La primera vez que se supo algo de Albert Espinosa fue a través de una película, "Planta 4ª", basada en una obra de teatro que había escrito siendo un adolescente. La película la dirigió Antonio Mercero y fue una explosión de alegría y profundas emociones alrededor de un tema que a todos espeluzna, y con razón.

La sorpresa no pudo ser mayor: los protagonistas son niños enfermos de cáncer que combaten el miedo divirtiéndose; y si toda la película alberga esta idea, la secuencia más impresionante y que más polémica generó entre el público y la clase médica es la de los chicos lanzados a una carrera de sillas de ruedas por el hospital

Amigos que se abrazan y se besan

El valor de los abrazos y los besos de los amigos ya crecidos es algo corriente en este autor. Hay que verlo interpretando sus propias obras, abrazándose a hombres y mujeres de su generación, besándose en las mejillas y en los labios, y descubrir la pasión por la vida de quienes estuvieron sufriendo angustias y dolores en su propio cuerpo, vieron el sufrimiento en compañeros de hospital y ellos mismos estuvieron a punto de morir.

Albert Espinosa perdió una pierna, parte de un pulmón y tuvo muchas otras dolencias que fueron controladas para sobrevivir al cáncer. Empezó creando buen teatro y haciendo culto a la amistad. Su sentido del humor tiene tal riqueza que rompe barreras; primero y principal se ríe de sí mismo, a veces con cruel sarcasmo, pero siempre con la intención de hallar los caminos que conducen a la libertad, la solidaridad, el amor. Tiene una página web que es en sí misma todo un espectáculo; es dueño de un talento que vuelca en toda clase de actividades creativas, pero eso sí, tiene muy claro que siempre busca las "diez caricias y los dieciocho abrazos diarios" imprescindibles para mantenerse en pie, "incluso o más con mi pierna ortopédica".

La última obra de Espinosa que se representó en Madrid fue "Idaho y Utah", una preciosa historia de camaradería entre jóvenes que fueron aquellos niños de "Planta 4.ª". Aquí se ríen de sus frustraciones, de sus fracasos, y perduran en la búsqueda del éxito... del amor, el éxito más importante.

Cuando acaba la función en la terraza de un edificio, un día de verano, los amigos se besan, se abrazan y se echan a dormir. No son amantes. No hay ni una mala broma al respecto. Son jóvenes que se necesitan y por tanto se abrazan y se besan sin rubor ni vergüenza alguna: son intrépidos buscadores de la buena fortuna.

El coraje de hablar del amor y del sexo

Fuera del teatro, su debut literario fue con "El mundo amarillo", unas memorias singulares acerca de su experiencia con el cáncer que tuvo notable éxito: "El cáncer te da una fuerza enorme, sobre todo siendo todavía un niño, porque le pierdes el miedo a la muerte".

En su primera novela, "Todo lo que pudiéramos haber sido tú y yo, sino fuéramos tú y yo" afirma: "Parece mentira que se tenga que hablar de coraje sobre estos temas, pero creo que una de las cosas que más infelices nos hacen es no hablar de amor y de sexo, y por lo tanto no disfrutar de estas emociones que son las más importantes de nuestra vida. Le damos mucha importancia al trabajo, el dinero, y qué sé yo cuantas tonterías, y nos da vergüenza o nos parece cursi entrar al trapo con esto del amor y del sexo".

"Si tú me dices ven lo dejo todo. Pero dime ven", su última novela, editada por Plaza & Janés, presenta de forma muy original sus obsesiones, vivencias y búsqueda del amor por encima de todas las cosas.

Si en su prosa ágil y dinámica, carente de subterfugios ya ha encontrado una voz propia, resulta especialmente admirable verle trabajar en un escenario, "jugando" con su pierna ortopédica, "manipulando" su facilidad de palabra y "adorando" esta posibilidad que le ha dado la vida -gracias a su empeño incondicional- de exhibir su dolor y su ansiedad... como si todos los espectadores, sin excepción, pudieran ser sus mejores amigos.

La última obra que se representó en Madrid fue "Idaho y Utah", título que proviene de una anécdota: dos chicos españoles con cáncer se hacen amigos en un ascensor del hospital. Cada uno lleva en su gorra grabadas esas palabras que ni siquiera saben lo que significan; cuando quien firma estas líneas asistió a la representación de la comedia, había en primera fila un hombre casi ciego con muletas, más atrás una señora ciega, y en el otro extremo un muchacho sin un brazo. Los numerosos admiradores de toda la obra de Espinosa no carecen necesariamente de ningún miembro ni sufren una discapacidad, pero todos saben de la necesidad de amor y de la dificultad de conquistarlo.

Para una despedida coherente con el universo de Albert Espinosa, nada mejor que una de sus muchas frases tan brillantes como profundas: "Si crees en los sueños, éstos se cumplirán porque creer y crear sólo están a una letra de distancia".