“La trata de personas es una forma de esclavización del ser humano con finalidad sexual o laboral mediante secuestro, engaño y violencia. Los que ejecutan este delito reclutan a sus víctimas mediante falsas propuestas de trabajo y extorsión. Son luego retenidas en contra de su voluntad bajo condiciones de vida infrahumanas.” Matías (13) lee con orgullo el texto que redactó con sus propias palabras, se aproxima el viernes y como será uno de los coordinadores del taller de trata de personas quiere estar bien preparado para recibir a los chicos que participarán del Encuentro de Jóvenes por la Paz.

La ONG Serpaj defiende los derechos humanos en Argentina

Él podría estar en la calle, vive en la periferia de General Rodríguez y como en cualquier barrio humilde del país, lo rodea la violencia, las drogas y las tentaciones. Pero no es su caso, tampoco el de los más de 130 que como Matías eligen asistir de miércoles a sábados de 13 a 17 a la Aldea de Jóvenes para la Paz, organizada por el Serpaj (Servicio Paz y Justicia), presidido por el Nobel Adolfo Pérez Esquivel.

“No somos una Iglesia, ni un partido político o un centro de rehabilitación, somos un organismo de Derechos Humanos que avalados por la Dirección General de Educación y Cultura brindamos cursos gratuitos en oficios de carpintería, plomería, electricidad, apicultura, avicultura, huerta, panadería, quesería, serigrafía y marroquinería”, dijo Cecilia Valerga, una de las titulares del proyecto. En el campo de diez hectáreas también se ofrece almuerzo, clases de lectoescritura, matemática y educación física.

Una utopía hecha realidad

A diez minutos del centro de General Rodríguez, por un camino de tierra, rodeados de plantaciones de soja transgénica, campos de deportes de colegios privados bilingües y algunas casas de fin de semana, los 13 profesores, dos asistentes sociales, un médico y dos coordinadoras pretenden enseñar las primeras estructuras del mundo del trabajo en base a la paz y la no violencia a adolescentes de entre 12 y 18 años que son 5º o 6º generación de padres desocupados.

“Es imprescindible poder ayudarlos a superar el inmediatismo del `zafo hoy y estoy bien` para que puedan pensar en un futuro que está bastante vedado”, destacó Valerga.“Los talleres son una metáfora de construcción de sí mismos, a medida que se avanza con un proyecto los chicos se vuelven más pacientes”, sostuvo Martin Ángel, el profesor que desde hace 13 años dicta el taller de carpintería. Y agregó: “Si el trabajo va más allá de lo que se puede empezar y terminar en el día es un objetivo cumplido”.

Cultivo y agricultura ecológica

Paola Nebbia, también titular de la aldea, reconoció que trabajar con la paz no es sencillo porque el discurso que plantean “no es natural para los pibes. Implica un proceso muy largo lograr que ellos puedan pasar de la acción a la palabra respetuosa.”contó Denise Alegría, una de las asistentes sociales. “La clase es la excusa para el encuentro y la reunión, de ahí podemos problematizar y ampliar la mirada que los chicos tienen sobre un tema”, comentó Elio Buratovich, encargado del taller de marroquinería.

“Cuando hay problemas con los grupos, mediamos y a partir de esas situaciones emergentes trabajamos violencia y vinculación entre grupos”,

Todo lo que se produce se utiliza para el abastecimiento del comedor de la aldea, lo poco que sobra se vende y se reinvierte en el proyecto. De todas formas, Velarga explicó que se le da a cada egresado una pareja de conejos y una gallina ponedora de huevos para que se los lleven a su casa. A su vez, los 15 chicos que realizan el taller de huerta orgánica, con ayuda del profesor Ángel “Bocha” Beriolo, plantan semillas con sus familias y logran autoabastecerse. Es el caso de Brian (13) quien en su casa planta tomates, lechuga, berenjena y radicheta. “Su madre nunca va a la verdulería”, comenta el apasionado profesor.

Un encuentro integrador

No son días normales, hace un mes que se viene preparando el “Peacejam”, como llaman al encuentro del viernes 27 y sábado 28 de octubre, y que por elección mayoritaria debatirá en cada stand sobre: trata de personas, cuidado en las relaciones sexuales, discriminación, adicciones y violencia de género. Cada uno decide en cuál actividad participar y si la coordina o no.

“Es un desafío muy importante ya que deben ponerse en un rol que no es habitual para ellos y tratar con chicos de otras organizaciones”, afirmó Nebbia. Para ella, el encuentro es “un espacio para que puedan expresarse y compartir lo que les pasa a partir del respeto y el reconocimiento del otro”.

En una de las 12 aulas equipadas con computadora con conexión a Internet e impresora las asistentes sociales Denise Alegría, Valeria Torchia, los profesores Elio Buratovich de serigrafía y Martín Ángel de carpintería junto con seis chicos coordinan las actividades del taller de trata que incluirá una presentación oral, la proyección de un video, un juego de la oca, un crucigrama y una charla con la especialista Ana Chávez.

Para Torchia no es casual que los adolescentes hayan elegido este tema: “Corre el rumor de reclutamiento para redes de prostitución en los pooles. Los trabajadores de los campos de polo les ponen drogas a las bebidas, las duermen y las violan.”

Las actividades de la aldea Serpaj se sostienen con donaciones

"Nosotros hacemos el seguimiento-prosiguió- y esperamos a que las chicas cuenten su situación así las ayudamos. Cuando todo sale bien, nuestra movilización y los resultados obtenidos permitieron que otros chicos se animaran a confesar casos similares”.

“Nosotros no le cambiamos la vida a nadie, solo mostramos otra posibilidad para que el chico elija, si no conoce no puede elegir”, afirmó Nebbia. Las actividades de la aldea se sostienen mediante donaciones, según Valerga, la más importante fue la de Carrefour Francia que les permitió expandirse, con la crisis internacional los recursos bajaron y tuvieron que cancelarse las clases de arte, entre otros perjuicios. Para colaborar se puede comunicar con la Serpaj.