Perú y Chile comparten una paradójica realidad, el haber iniciado la senda del crecimiento y de la estabilidad que actualmente reflejan, en sus más recientes y respectivos gobiernos autoritarios.

El primero de la mano de Alberto Fujimori, quien habiendo ganado a Mario Vargas Llosa en unas limpias elecciones democráticas, otorga tal tinte a su régimen al disolver el Congreso en abril de 1992. Y el segundo con Augusto Pinochet, luego de tomar el poder en septiembre de 1972, vía golpe de Estado a Salvador Allende.

Aunque Chile anda algo más adelantado, lo que le permite algunos gastos que en situaciones distintas le serían imposibles; el Perú debe todavía transitar la senda del equilibrio fiscal y del crecimiento económico sostenido, a fin de consolidar la relativa estabilidad que diversos indicadores evidencian desde hace ya unos quinquenios.

Primer Gobierno de Alberto Fujimori

Alberto Fujimori tomó las riendas del Gobierno peruano en julio de 1990, luego de la deficiente primera Administración de Alan García Pérez, entre los años 1985 y 1990.

La trágica situación heredada en el campo económico, social, político, institucional y hasta internacional (relaciones con entes financieros internacionales quedaron prácticamente desaparecidas), ameritaba la adopción de medidas que la revirtieran con eficacia. Para lo que Fujimori toma decisiones políticas y económicas trascendentales, primero con el respaldo de su inicial agrupación política, Cambio 90, y posteriormente con otra que a partir del autogolpe de 1992 igualmente lo arropa, Nueva Mayoría.

Yendo finalmente en contra de la dirección ideológica adoptada en campaña electoral, dada la gravedad de la situación encontrada. Y el pragmatismo en ese sentido aplicado, llega incluso a ser materia de debate en medios económicos y académicos internacionales; tal vez por ir en contra de la influencia ideológica que marcaba las pautas a seguir en muchos países del mundo, por aquel entonces.

Autogolpe de 1992

En medio del caos reinante en el Perú en los primeros años de la gestión primigenia de Alberto Fujimori, -decrecimiento económico, hiperinflación galopante, desempleo, escasez de alimentos, no acceso a créditos internacionales,…-, el creciente peligro del terrorismo, ciertas actitudes políticas y sociales, y hasta decisiones judiciales controvertidas, no hacían más que trabar la pretensión fujimorista de revertir la situación encontrada.

Lo que incita al “chino” a disolver el Congreso de la República el 5 de abril de 1992, en fechas en que iba a ser “debatido” el aumento del sueldo de los congresistas, sus paredes eran pintarrajeadas como si de una vulgar calle o plaza se tratara; y el Poder Judicial absolvía al líder del principal grupo armado, Abimael Guzmán.

Repunte de la economía peruana

Luego de lo cual, contando ya con el respaldo mayoritario del flamante Congreso, de gran parte de la población y de distintas instituciones privadas, logra capturar en septiembre de 1992 al aludido líder de Sendero Luminoso, reestructurar el Poder Judicial, y sentar las bases del crecimiento económico y de la solidez social e institucional que hoy refleja el Perú.

Algo que los sucesivos Gobiernos de Valentín Paniagua, Alejandro Toledo y nuevamente el de Alan García, han sabido con inteligencia, visión e hidalguía continuar y mejorar; de cara al ansiado desarrollo sostenido y sostenible del país en particular, y de la región de Latinoamérica en general.