
- Horca - BSK
Albert Pierrepoint es el verdugo más conocido de Inglaterra, llamado "el verdugo bueno", por su entereza moral y por su particular visión acerca de la ética de la ejecución.
Creía firmemente que aún el más vil de los criminales merecía una muerte humanitaria. El ajusticiamiento debía provocar el menor sufrimiento. Pierremont se volvió un experto, en su especialidad, la horca.
La historia de un verdugo
La vida de Pierremont en su faceta de verdugo fue llevada al cine por el director Adrian Shergold, Pierremont: The Last Hangman (Pierremont, el último verdugo) el año 2005.
Siguió con una tradición familiar, Thomas su padre y Henry su tío, también fueron verdugos. Consideraba un honor realizar la tarea que sus familiares también habían efectuado.
Era dueño de un tradicional pub inglés, que siguiendo el humor negro británico se llamaba The Poor Struggler (El pobre estrangulador).
Se dedicó a estudiar con meticulosidad extrema su labor. Su filosofía era que la muerte en sí era la sentencia, no el sufrimiento, por lo tanto, todo debía ejecutarse con eficacia. Para lograr su propósito llegó a una ecuación donde combinaba peso y estatura del condenado, con la altura de la horca, el grosor de la cuerda y el lastre que debía arrastrarlo.
Las dos caras de la muerte
Pierremont mató a más de 400 personas, sin embargo, su nombre no está en ningún anal o estadística de psicópatas, su tarea más bien goza de prestigio porque se consideraba su labor necesaria para un sistema que entendía la pena de muerte como un asesinato legal.
En su autobiografía escrita el año 1976, al final de sus días señala su opinión contraria a la pena de muerte: "Si la muerte fuera disuasoria, yo debería saberlo. Todos los hombres y mujeres que he encarado en ese momento final me han convencido de que lo que yo he hecho no ha prevenido un solo asesinato. Si la muerte no sirve para disuadir a una persona, no debería preservarse para disuadir a ninguna otra".
El verdugo de Nuremberg
Su nombre salió a la luz pública después de los juicios a los jerarcas nazis en Nuremberg. Hasta ese momento había realizado su labor de manera silenciosa, casi en el anonimato, al grado que por mucho tiempo ni siquiera su esposa sabía que la razón de sus viajes era para ejecutar las sentencias dadas por el sistema judicial británico.
Después de Nuremberg fue citado para convertirse en el verdugo de los nazis y colaboradores del régimen alemán. Sin embargo, para su disgusto, su nombre se filtró a la prensa. Cuando regresó a su país, luego de haber ejecutado a 200 de los condenados en Nuremberg, se había convertido en un personaje conocido en todo el mundo.
La filosofía detrás del personaje del verdugo
Pierremont no sólo tenía una estricta ética respecto a la forma de realizar la ejecución que debía ser limpia y sin dolor, sino que además, se ocupaba personalmente de preparar los cuerpos de los muertos para darles sepultura. Él sostenía que con la muerte ya habían cumplido con la sociedad, y ahora debía tratarse sus cuerpos con dignidad y decencia. No les daba el trabajo de preparar los cuerpos para la sepultura a los funcionarios de funerarias, porque creía que no harían bien su trabajo. "Esta persona ha pagado el precio por sus pecados. Lo que queda de él merece ser tratado con dignidad", solía decir a sus ayudantes.
Además, creía firmemente en que no debía juzgar las decisiones que se tomaban respecto a la sentencia de muerte. Consideraba que cuando un tribunal tomaba una decisión, él sólo debía cumplir el veredicto, sin objeción de ningún tipo.
Se vestía de manera impecable para realizar su tarea. Trataba con cortesía a todas las personas ligadas a la condena. Sostenía que las personas, no importa cual hubiese sido su error, debían ser tratado con humanidad.
Nunca quiso conceder entrevistas ni dar su opinión sobre lo que realizaba. Sus allegados decían que él se habría sentido feliz si su nombre nunca se hubiera filtrado a la prensa, consideraba que su labor era necesaria, pero que el personaje central de la historia no era él.
Conclusión
Trabajó como verdugo hasta el año 1956, murió a los 87 años en 1992. La pena de muerte fue abolida en Gran Bretaña el año 1964. Pierremot pasó a la historia por haber ejecutado a más de 400 personas y como el más eficiente de los verdugos del mundo moderno, en sus 24 años de servicio a Inglaterra.
