
- Crítica del film Ágora, gran película - Afiche pelicula Ágora
La historia que nos enseñaron en la escuela tiene un salto. Después de los griegos, los egipcios y el imperio romano, la edad media… mil años después. Y en el medio la nada, o quizá otros ítems, porque no hay nada más sencillo que enumerar: fenicios, vikingos, burguesía, leche, fósforos, galletitas y carne para el perro. Pero vivirlo tiene que haber sido bien diferente. Bienvenidos al período más oscuro de la humanidad; Alejandro Amenabar invita.
Alejandría clásica, sabia, pulcra, desigual
Ágora se centra en la filósofa Hipatia, hija de Teón, astrónoma en el puerto de Alejandría, centro cultural del mundo antiguo. Aún años después de que el imperio romano haya permitido la difusión del cristianismo, filósofos y matemáticos se juntan en torno a la famosa biblioteca para desarrollar y enseñar los conceptos de la ciencia. Hipatia estudia la nobleza de las formas geométricas y, mirada al cielo, cuestiona la estructura del cosmos.
Pero en su persecución del conocimiento matemático, los filósofos ignoran la realidad de carne y hueso que sobrevive paredes afuera: mendigos, pobres, desposeídos que se arrastran por las callejuelas paupérrimas y que creen encontrar, en la religión naciente, brisas de libertad aliadas a su esperanza de cambio. Los preceptos del cristianismo extienden sus dominios hasta los propios esclavos de los filósofos. Hipatia busca desentrañar los misterios de la lógica, pero no cuestiona la desigualdad entre las personas, ni siquiera la de sus propios alumnos, algunos esclavos, que ven con buenos ojos cualquier novedad.
Porque aquello de “a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar” ha terminado (o al menos eso piensan los esclavos, aunque la historia los hará esperar dos milenios más).
Amenabar reconstruye su versión de la historia
El director presenta su tesis sobre esos años olvidados de la historia ¿Cómo fue que de la ejecución de un mesías solitario, Jesús de Nazaret, el cristianismo se convirtió en el imperio absoluto que es mil años después? ¿Qué sucedió en el medio?
Ágora es una tesis sobre el vínculo entre sociedad y religión. Pero el mérito de Amenabar es el modo en que presenta su tesis. Lo hace a través de tres pequeñas historias, la de Hipatia; la del esclavo Davo, enamorado de Hipatia; la de Orestes, hijo de buena familia que asciende en rango en la Roma Imperial. Tres historias, una de vocación científica (¿Qué más intelectual que eso?), una de amor a una mujer (¿Qué mas universal que eso?), y una de ambición y poder (¿que más humano que eso?). Lo novelístico no tendrá la altura doctoral de una tesis académica, pero es más contundente en su exposición. Punto para Amenabar.
Ágora, una película histórica y actual a la vez
Amenabar no se queda en grises. Después de presentar el contexto, toma partido por los científicos, perseguidos por los cristianos que comienzan toda destrucción del saber. En la lucha de intereses políticos, el líder católico Cirilio comenzará sus acciones oscurantistas, ésas que atrasarán siglos y siglos a la humanidad. El fundamentalismo es horroroso, parece decir el director. Pero su reflexión analítica no le impide ver cómo se componen las condiciones necesarias para que pueda desarrollarse todo fundamentalismo: la indiferencia social, que permite que algunos confundan lo revolucionario con la fe.
Ágora deambula todo el tiempo entre lo religioso-científico y lo social. Y en el film, y con la misma lógica de la vida real en la que los humildes ponen los muertos y los poderosos sacan provecho desde las sombras, los esclavos sublevados son utilizados para fines que poco tienen que ver con sus necesidades. Así en Alejandría clásica como en Afganistan siglo XXI. ¿Será porque en medio de la tormenta cualquier faro es bien recibido? O será, simplemente, que a río revuelto, ganancia de pescadores.
Ágora es cine-entretenimiento, es cine-arte, es cine en estado puro
Alejandro Amenabar compone una superproducción épica, de esas que enloquecen a Hollywood. Y Ágora es la mejor demostración de que una superproducción no tiene que ser sinónimo de show vacío de pensamiento. Si la raíz de una obra está centrada en una inquietud intelectual, en una actitud crítica hacia lo estipulado, la producción posterior que la viste sirve para que miles de personas se sientan atraídas a esa idea, disimulada pero presente. Vaya si es importante el cine popular.
Hipatia mira hacia las estrellas y se dice que los dioses no pueden haber creado el universo en torno hacia una figura que no sea noble, el círculo. Pero cuántos universos entran en la pantalla rectangular del cine que nos hace viajar en el espacio. En el tiempo. Y nos hace pensar.
