El dinero es la base de todo en el mundo, motivo por el cual aquellas personas que cuentan con el mismo tienen la capacidad de adquirir lo que deseen y cuando deseen. Pero las personas que tienen esa suerte son una minoría, el resto son personas que trabajan y han adquirido sus vienes con dificultad.

Para estas personas sería conveniente la idea del ahorro, pero hay que destacar que ahorrar no es sencillo, pues los gastos son múltiples y los ingresos ínfimos en comparación.

Para muchos pensar en ahorrar podría sonar a misión imposible, motivo por el cual prefieren hacer sus transacciones en base al presupuesto actual, sin contar con capital que los respalde, puesto que no tienen una idea bien forjada de lo que es el ahorro y de cómo sobrellevar la situación.

Hay varios métodos para ahorrar, sin embargo no todos funcionan para todas las personas, ya que cada cual tiene una situación económica distinta y diferentes necesidades.

La dificultad de ahorrar

El principal obstáculo al momento de guardar el dinero es la voluntad, puesto que en el camino existirán necesidades importantes y también los antojos o necesidades secundarias. En el primer caso el dinero debe ser usado de forma obligatoria, ya que esas necesidades pueden presentarse por salud, falta de empleo, accidentes o siniestros y es necesario cubrirlas.

En el segundo caso, las necesidades suelen ser tecnológicas, por vanidad, novelería, entre otros y es en este tipo de necesidades donde más dinero se gasta y donde la voluntad se hace más débil.

También los gastos menores ayudan a dificultar todo, pues sumando todos aquellos pequeños antojos como un helado o una hamburguesa, se hace una cantidad de dinero gastado considerable.

Pautas para poder ahorrar

Lo primero es ser ordenado, para así poder tener una idea clara de la capacidad ahorrativa y cuánto permite la economía guardar.

Se sugiere hacer primero un presupuesto mensual con todos los gastos fijos como servicios básicos, comida, gasolina, pasaje y otros servicios que se tengan contratados en el hogar. También sería bueno agregar un valor para imprevistos.

Una vez hecho el presupuesto, se compara el mismo con los ingresos percibidos para saber cuál es la cantidad que se puede ir guardando.

La clave es plantearse una meta. Siempre es bueno establecer un tope de ahorro y un motivo por el cual se ahorra, para que exista el entusiasmo siempre. Por ejemplo, podría ser para comprar un carro, para una casa, para un viaje o para la educación de los hijos y el valor tope será en base a una proyección optimista de cuánto se puede ahorrar en un tiempo mediano.

No es bueno plantear cortos ni largos plazos, sino medianos, porque a corto plazo no se logrará mucho y a la largo plazo la persona se aburrirá. En cambio el mediano plazo es ideal, se logra una cantidad suficiente y el entusiasmo está ahí.

Dos o tres años es un tiempo adecuado y dependiendo de la frecuencia del ahorro (semanal, mensual, trimestral, entre otros), cuando se pueda, se debería guardar un poco más de lo establecido en la cuota, nunca menos, salvo casos fortuitos.

Se recomienda guardar el dinero en una institución bancaria, pues bajo el colchón es más fácil que la tentación haga su trabajo, en cambio en el banco está la tarea de sacar el dinero para gastarlo.

Es importante hacerse a la idea de que ese dinero no existe y no contar con él mientras se ahorre. Si se tiene algún problema económico hay que tratar en lo posible de solucionarlo por otros medios y sacar los ahorros será la última alternativa.

Sólo es cuestión de orden y un poco de voluntad, pues para poder guardar dinero hay que aprender a decirse no a sí mismo.