concentración, disciplina, paciencia y perseverancia. Como dijo el psicoanalista Eric Fromm: “para ir donde quieres muchas veces tienes que ir por donde no quieres”.

Círculo vicioso

En su libro Antología pánica describe que en un individuo subsisten hábitos corporales, mentales, emocionales y sexuales que están supeditados por la propia cultura, la familia y la sociedad. Sin embargo, cuando se deshacen estas ataduras se produce una suerte de revelación que le permite a una persona determinada lograr entrar en otra dimensión de si misma.

Jodorowsky lo ejemplifica con dos breves historias: en la primera un joven sube a un mástil, llega hasta arriba y le dicen que no puede bajar y éste se desconcierta, no sabe qué hacer y el zen exhorta a asumir el riesgo de dar un paso en el vacío. El escritor propugna con este relato que muchas de las acciones humanas están programadas para desarrollarse de cierta manera; no obstante, agrega que no hay que tener miedo a hacer algo distinto o a realizar algo que nunca has efectuado antes.

Lo complementa con la segunda historia donde refiere que a un director de un diario un día le piden que debe salir a vender periódicos a la calle, lo hace y le cambia la vida y ni los empleados lo reconocen. Entonces la enseñanza expresa es: cuando te sales de ti mismo aparece otro personaje que no conocías y eso es algo enriquecedor porque palpas y conoces nuevas energías de ti.

Hay que actuar

El multifacético creador chileno afirma que entre “actuar y no actuar, mejor actuar”. Es decir, frente a la vida no sirve titubear o dudar, muy por el contrario hay que atreverse, arriesgarse a lo desconocido a lo que va más allá de lo que se controla. Lo que subraya se asemeja a la filosofía de vida del poeta francés, Arthur Rimbaud y el propio Julio Verne que en sus libros enaltecían la idea de “la fortuna le sonríe a los audaces y a los valientes”. Dicho de otra manera se puede emprender un proyecto y si se fracasa, al menos queda la experiencia.

En este sentido lo ilustra con su ensayo la sabiduría de los cuentos donde aparece un antiguo relato chino en el que un samurai busca a otro para retarlo, pero no lo encuentra, entonces otro día se topa con un anciano y le dice "¡tú eres un samurai!" Y este le responde que no. Finalmente y después de mucha insistencia el viejo acepta luchar con él, pero se cubre los ojos con las manos y le dice: "estoy listo". El samurai lo observa un segundo y le dice "tú ganaste". Para Jodorowsky el samurai con los ojos abiertos pensaría sus acciones, mientras que el anciano con los ojos cerrados actuaría.

El actuar se vincula con el estar alerta o despierto y agrega: “hay personas que viven de recuerdos, son incapaces de estar alerta a todo lo que viene”. Menciona que el samurai prevé, aunque en realidad está alerta y va más lejos en tanto en la propia inactividad, la mirada está consciente, despierta abarcándolo todo.

Etapas del ser humano

El director del Topo y la Montaña sagrada compara la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez y la senectud de una persona con un árbol y cada una de sus ramas representa una fase de la vida. Entonces cuando se termina el período de la infancia se corta una rama, luego se pasa a la adolescencia y al culminar ésta se arranca otra y así sucesivamente con todas las demás. El tarotista plantea que un hombre verdadero nunca debe trozar sus ramas: debe conservarlas todas y ser niño, adolescente, adulto, anciano al mismo tiempo. Así cuando alcanza la vejez posee las otras etapas de su vida.

Finalmente, sus planteamientos son una entre muchas posibilidades de desarrollo interior y lo ejemplifica con el decir de los africanos, quienes tienen el adagio: “la verdad no existe en una sola cabeza”. Por lo mismo, persisten muchas verdades e infinitas formas de resolver un mismo problema. Cuando a Jodorowsky se le resalta que ha sido poeta, mimo, bailarín, cineasta, escritor, guionista de comic, tarotista, psico-mago y guitarrista, entre otros, él agrega graciosamente que también fue ladrón de plátanos bajo la luna en la estación de ferrocarriles de Valparaíso en Chile.