Un dentista-escritor da la vuelta al mundo con sólo dos obras de gran interés. Dos novelas que entusiasman por su sencillez y su riqueza literaria para narrar episodios de la vida de la gente de El Cairo. De algún modo heredero del Premio Nobel de 1988, Naguib Mahfuz, también entregado a grandes novelas corales, Alaa al Aswany entra de lleno en fenómenos emocionales y sexuales más propios del siglo XXI en su modo de sufrirlos y plantearlos, aunque también estaban presentes en las obras maestras que Mahfuz escribió tanto sobre el Antiguo Egipto, como «Akhenatón», como del Egipto contemporáneo: «La trilogía de El Cairo», «El callejón de los milagros» y «Principio y fin».

Un edificio en El Cairo, cargado de pasiones

«El edificio Yacobián» (Ediciones Maeva) es un apasionante fresco social y sentimental de El Cairo en la actualidad afrontando temas hasta entonces tabú en el marco de una sociedad con tremendos contrastes sociales. Destaca especialmente la calidad literaria dentro de una novela coral en la que se cruzan varias historias, todas muy interesantes; los prejuicios sociales entre ricos y pobres, las ataduras para una joven mujer, un encantador funcionario que vive bien sin dar golpe, heredero del confort paterno y sin embargo capaz de seducir a una jovencita virgen y crear entre ambos una formidable historia de amor, mientras paralelamente se entreteje una pasión homosexual de un apuesto hetero casado, fascinado por la excitación que le provoca su amante adinerado: dos mundos que entrarán en colisión bajo la desesperación de unos sentimientos en conflicto. La versión cinematográfica obtuvo un merecido éxito; en las principales ciudades egipcias se formaban largas colas para verla, pues rápido corrió la voz de lo provocativo de su mensaje: reflejo de la búsqueda de una nueva existencia en millones de personas.

Tras la represión, se ha de escoger entre el despilfarro y la libertad

En «Chicago», (Editciones Maeva) una chica y un muchacho son estudiantes egipcios que logran ser recibidos en una Universidad de la gran ciudad norteamericana para cursar doctorados tras una ejemplar trayectoria como estudiantes. Dueños de una inteligencia académica superior a la media, tienen en cambio un tremendo déficit de inteligencia emocional sustentado en gran parte en una represión sexual. Ella aspira a un mundo de sensualidad ideal, y él se aferra a un desahogo a través de una masturbación compulsiva que le recarga de culpabilidad y complicaciones religiosas. Sus historias se desarrollan entre experiencias de egipcios ligados a cierta corrupción o conmovidos malamente por el alto grado de despilfarro en todos los aspectos en una sociedad como la estadounidense que de tenerlo todo cae en una angustia existencial que a menudo lleva a la droga o al suicidio. Son personajes que, tras crecer bajo una dura represión sexual, han de escoger entre el despilfarro y la libertad.

«Chicago» tiene una estructura similar a la anterior novela, pero más lineal, directamente entroncada con el folletín, la clásica novela por entregas: capítulos cortos, redondos, con un lenguaje directo, para crear producir emociones a flor de piel descritas con gran calidad y capacidad de síntesis. La claridad y sencillez de su estilo está muy bien enmarcado en el tradicional arte de contar historias de un Egipto que hoy se ve convulso y entregado al cambio: «Muchos llevábamos años diciendo que el país reclamaba una revolución absoluta. Los jóvenes acaban de empezarla», dice Aswany.