El Programa Conduce sin Alcohol ha modificado la conducta de los habitantes de la Ciudad de México en temas de alcohol y volante, disuadiendo a la sociedad a beber de forma responsable y no conducir bajo los influjos del bebidas embriagantes.

Este programa mejor conocido como Alcoholímetro, ha permitido disminuir de forma importante los accidentes automovilísticos durante las madrugadas en los fines de semana y las muertes asociadas al consumo de bebidas alcohólicas por parte de los conductores.

Según datos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, en los años previos a la implementación de este programa se registraban “un promedio de 160 accidentes mortales anuales, para 2012 se presentaron tan solo 93 accidentes y 60 muertes relacionadas a estos motivos, lo que refleja una reducción de un 35 o 40%”.

Las pruebas a conductores

Estos números demuestran que el Alcoholímetro es un programa que ha beneficiado de manera directa a la población de la Ciudad de México. Sin embargo, también es un programa rodeado de mitos que se han creado entre los propios conductores para intentar pasar las pruebas y evitar ser detenido en el “Torito” aún cuando han bebido alcohol.

Según dicen los mitos urbanos que masticar papel estraza, comer plátano, masticar chicles, cepillarse los dientes con mucha pasta dental, fumar, beber café o tragar aceite de olivo, sirven como antídoto para no dar positivo en el Alcoholímetro.

Sin embrago, “no hay ninguna forma de engañar a los aparatos. Estos aparatos miden los miligramos de alcohol por litro de aire espirado, es decir, no hay manera de que una persona pueda modificar la presencia de alcohol masticando o comiendo cosas que se supone funcionan”, dice Oscar Pérez Coria, Segundo Inspector y Director Operativo de Conduce Sin Alcohol.

Las detenciones en el “Torito”

Una vez que los oficiales aplican las pruebas de alcoholemia y el conductor supera los 0.40 miligramos de alcohol por aire espirado, son puestos a disposición de un juez que dicta las horas de arresto que pasara en el “Torito”.

“Pero lo que la gente no entiende es que esta sanción depende del grado de intoxicación etílica y de cómo se comportan los conductores con los oficiales y con el juez. Desafortunadamente hay gente que se comporta muy altanera y esto influye en la sanción”, explica Pérez Coria.

Y agrega: “hay que destacar que la sanción inicia una vez que son puestos a disposición del juez cívico y el tiempo que tarde éste en dictar la sanción será restado a las horas de arresto. Es decir, su pena inicia una vez que es presentado ante el juez, hay que explicar esto porque la gente cree que su sanción empieza una vez que llegan al Torito”.

Según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF), “del 2003 a la fecha se han sancionado a 113 mil infractores que fueron remitidos al Centro de Sanciones”. Y tan solo en 2012, 14 mil conductores fueron detenidos por sobrepasar el límite permitido de alcohol.

Manipulación de los aparatos

Otro de los mitos que se escuchan con respecto a este programa es que los oficiales manipulan los aparatos con la intención de detener a más personas. Contrario a estos rumores, los aparatos no pueden ser manipulables debido a su sistema de programación, que evita un funcionamiento arbitrario.

“Los aparatos no tienen ningún aditamento o perilla para manipular las pruebas. Solamente tiene una pantalla digital, un puerto infrarrojo para imprimir los datos de las pruebas y cuatro botones táctiles correspondientes al encendido y apagado, fecha y hora y otro para repetir el último resultado hecho”, explica Pérez Coria.

“Así –puntualiza el oficial-, no hay manera de agregarle o quitarle cosas a este aparato. Está sellado con la última fecha de calibración”.

Con una lana se arregla…

Como siempre pasa en México, la cultura de corrupción hace suponer que “con una lana todo se arregla”, sin embargo, el Alcoholímetro ha sido uno de los programas que mejor ha funcionado gracias a que ha permanecido prácticamente inmune a estas prácticas.

“Aquí nada se salva. No importa que seas hombre, mujer, menor de edad, funcionario del gobierno federal o local; que seas gente conocida en el ámbito político, social o deportivo. Este programa solamente reconoce que eres un ciudadano y como tal tienes derecho y obligaciones y una de ellas es no conducir luego de haber ingerido bebidas alcohólicas”, subraya Oscar Pérez Coria.

Hacer conciencia en la sociedad

Finalmente lo que busca este programa es crear una responsabilidad social con respecto al consumo del alcohol y sus consecuencias si se combina con el volante. A pesar de esto, algunos sectores de la sociedad siguen viendo a este programa como una limitante a la diversión y a las fiestas.

“Nosotros no somos caza borrachos como a veces nos llaman –dice Oscar Pérez Coria-. Lo que buscamos es que la ciudadanía haga conciencia y que no relacione el alcohol con el volante y a pesar lo molesto que puede ser la detención de los conductores, es preferible que se enojen con nosotros a que causen un daño mayor a otro ciudadano o provoquen accidentes con resultados mortales”.

Y concluye: “No buscamos que la gente deje de tomar, queremos que se auto regules. Si van a tomar no manejen. Lo que queremos es que se diviertan en exceso pero que tomen con responsabilidad”.