No existe país ni grupo social que no tenga incorporados en su lenguaje palabras soeces que se utilizan como una forma de agredir a otras personas. De una cultura a otra, incluso en algunas que hablan el mismo idioma, las palabras que se utilizan para herir pueden no tener el mismo sentido pero el efecto es el mismo: Agresión.

Lo que es un hecho, es que la palabra que denigra tiene un sentido subjetivo, y es ese mismo elemento el que hace que tenga tanto poder.

El uso habitual del insulto lo hace parecer normal, y es eso precisamente lo que lo hace peligroso. Porque enfrentadas a la agresión, las personas van perdiendo sensibilidad frente a los efectos a largo plazo del menosprecio o la violencia.

Muchas parejas utilizan un lenguaje de confrontación, desacreditación, humillación o maltrato, y es tan habitual que pierden la capacidad de asombro frente a las expresiones que utilizan, que en otro contexto, evidentemente, les provocaría un gran rechazo personal; el insulto sólo acrecienta la crisis de las relaciones de una pareja.

Usos de la palabra agresiva

El insulto tiene como objetivo al menos alguna de las siguientes razones:

  • Denigrar la dignidad de un individuo. Por esa razón generalmente los insultos son usados como dardos, precisamente atacando dicho aspecto. La virilidad, en el caso de los varones. La femineidad, en el caso de las mujeres. O la misma naturaleza humana, por eso la alusión a animales.
  • Destruir la integridad moral de una persona. El insulto logra su objetivo cuando una persona ve mermada su imagen y siente que es disminuida, rebajada o menoscabada.
  • Dañar emocionalmente. Una palabra usada como arma tiene la propiedad de provocar dolor emocional, que es en muchos casos, tan fuerte como el dolor físico.
  • Destruir la imagen o la reputación de alguien. Eso se logra con insultos que siembran dudas sobre las inclinaciones personales, sobre su valor como individuo, sus actos privados, o cualquier cosa que ponga a la persona en desmedro en su contexto social.
  • Sembrar discordia entre pares o en grupos sociales. En este caso el insulto tiene un fin político o de presión grupal. Se utiliza exacerbando motivos raciales, nacionalistas o de supuestas capacidades de un grupo u otro.

Los medios de comunicación y la agresión verbal

Lamentablemente, como señala Sílvia Cebrián de la Universidad Jaume I de España, hoy se vive lo que ella llama una "cultura de la polémica en la que predomina el vocabulario bélico (la guerra contra la droga, la lucha contra el cáncer, la batalla entre los sexos o la que mantiene los políticos), los medios de comunicación juegan un papel fundamental en la construcción de una cultura de paz y, por su alcance internacional, en el entendimiento y la comunicación entre los pueblos. Sin embargo, la lógica del mercado domina sobre la solidaridad, también en la información. La polémica y la violencia venden; el diálogo y la paz, de momento, muy poco".

Esa dinámica de polemización, enfrentamiento y violencia se traslada a las relaciones interpersonales, donde es muy fácil repetir el mismo lenguaje que impregna la realidad de todos los días.

Umbral de tolerancia

Es posible que una pelea campal o la utilización de armas de fuego llegue a aterrorizar a las personas. Sin embargo, tal como señala Cebrián, el lenguaje no suele provocar el mismo efecto, no obstante, las personas no se dan cuenta que, a la larga, el daño es peor que una pelea campal o una herida de bala.

Se habla de "umbral de tolerancia" a la facultad que tienen las personas para soportar determinados estados físicos y psicológicos.

Cuando se van aceptando paulatinamente algunas expresiones, se van creando las condiciones para tolerar otras que sean más ofensivas o violentas. Llega un momento en que estamos inmersos en un contexto de violencia verbal, sin apenas percibirlo.

La cultura de la polémica

En su libro La cultura de la polémica: Del enfrentamiento al diálogo (Barcelona: Paidós), Déborah Tannen, sociolingüísta de la Universidad Georgetown, señala que en los medios lo que predomina es la crítica, el ataque y la oposición para replicar las ideas o al público en general. Se va asentando entonces, una cultura que tiene un lenguaje de enfrentamiento como único parámetro de relación.

Nuevamente, otro elemento que sirve para crear las condiciones en las que las personas comienzan a ver su día a día y sus vínculos personales.

En el análisis del discurso se puede comprobar cómo las personas van incorporando a sus diálogos esa visión confrontacional tan común en los medios de comunicación.

Como señala el psicólogo Roberto Rosenzvaig, el problema del asunto es que "cuando una pareja ha discutido confrontacionalmente durante un cierto tiempo, ya no creen sinceramente que pueden hacerlo de otro modo, se vuelven desconfiados, así que las emociones negativas están instaladas desde el principio de la discusión".

Conclusión

Calificar el insulto como una forma de maltrato es el primer paso para comenzar a establecer una relación sana. Las personas necesitan entender que la agresión y la violencia no son formas saludables de relación.

Cuando se permite el insulto, se falla contra sí mismo. El insulto rebaja, humilla, agrede, maltrata, violenta. Parar esa conducta es un paso necesario para asegurarse un medio ambiente propicio para el crecimiento normal como persona. Así como existen carteles: "¡Basta! ¡No más violencia!", deberían existir algunos que dijeran lo mismo, pero, en relación al insulto.

La pareja que no para el insulto tarde o temprano se convierte en parte de un drama de violencia cruzada que siempre hace daño emocional y físico. El insulto es también violencia doméstica, por mucho que se lo quiera minimizar.